Thursday, May 28, 2009

Messi, la magia en los pies


Argentino, zurdo, de baja estatura, habilidoso, el emblemático número 10 sobre la espalda. Elementos como los anteriores han dado pie a que en el ambiente futbolístico se compare a Lionel Andrés Messi, delantero del Barcelona y desde ayer actual campeón de Europa, con el astro Diego Armando Maradona. El propio Pelusa, incluso —según el weblog lionelmessi.org—, ha señalado: “Ya conozco al jugador que ocupará mi lugar”.
Para unos exagerada, para otros precisa, para algunos todavía prematura, la semejanza adquirió fuerza luego del gol que el joven atacante blaugrana marcó frente al Getafe en un partido de la Copa del Rey el 24 de abril de 2007. Durante aquel encuentro, Messi,
como lo hiciera Maradona contra Inglaterra en el Mundial de México 1986, recibió el balón atrás de media cancha, y desde ahí partió driblando rivales hasta eludir al guardameta y anotar para su equipo.
Como esa estampa, otras genialidades del jugador nacido en la provincia de Santa Fe el 24 de junio de 1987 han dado la vuelta al mundo. Una de ellas, dolorosa para la Selección Mexicana, ocurrió en la Copa América de 2007 celebrada en Venezuela, cuando el argentino
bombeó la pelota sobre el portero Oswaldo Sánchez para decretar el segundo de tres tantos que eliminaron al Tri.
Asimismo, otra acción suya contribuyó a que el Barcelona llegara a la final de la Liga de Campeones de Europa en la que ayer vencieron al Manchester United. El pasado 6 de mayo, en la semifinal contra otra escuadra inglesa, el Chelsea, ya sobre el tiempo de compensación, La Pulga controló el balón en el área y retrasó el esférico
para que Andrés Iniesta rematara de primera intención y con ese gol diera a su club el ansiado pase al juego por el trofeo de la Champions.
Integrante de los cuadros infantiles de Newell’s Old Boys y de distintas categorías del equipo catalán —con el que debutó en la primera división del circuito español en octubre de 2004, contando sólo 17 años de edad—, Lionel Messi estaba llamado a ser un protagonista en el encuentro frente a los Red Devils.
Así lo había hecho notar su compatriota, compañero en el seleccionado albiceleste y rival anoche en el Estadio Olímpico de Roma, Carlos Tévez: “El Barcelona es una cosa con Messi y otra sin él. Todos lo saben, los técnicos, los jugadores, los aficionados… Todos sabemos que Messi es una referencia”.
Otras opiniones también habían calentado el partido. Aunque el francés Thierry Henry o el ex técnico argentino Alfio Basile decían no querer cargar a La Pulga de presión, el defensa blaugrana Gerard Piqué se mostraba confiado y aseguraba que Leo sería “más determinante” que el portugués Cristiano Rolando, delantero del Manchester United, “porque él solo te puede crear una ocasión, un partido y una final”. Y Piqué acertó.
Ayer, en el minuto 70, cuando el marcador se encontraba 1-0 a favor de los catalanes, Messi, un futbolista de 1.69 metros de estatura, remató con la cabeza un centro de Xavi para imponer el 2-0 definitivo.
En cinco años de carrera ya ha conquistado con su selección un Mundial Sub-20 (2004-2005) y una medalla de oro en las Olimpiadas de Beijing 2008. Con el Barça, por su parte, ha ganado dos Supercopas de España (2005-2006 y 2006-2007), una Copa del Rey (2008-2009), tres torneos de Liga (2004-2005, 2005-2006 y 2008-2009) y, con la “orejona” de anoche, dos Ligas de Campeones (2005-2006 y 2008-2009).
“Messi es el jugador más desequilibrante del mundo. Es un duro rival, pero hay que estar contento de que salgan jugadores con su humildad”, ha expresado Raúl, ariete de los galácticos del Real Madrid. El aludido, por su parte —de acuerdo con la prensa española—, se limita a poner en palabras lo que su desempeño en la cancha torna evidente: “Adoro tener el balón en los pies”.
Estrella de uno de los clubes con mayor prestigio y presupuesto del orbe, heredero del legado de atletas históricos como Mario Alberto Kempes, Gabriel Batistuta y el citado Diego Armando Maradona, joven de apenas 21 años, un crack, considerado el mejor hombre en el campo, Lionel Messi cumplió con su cita en el Estadio Olímpico de Roma. Es, de nueva cuenta, campeón de Europa.

Nota: Este perfil, junto con uno de Cristiano Ronaldo escrito por Mario Andrés Landeros, aparece hoy en e-joven bajo el título "El duelo de la Champions". Mi estimado colega me cuenta que en su blog (linkeado a la derecha de sus pantallas) será posible encontrar la crónica de la peculiar apuesta de la que surgieron ambos textos.

Sunday, May 24, 2009

Acciones colectivas: un "avance" limitado [reportaje]

Mientras diputados consideran ya un logro que esta figura jurídica se incluya en la Constitución, organizaciones sociales advierten que el dictamen aprobado implica limitaciones e incluso un retroceso para los derechos ciudadanos


Asociaciones civiles promotoras de las acciones colectivas, figura jurídica conocida en países anglosajones como class action, alertan de que la iniciativa en la materia aprobada en la Cámara de Diputados el 23 de abril se aleja de la propuesta original, al grado de ser un retroceso en el derecho ciudadano de acceso a la justicia.
Daniel Gershenson, presidente de Alconsumidor, una de las impulsoras del primer documento, relata que éste fue presentado en el Congreso a inicios de 2008. Planteaba una reforma al artículo 17 constitucional a fin de instaurar este mecanismo, mediante el cual organizaciones o grupos de personas podrían unirse para demandar a instituciones públicas o privadas que cometieran fraudes o abusos contra una colectividad, como cobros indebidos en telefonía, televisión por cable, tarjetas crédito o energía eléctrica, viajes en avión no reembolsables, promociones engañosas o mercancías con defectos.
El objetivo era que los ciudadanos afectados por el consumo de algún producto o servicio pudieran exigir en conjunto la reparación del daño y, de esa forma, evitar que sigan ocurriendo arbitrariedades.
Sin embargo, el dictamen aprobado por unanimidad señala que los derechos colectivos “solamente podrán establecerse en materia de protección al consumidor, usuarios de servicios financieros y protección al ambiente”, y “podrán ser ejercidos por los órganos del Estado competentes, por sí o a petición de los interesados”. También estipula: “Los jueces federales conocerán de manera exclusiva sobre estos juicios”.
Así, únicamente tres dependencias estarían facultadas para promover acciones colectivas: la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).
Para Gershenson, tal limitación es preocupante puesto que las personas que recurrieran a este mecanismo se verían obligadas a actuar a través de instituciones que no se han caracterizado por sancionar abusos, y sólo podrían hacerlo en ciertos temas, mas no en otros como salud, educación o patrimonio cultural. La federalización del proceso, además, “no solamente es una reivindicación del statu quo sino que es un retroceso muy grave, porque cualquier esfuerzo estatal o municipal queda anulado”.

El camino de la iniciativa
En noviembre de 2007, explica Gershenson, luego de un seminario en el Instituto Tecnológico Autónomo de México, el senador Jesús Murillo Karam, del PRI, y el diputado Juan N. Guerra, del PRD, mostraron interés en promover las acciones colectivas. Desde entonces se buscó revisar la experiencia de países como Estados Unidos, Brasil, Colombia, Chile o Costa Rica.
A principios de 2008 la iniciativa llegó al Congreso. Documentos similares fueron presentados en sus respectivas cámaras por ambos legisladores, con el propósito de alcanzar una reforma constitucional y después leyes secundarias.
Gershenson enfatiza que con esto también se favorecería a los empresarios escrupulosos: “Los únicos que pueden oponerse son los que han hecho del abuso su estrategia de negocios”. Pero el texto, como se esperaba, encontró resistencia.
La cúpula del Consejo Coordinador Empresarial y una parte del gobierno federal, asegura, mostraron su rechazo a las acciones colectivas con el argumento de que darían pie a demandas exageradas que golpearían la economía. No obstante, revira, compañías con filiales en América Latina han enfrentado grupos de consumidores en otros países y saben que esta figura “no se traduce en un colapso para sus empresas”.
Juan N. Guerra confirma que empresarios de la banca y la telefonía, así como legisladores del PAN, expresaron su preocupación por que este instrumento se convirtiera en un negocio para los abogados, por lo que se decidió que el Estado mantuviera la tutela sobre los derechos colectivos. Así, hacia finales de 2008 la iniciativa original quedó atorada en el Senado, mientras un dictamen alterno avanzó en la Cámara Baja hasta su aprobación en abril.
Diputados del PRD refutan que lo avalado constituya un retroceso. “Las asociaciones tienen razón en cuanto a que no se aprobó lo que querían, pero en la Constitución no había nada, la figura no existía y ahora sí, cada paso es un avance”, afirma Raymundo Cárdenas. El propio Guerra señala: “Retroceso es que no tengamos derechos colectivos”. Asimismo, sostiene que el dictamen aprobado “es mejor que nada”, e invita a las organizaciones tanto a precisar qué aspectos consideran que son ignorados como a impulsarlos dentro del Poder Legislativo.

“A tiempo de reconsiderar”
Ahora que el documento ha pasado al Senado, más de 50 organizaciones civiles firman un manifiesto en el que exigen frenar “una iniciativa fast-track que atenta contra los derechos colectivos de los mexicanos”. Suscriben también personajes como Sergio Aguayo, Denise Dresser, Lorenzo Meyer, Carlos Monsiváis, Patricia Mercado, Raúl Trejo Delarbre y Roberto Rock.
Gershenson reconoce que las acciones colectivas “no son la panacea”, pero asegura que para que la gente recobre la confianza en sus instituciones hay que “invitarla a la mesa”. Añade: “México no puede seguir siendo el paraíso de los monopolios y de los oligopolios, empresas que se han cebado de millones de personas. Estamos a tiempo de reconsiderar”.
Por su parte, Francisco Valdés Ugalde, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, advierte que el documento aprobado en la Cámara de Diputados exhibe un acuerdo entre los tres principales partidos para que la vía de acceso a la justicia permanezca en poder de los órganos del Estado, lo cual deja a nuestra legislación retrasada respecto de otros países.
La mayor consecuencia de impedir el avance de las acciones colectivas, concluye, sería “detener el proceso de construcción de una democracia constitucional en la que todos podamos defender nuestros derechos”. Esto, dice, perpetuaría la “ciudadanía de segunda clase” a la que nos han condenado los partidos y sus líderes.

Nota: Una versión editada de este texto aparece hoy en la página A9 de la primera sección de El Universal. Actualización: Este material también se publica, completo, en el blog e-joven de este martes.

Friday, May 22, 2009

El habla y la utopía

Bien sé que llego tarde a las exequias con motivo de la muerte de Mario Benedetti. A estas alturas, numerosos actos se han efectuado para recordar al escritor tanto en su natal Uruguay como en el resto del mundo. También han sido publicadas notas, necrologías y opiniones sobre su vida y obra. Y, del mismo modo, decenas, cientos, tal vez miles de lectores han rendido —cada uno a su manera— algún homenaje al poeta y narrador.
Son estas últimas manifestaciones las que llaman mi atención. Cito algunos ejemplos —claro, sin revelar nombres— tomados de mis contactos en el Messenger.
El lunes por la tarde, un día después del fallecimiento del autor, una conocida apuntaba en su nick: “Gracias, Benedetti”. Otra escribía resignada: “Se nos fue”. Algunos reproducían sus versos: “Porque te tengo y no... porque tú siempre existes dondequiera”, “No sé cómo ni sé con qué pretexto”, así como el clásico “Mi táctica es quedarme en vos”. Aunque quizá la frase que más me conmovió fue la confesión de una de mis mejores amigas: “Con tus poemas me enamoraron”.
Ese solo botón de muestra me lleva a pensar en el impacto que alcanzó el trabajo del uruguayo durante la segunda mitad del siglo XX y todavía en los primeros años del XXI. En una época en la que incluso los poetas reconocen que se lee poca poesía, ¿qué hace que la lírica de una persona trascienda?
Para el caso del aclamado Benedetti (1920-2009), la periodista Yanet Aguilar Sosa aventura una respuesta: “Sabía que sus poemas eran sencillos y claros”. Asimismo, es probable que los temas del amor y la cotidianidad presentes en su obra sirvieran de puente, de elemento de identificación entre escritor y lector.
Algo ha encontrado la gente en las palabras del autor de Montevideanos y de Gracias por el fuego que la ha conducido a cargar sus libros, a recitar y dedicar sus versos, a evocarlo ahora que se ha ido. Y para no romper con esa línea, un servidor, que conoce apenas una parte de su vasto repertorio, comparte algunos fragmentos que le resultan significativos.
El primero, extraído de su novela La tregua (1960), encierra una bella descripción de la complicidad entre un hombre y una mujer. Martín, el protagonista, escribe acerca de Isabel, su difunta esposa: “(con ella) había una especie de comunión y, cuando hacíamos el amor, parecía que cada duro hueso mío se correspondía con un blando hueco de ella, que cada impulso mío se hallaba matemáticamente con su eco receptor. Tal para cual. Igual que cuando uno se acostumbra a bailar con la misma pareja. Al principio, a cada movimiento corresponde una réplica; después, la réplica corresponde a cada pensamiento. Uno solo es el que piensa, pero son los dos cuerpos los que hacen la figura”.
El segundo pertenece a su poema “Qué les queda a los jóvenes”. Reza la primera estrofa: “¿Qué les queda por probar a los jóvenes/ en este mundo de paciencia y asco?/ ¿Sólo grafitti? ¿Rock? ¿Escepticismo?/ También les queda no decir amén/ no dejar que les maten el amor/ recuperar el habla y la utopía/ ser jóvenes sin prisa y con memoria/ situarse en una historia que es la suya/ no convertirse en viejos prematuros”.
Recuperar el habla y la utopía, o sea, la comunicación entre seres humanos y el anhelo por lo imposible. Quizá esa idea refleje otras de las razones de la popularidad de Benedetti: su romanticismo, su congruencia, su oposición a las dictaduras, a la represión, su lucha por la libertad, por la justicia social. Valores que intentan dar esperanza en un mundo que con frecuencia parece irremediablemente caerse a pedazos. Valores que, a pesar de todo, invitan a perseguir el ideal de una realidad mejor.


Nota: Este texto aparece hoy en los Dardos de diasiete.com.

Friday, May 15, 2009

La educación que tenemos… ¿cuál queremos?

Me hubiera gustado escribir sobre el Día del Maestro en un tono estrictamente optimista. Reflexionar, digamos, en torno a la figura del mentor; ofrecer un pequeño homenaje a quienes me han dado clase; recordar a las mujeres y a los hombres que, con su persona y con su quehacer académico, me han enseñado mucho acerca de la vida.
Sin embargo, casi cualquier ánimo positivo se viene abajo tan sólo de echar una mirada el estado que guarda el Sistema Educativo Nacional, en particular en su nivel básico. El grado de deterioro físico de planteles públicos de primaria y secundaria, por ejemplo, parece una metáfora de la educación mexicana: descuidada, reparada únicamente en la superficie y, por lo tanto, condenada al atraso.
Las carencias en la infraestructura son las partes más visibles del problema. No obstante, a los pupitres sin paleta, los pizarrones inservibles, las bibliotecas rezagadas o los baños inutilizables hay que agregar la falta de una reforma consciente a los planes y programas de estudio, así como la revisión del papel de los profesores, una tarea de suyo complicada debido al poder político que, gracias a cuestionables alianzas, ha adquirido la cúpula del sindicato magisterial encabezado por Elba Esther Gordillo.
Acerca de los contenidos impartidos es pertinente rememorar las críticas que desde hace tiempo dirigen los pedagogos a los enfoques enciclopédico y memorístico. En el afán de querer enseñarlo todo vía dictados, transcripciones y repeticiones se pierde la posibilidad de profundizar, de hacer lúdico el conocimiento y, lo más importante, de motivar en los alumnos la acción, la curiosidad y el razonamiento.
En cuanto a los maestros, es injusto satanizar a todo el gremio en función de la escasa credibilidad de quien ha sido su lideresa durante 20 años. Todos hemos tenido contacto con mentores verdaderamente comprometidos con su vocación y con los estudiantes, y precisamente por ellos al igual que por los niños y jóvenes de quienes están a cargo, resulta indispensable acabar con prácticas corporativas como la venta de plazas o como premiar la lealtad sindical por encima del desempeño profesional.
También es imprescindible que tanto dirigentes magisteriales como políticos y gobernantes dejen de ver al ramo educativo como una moneda que puede cambiarse —como se hizo en 2006 y seguramente se hará en julio próximo— por favores, privilegios y apoyos electorales.
Uno de esos pactos, la Alianza por la Calidad de la Educación, cumple hoy un año. Ahora bien, pese a todo el oropel oficial, este acuerdo entre la SEP y el SNTE reúne numerosos elementos como para convertirse en un proyecto fracasado.
Entre otros, el experto Olac Fuentes Molinar destaca: “La ACE fue lanzada sin un argumento articulador. De ahí su apariencia miscelánea”, en la que se incluye “lo que no tiene fundamentos, como suponer que la tecnología por sí misma puede mejorar el aprendizaje al margen de una pedagogía renovada (…); lo riesgoso, como anunciar reformas curriculares sin definir sus rasgos centrales; y lo dañino, como etiquetar a alumnos, escuelas y maestros con un examen único, anticuado y en buena parte banal”.
Así las cosas, es evidente la urgencia de atender los problemas de la educación mexicana. Y esto va mucho más allá de dejar de salir reprobados en pruebas propias como las de Enlace o internacionales como las de PISA.
Apunta, aunque pueda sonar cursi, a darle su merecido peso como derecho constitucional e, igualmente, al país que queremos ser. No sólo porque para afrontar los retos económicos, laborales, académicos y de salud globales requerimos una población cada vez mejor preparada, sino porque las aulas deben ser el primer frente para formar ciudadanos, mujeres y hombres reflexivos, activos y dispuestos a colaborar libremente en pro del interés general. En verdad espero que sepamos asumir ese reto.

Nota: Este texto aparece hoy en los Dardos de diasiete.com. Y porque no está de sobra, mis felicitaciones, en especial, para quienes me han acompañado en la docencia, como la profesora Toibe Shoijet, el maestro Luis Carrasco y mis colegas Lizbeth Hernández, Paola Wong, Mario Andrés Landeros y Jesús Serrano. Del mismo modo, agradezco en serio a las generaciones de alumnos de la FCPyS de la UNAM que me han ayudado a crecer.

Tuesday, May 12, 2009

Gobierno debe aumentar gasto público ante crisis: investigador

El Ejecutivo es la única instancia que de momento puede incentivar el consumo y el crecimiento; sin embargo, es poco probable que lo haga dado su objetivo de mantener bajo déficit fiscal


Autoridades apuestan a la recuperación de Estados Unidos, pero deberían hacerlo al mercado interno en busca de la autosuficiencia del país


Ante la recesión que enfrenta México —reconocida oficialmente el pasado jueves 7 de mayo—, el gobierno federal debe aumentar el gasto público con la finalidad de estimular la economía, consideró Moritz Cruz, académico del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.
Dadas las condiciones de la crisis actual, explicó, el Ejecutivo es la única instancia que puede incentivar el consumo y con ello el crecimiento, y para hacerlo necesita recurrir a deuda pública y gastar. Sin embargo, estimó poco probable que las autoridades tomen esta medida, pues “están metidas en su camisa de fuerza” de querer mantener un bajo déficit fiscal.
En ese sentido, Cruz señaló que los apoyos anunciados por el gobierno federal a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público —como
la reducción de impuestos, los descuentos en las cuotas patronales al IMSS y los programas de financiamiento a las empresas por 14 mil millones de pesos— “son bienvenidos pero insuficientes”.
A su juicio, estas acciones no bastan para impulsar la economía porque desde finales de 2008 ya se experimentaba “una tendencia marcadamente a la baja en la demanda agregada”. Ese colapso del consumo, además, se ha visto recrudecido por el impacto de la contingencia sanitaria puesta en marcha en todo el país para prevenir el contagio de la influenza humana.
Por ello, concluyó, la ayuda oficial únicamente servirá a las empresas para saldar sus deudas, mas no para revertir el atraso que ya traían en sus niveles de venta. De acuerdo con el investigador, la reacción gubernamental evidencia “la incapacidad de las autoridades para afrontar la situación que se vive”, en la que la República Mexicana podría llegar a decrecer hasta 6% o 7% en 2009.
Este lunes, asociaciones de la industria automotriz reportaron
un derrumbe de 35% en las ventas de automóviles durante el mes de abril, mientras el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que la Inversión Fija Bruta descendió en febrero 12.1% en comparación al año anterior.
Respecto del pronóstico del secretario de Hacienda, Agustín Carstens, de que el país comenzará a reponerse en 2010, Cruz comentó que dicha proyección podría cumplirse “si y sólo si la economía de Estados Unidos y con ello la economía mundial se recuperan”. En su opinión, el Ejecutivo apuesta a esa posibilidad, pero tal estrategia exhibe, por un lado, que México carece de un mercado interno sólido que le permita crecer, y por el otro, la vulnerabilidad que representa la dependencia del exterior.
Expuso que naciones como Alemania o Japón ahora padecen la caída en sus exportaciones, en tanto que China, pese a observar una contracción similar, ha logrado conservar altas tasas de crecimiento gracias a la fortaleza de su mercado doméstico. Por ende, México no sólo debe dinamizar el comercio fuera de sus fronteras sino, sobre todo, buscar la autosuficiencia interna.
La crisis actual, advirtió, no será tan profunda como la de 1995 pero “va a durar mucho más”. Recordó que la debacle de la década de los 90 se debió al colapso del sistema financiero mexicano y pudo superarse por el empuje de la economía estadounidense. Ahora, en cambio, el problema es global, no se sabe cuánto durará ni hay certeza acerca de si serán eficaces las acciones instrumentadas por la Unión Americana para afrontarlo.
México, resumió Cruz, encara el peor de los escenarios posibles con disminución del Producto Interno Bruto (PIB), una tasa de desempleo que puede llegar a 6% o 7%, y bajas en las remesas, en el turismo y en la Inversión Extranjera Directa (IED), elementos que ponen de manifiesto deficiencias estructurales de la economía nacional.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Sunday, May 10, 2009

A las mamás

Pienso, como muchas otras personas, que el Día de las Madres es utilizado por empresas, comercios y medios de comunicación para elevar el consumo explotando el amor o el remordimiento de conciencia de los hijos. Coincido también en que no deberíamos limitar a una sola fecha nuestra oportunidad para reconocer el valor de la maternidad y a quienes le hacen honor.
Creo, por otra parte, que la festividad en sí misma no es el problema, sino la forma en la que la vivimos, más preocupados porque la cantidad de dinero desembolsada en un regalo o en una comida compensen nuestras desatenciones o fallas, en vez de ocupados en agradecer con sinceridad y con hechos lo que hemos recibido de nuestras mamás: vida, cariño, enseñanzas, regaños, alegrías.
Muy significativo resulta que incluso la fundadora de esta celebración en su versión moderna, la estadounidense Anna Jarvis (1864-1948), advirtiera de su excesiva comercialización.
De acuerdo con el apartado “Women’s history” del sitio About.com, Jarvis, que en 1914 logró que esta fiesta fuera considerada oficial en toda la Unión Americana y quien nunca tuvo sus propios hijos, llegó a declarar: “Yo quería que fuera un día de sentimiento, no de ganancia”. Se oponía igualmente a las tarjetas de felicitación pues, sostenía, “no significan otra cosa sino que eres muy flojo como para escribirle a la mujer que ha hecho por ti más que nadie en el mundo”.
Tal como ocurre con otras fechas, a lo largo de décadas se han impuesto las reglas del mercantilismo y las de la tradición vacua, es decir, aquellas que dictan que ciertas acciones deben realizarse, que debe imperar determinada actitud o que algunos colores deben inundar las calles sin mayor motivo que el de cumplir con el calendario.
No obstante, lejos de resignarme a que el 10 de mayo sea de esa manera o de pretender arruinar el genuino ánimo festivo de quienes lo tengan, veo el momento para promover la revalorización no sólo de esta festividad sino, sobre todo, de la maternidad y de quienes la ejercen.
En pleno siglo XXI, a pesar de avances jurídicos y de la realidad misma, prevalecen numerosos estereotipos culturales alimentados por el machismo y por la misoginia. Uno de ellos es la creencia de que aquella mujer que por circunstancia o por convicción decide no ser madre importa menos que aquella que sí lo es. Otro, estrechamente ligado con el anterior, radica en la idea de que la maternidad equivale a una suerte imposición o destino, cuando es o debería ser una elección libre y apoyada socialmente. Y uno más reside en la suposición de que “las señoras” deben dedicarse abnegada y exclusivamente al hogar y al cuidado de los hijos, cuando a diario nos topamos con historias de mujeres que, por aspiraciones profesionales o por necesidad económica, trabajan fuera de casa esforzándose al mismo tiempo para desempeñar su rol materno.
El Consejo Nacional de Población (Conapo), por ejemplo, registra que entre 1992 y 2005 el porcentaje de viviendas en las que la aportación monetaria femenina es la única aumentó en 30%. Asimismo, datos del INEGI reportan que, de casi 25 millones de hogares en el país, 5 millones 717 mil 659 son dirigidos por una mujer.
A partir de esas cifras, de nuestras experiencias personales como hijas e hijos o de los casos que habremos observado de quienes dignifican la maternidad como una labor de protección y de guía, pues, se revela que justo es reconocer la relevancia social de las madres mexicanas. Buena ocasión para hacerlo tenemos hoy con aquellas que nos son más cercanas, aunque, insisto, la gratitud no debe reducirse a este día ni a la entrega de obsequios, sino que debe apuntar a la construcción de verdaderos lazos de fraternidad, de respeto, de colaboración.
Para finalizar, a las mamás, con sinceridad, muchas felicidades.

Nota: Este texto, con un par de pequeños cambios en la redacción, aparece hoy en los Dardos de diasiete.com.

Thursday, May 07, 2009

La tan ansiada normalidad

Fueron 13 los días que México vivió en alerta debido al brote de un nuevo virus de la influenza. Entre el viernes 24 de abril y este miércoles 6 de mayo, el país entero suspendió o modificó sus actividades ante el temor de que una epidemia letal por A (H1N1) pudiera propagarse. Primero se detuvieron las clases en todos los niveles educativos; luego los actos públicos; por último, las tareas gubernamentales “no indispensables” y numerosas labores tanto industriales como de servicios.
La República se presentó frente a los ojos del planeta como el posible foco de una desconocida e implacable enfermedad. Apareció como uno de los temas principales en los portales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de los diarios El País y The New York Times. Provocó evocaciones de la llamada gripe española de 1918-1919 lo mismo que de los casos recientes del Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS) y de la gripe aviar en Asia. También, por presunta negligencia, despertó desconfianza de parte de los gobiernos de Francia, China, Cuba, Argentina.
Y en nuestro territorio, al ras de la gente, la nación fue escenario de variedad de fenómenos: desde el pánico y la paranoia de quienes veían en la influenza un signo del apocalipsis, hasta la incredulidad de quienes consideraban toda la situación una “cortina de humo” de la administración de Felipe Calderón para encubrir o justificar acciones contrarias al interés popular (intervenciones militares de Estados Unidos, préstamos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, despidos).
Igualmente, hubo otros que, sin apreciar el fin de la humanidad ni un montaje oficial, se quedaron en la incertidumbre y anonadados por el exceso de información, así como algunos más que, en cambio, sólo se resignaron a ver momentáneamente trastocados sus hábitos: saludar con afecto a los demás, salir a la calle, ir a comer, al cine, al estadio, al bar.
Durante los días pasados la vida pública y privada resultó alterada. En mayor o menor medida, la influenza nos despojó de aquello que genéricamente denominamos “normalidad”, es decir, del conjunto de condiciones en el que llevamos a cabo nuestras actividades cotidianas sin sorpresas desagradables.
Por casi dos semanas, pues, aguardamos el retorno de cierto orden, el suficiente como para pensarnos fuera de riesgo epidemiológico y capaces de afrontar nuestros ya titánicos retos sin más dificultades, para poder regresar a clases o al trabajo, para acudir sin reservas a sitios concurridos o, simplemente, para olvidarnos con tranquilidad del uso del tapabocas. Pero en esa espera, asimismo, recordamos dolorosas inercias, situaciones que son reflejo del deterioro nacional y que, a fuerza de permanecer a través de los años, llegan a disfrazarse de “normales”.
Así sucede, por ejemplo, con la impotencia de nuestro sistema de salud para otorgar cobertura médica oportuna a toda la población o con las limitaciones de nuestro aparato científico-tecnológico producto de décadas de escasa inversión. Y así también con la desconfianza de los mexicanos hacia autoridades e instituciones, una actitud constructiva cuando se traduce en cuestionamientos, críticas y propuestas a la gestión del Estado, pero preocupante por cuanto se deriva de años de malas administraciones y del nulo interés de los políticos por la ciudadanía.
Por eso, ahora que poco a poco empiezan a reactivarse las actividades, debemos primero evaluar todo este episodio y asumir las lecciones que de él se desprenden.
Quedan numerosas interrogantes: ¿actuaron a tiempo los gobiernos federal y locales? ¿Tuvieron indicios para haber reaccionado antes? ¿Era el virus tan mortífero como para tal emergencia o ésta se sobredimensionó? ¿Por qué han muerto al menos 42 personas aquí, sólo dos en Estados Unidos y ninguna en el resto del mundo? ¿Habremos aprendido qué requerimos como país para saber enfrentar alertas sanitarias? ¿Seremos tan maduros para no bajar los brazos ante un hipotético nuevo brote, como ha instado la OMS? ¿Cómo haremos para recuperarnos del golpe económico interno y externo? ¿Cumplimos los medios con el servicio informativo u optamos por el amarillismo?
En segundo término, aun con el gusto de retomar nuestras labores cotidianas, valdría la pena que nos preguntáramos a qué estado de cosas queremos arribar.
A la luz de las lecciones de esta coyuntura y de las inercias que venimos arrastrando, cabría reparar en el absurdo de salir de un periodo en el que convergieron algunas de las más dramáticas adversidades —crisis, narcotráfico, una epidemia e incluso un temblor— para seguir en las mismas y postergando las soluciones de fondo a nuestros problemas: una economía que no genera empleos y que agrava la desigualdad, sistemas educativos y de salud atrasados, conocimiento científico desperdiciado, una clase política insensible y una ciudadanía inactiva. Así, según veo, lo peor que podríamos hacer sería regresar a la normalidad que veníamos viviendo.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Tuesday, May 05, 2009

Organizaciones civiles denuncian “embestida conservadora” contra derechos de las mujeres

Alianza entre la jerarquía de la Iglesia, el PAN y el PRI impulsa en los estados leyes que restringen las libertades en materia sexual y reproductiva; agrupaciones buscan medios para impugar esas disposiciones pues, argumentan, violan el artículo cuarto constitucional


Una “embestida conservadora” a nivel nacional pretende imponer una moral religiosa en las políticas públicas relativas a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, advirtió Aidé García, integrante de la organización Católicas por el Derecho a Decidir.
Ese movimiento, expuso, se conforma por la jerarquía de la Iglesia así como por miembros de los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI).
A partir de abril de 2007, cuando se despenalizó la interrupción del embarazo en el Distrito Federal, y de agosto de 2008, cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló las reformas aprobadas en la capital del país y determinó que la Constitución no protege la vida desde el momento de la concepción, sino que corresponde a los congresos de cada entidad federativa legislar en la materia, esta alianza inició una campaña para impulsar legislaciones locales contra el aborto.
Durante los últimos dos años, 10 estados han dado luz verde a leyes antiabortistas: Baja California, Sonora, Durango, Nayarit, Jalisco, Colima, Morelos, Puebla, Campeche y Quintana Roo. A ellos se suma Chihuahua, que desde 1994 cuenta con un marco jurídico en el mismo sentido.
De acuerdo con García, la intervención del conservadurismo no sólo busca prohibir la interrupción del embarazo, sino también restringir otros aspectos de la salud sexual y reproductiva como el acceso a la anticoncepción de emergencia, la promoción del uso del uso del condón y la educación. Estas medidas, señaló, tienen la finalidad de “controlar las decisiones y los cuerpos de las mujeres”, obligándolas a ser madres aun contra su voluntad, y representan un riesgo para la laicidad del Estado.
Explicó que para hacer frente a esa embestida agrupaciones como
Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), Equidad de Género y Católicas por el Derecho a Decidir realizan análisis jurídicos con el propósito de impugnar las legislaciones antiabortistas locales. Uno de sus argumentos es que tales ordenamientos violan el artículo cuarto constitucional, según el cual: “Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos”.
No obstante, García reconoció que en este caso existe dificultad para promover acciones de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte.
A nivel federal, este procedimiento puede ser puesto en marcha por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y por la Procuraduría General de la República (PGR), pero ambas instituciones se han manifestado a favor de proteger la vida desde la concepción e incluso buscaron —sin conseguirlo— detener la despenalización del aborto en el Distrito Federal.
Por otro lado, dentro de las entidades federativas ese recurso puede ser promovido por los congresos y por las comisiones locales de derechos humanos. Sin embargo, abundó, mientras que los primeros fueron justo los que aprobaron esas leyes antiabortistas, las segundas, alineadas con gobernadores y legisladores, también defienden una visión conservadora y niegan que tales legislaciones violen las garantías de las mujeres.
En lo inmediato, señaló García, las agrupaciones progresistas planean llevar a cabo acciones públicas para difundir el carácter laico del Estado. Asimismo, contemplan acudir a instancias internacionales, como la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) de la Organización de las Naciones Unidas, con el propósito de respaldar su causa.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Saturday, May 02, 2009

Los “voceros” de Dios

“Hermanos, hoy les vengo a hablar de la palabra de Dios”, exclamó, tras levantarse de su asiento, la mujer que viajaba hasta el frente del microbús. Su llamado sólo logró captar la atención de los pasajeros por un instante; aunque la mayoría guardó silencio, optó también por simplemente ignorar el mensaje o, de plano, por hacer un esfuerzo a fin de contener su incomodidad con el evangelio no solicitado.
De complexión delgada y tez blanca, vestida de gris, el cabello negro cuidadosamente recogido, la señora afirmó que la sociedad está corrompida. Dijo después que Jesucristo pagó con su vida por los pecados de la humanidad, a pesar de que ésta siempre olvida ese sacrificio.
Por último, y en este punto alzó el dedo inquisidor, advirtió que “la soberbia” es la que mantiene alejada a la gente de Dios y que por eso ella, que ya había recibido la enseñanza, acudía a los pecadores para conducirlos al buen camino.
Más allá de que el creyente que catequiza frente a una multitud, cara a cara o de puerta en puerta ejerce la libertad de religión consagrada en el artículo 24 de la Constitución, me resulta cuando menos cuestionable la presunta superioridad moral de la que se revisten muchos de estos predicadores.
Sean practicantes católicos, cristianos o testigos de Jehová, en los discursos que pronuncian en público o en privado —frecuentemente contra la voluntad de quien escucha— se percibe no poca prepotencia y como mínimo una contradicción: acusan de soberbios a los otros pero, a la vez, se asumen lo suficientemente ejemplares como para conocer la verdad universal y, además, poder transmitirla al mundo. Se ven a sí mismos como depositarios y únicos traductores autorizados de una revelación; se ostentan, en resumen, como voceros de la divinidad.
Atrapados en su propia devoción, estos hombres y mujeres pasan por alto que en el país existen, según datos de la Secretaría de Gobernación, 7 mil 74 asociaciones religiosas. Al soslayar ese hecho no sólo omiten que México es una República diversa sino que, en automático, descalifican la fe o el ateísmo de otros así como la libertad esencial de creer o no creer.
Porque quizá nos ahorraríamos muchas incomodidades, discusiones innecesarias e incluso confrontaciones si todos de veras entendiéramos que la decisión de profesar un credo o no es absolutamente personal, que pertenece al ámbito de lo privado, y que por tanto cualquier intento de imponer un dogma a otro representa una transgresión de su individualidad.
Y dicho esto valga una precisión: aquellos insistentes predicadores con quienes nos topamos en la calle o que llegan hasta nuestras casas constituyen acaso el tipo más inofensivo de estos portavoces de Dios.
El más peligroso, por el contrario, actúa con sigilo pero goza de mayor poder. Es aquel que se mueve entre gobiernos, congresos e instituciones judiciales; es aquel compuesto por el alto clero, políticos y dirigentes de organizaciones civiles; es aquel que busca diseñar políticas públicas desde su cosmovisión y de su moral particulares; es aquel que quiso prohibir el beso en Guanajuato, que únicamente considera “aceptable” a la familia tradicional y que, al llevar a las leyes su oposición al aborto —como ya lo ha conseguido en 11 entidades del país—, niega a las mujeres el derecho a decidir sobre su propio cuerpo.
Esa variedad de voceros celestiales es la que esgrime argumentos oscurantistas y la que constantemente amenaza al Estado laico al igual que a las libertades que de él se derivan. Es, pues, la misma a la que no podemos dejar definir nuestras vidas a partir de sus creencias.

Nota: Este texto aparece hoy en los Dardos de diasiete.com. En El Universal, María Teresa Priego se refiere a otra arista del mismo tema.

Tuesday, April 28, 2009

Influenza: primer recuento

Todo comenzó el jueves en la noche. El secretario de Salud federal, José Ángel Córdova Villalobos, anunciaba que, ante el riesgo de una epidemia de influenza, las clases se suspenderían en las instituciones educativas públicas y privadas, de todos los niveles, en el DF, en el estado de México y en San Luis Potosí.
Reconocía 20 muertes en las primeras tres semanas de abril y comunicaba las recomendaciones generales para evitar el contagio: alejarse de personas con infecciones en vías respiratorias, ingerir líquidos y alimentos ricos en vitaminas A y C, lavarse constantemente las manos con agua y jabón, portar tapabocas, no saludar de beso o de mano, no compartir alimentos, mantener los inmuebles ventilados, acudir al médico en caso de presentar síntomas —fiebre mayor a 39 grados, dolor muscular, flujo nasal, tos—, no automedicarse.
Para el día siguiente, viernes, se informaba que se trataba de una variedad desconocida de influenza porcina para la que las vacunas con las que se contaba resultaban ineficaces. Por el contrario, los antivirales, reiteraba el gobierno, sí podían detener la enfermedad. La cifra de defunciones aumentaba a 68, aunque, se decía, de ellas solamente 20 correspondían al mal detectado.
Las autoridades decidían aumentar las medidas precautorias: a fin de impedir concentraciones de gente,
553 actos públicos programados para el fin de semana en el valle de México serían suspendidos y al menos tres partidos de futbol se jugarían a puerta cerrada. En las farmacias se agotaban los tapabocas y el gel antibacterial. Entre la población, el miedo, todavía combinado con escepticismo e incluso con cierta tranquilidad, comenzaba a circular.
Ya para el sábado se hacía evidente que las precauciones serían mayores. En contraste, el avance oficial en contener el virus parecía poco claro.
Por un lado se avisaba que
el regreso a clases se pospondría hasta el miércoles 6 de mayo; las misas del domingo no se celebrarían. Por el otro, el secretario de Salud confirmaba 81 decesos pero seguía admitiendo únicamente 20 provocados por la influenza. Había, además, mil 324 pacientes en estudio y 11 casos en Estados Unidos, ninguno de ellos fatal.
El domingo, en un mensaje en cadena nacional, el presidente Felipe Calderón decía que México vivía una situación de emergencia, y aunque aceptaba la seriedad de la enfermedad, aseguraba que ésta es curable y que se disponía de los medicamentos suficientes para encararla. Mientras tanto, el jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, señalaba
la posibilidad de detener toda actividad económica en el DF.
Ayer, por último, como si se tratase de una broma cruel, el día comenzó mal para la ciudad: tembló. El sismo de 5.7 grados, ocurrido alrededor de las 11:30 am, llegó para subir la tensión. No pocos empezaron a bromear con los signos de los tiempos. “¡Es el apocalipsis!”, exclamaba un cibernauta. “Es un mal año para México”, estimaba otra. “Crisis, inseguridad, influenza y ahora tiembla, ¿qué falta?”, se preguntaba uno más.
La
Organización Mundial de la Salud (OMS) elevaba de 3 a 4, en una escala de 6, el nivel de alerta epidemiológica para México. Informaba también de casos confirmados y sospechosos en otros países: Canadá, Brasil, España, Reino Unido, Francia, Australia... Reconocía no poder detener la expansión del virus sino prepararse para mitigar sus efectos.
En cuanto a la República, se establecía paro nacional de clases, se optaba por continuar con las actividades económicas en la capital y se daba a conocer la cifra oficial: mil 995 casos, 149 muertos, 776 hospitalizados y mil 70 dados de alta.
Inédito, preocupante e incluso aún un tanto inverosímil, este episodio aparentemente está lejos de terminar. Por ello, pese a que son por completo válidos y necesarios los cuestionamientos y las críticas a la respuesta gubernamental, coincido con lo que hoy escribe José Cárdenas: “Ante la emergencia tenemos que conducirnos como una nación civilizada, madura y responsable. Cooperar y cumplir las medidas ordenadas por las autoridades. Hay que tomarnos en serio. Mucha falta le hace al país ‘jalar parejo’ en estos tiempos”.
Desconozco cómo habremos de recordar en el futuro este “periodo de la influenza”, pero estoy convencido de que eso dependerá en buena medida de la forma en que gobierno y ciudadanos lo enfrentemos ahora. A los dirigentes corresponde informarnos con veracidad así como proceder con inteligencia y prontitud. A nosotros, mantenernos pendientes, no propagar el miedo y actuar con conocimiento de causa en aras de un concepto que desde hace mucho tenemos muy olvidado: el bienestar común.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Thursday, April 23, 2009

Una anécdota de microbús

El tipo, desde el principio, me pareció todo un fantoche. Sentado al fondo del microbús, justo a la mitad del asiento, con la pierna cruzada y obstaculizando el paso a otros, su pose me hizo pensar en aquellos personajes que se creen superiores a todos los seres humanos por tener un buen trabajo, percibir un alto sueldo y contar con una agenda retacada de reuniones y fiestas.
De treinta y tantos años, semifornido, de cabello castaño claro engominado y peinado hacia atrás, y vestido con un traje verde oscuro, el hombre hablaba por su teléfono celular. Al poco tiempo, su conversación empezó a confirmar mis prejuicios.
Los cinco o seis pasajeros en el vehículo podíamos escuchar su voz. Hacía planes:
—Sí, güey. No traigo mi Blackberry, pero échame un fon o mándame un pinche mail.
Mencionaba también que en los días siguientes habrían de recoger a un amigo a quien llevarían “al Men’s Club”, a un lugar donde el visitante pudiera “tocar cola” porque la última ocasión “se quedó picado”.
Terminó esa llamada, colgó e inició otra del mismo tono pedante que, para mi fortuna, duró muy poco. Agradecí la brevedad: de noche, después de la jornada laboral, mi espíritu neurótico tiende a crecer.
Por fin algo de silencio, imaginé. Unas calles adelante, sin embargo, cuando al microbús ya había subido más gente, la paz se quebró.
—Perdón, ¿no? Si pisas se dice perdón —se quejó el del celular.
El destinatario de sus reclamos era un hombre parado cerca de la puerta, frente al asiento de atrás. Como incrédulo, el increpado volteó a ver al quejoso sin responder nada.
—Por educación, si pisas a alguien le dices perdón, ¿no? —insistió, subiendo el volumen, aquel que continuaba sentado a sus anchas con la pierna cruzada y estorbando el paso.
El aludido, de unos cuarenta años, más delgado y de menor estatura que su interlocutor, seguía sin dar crédito al descontento y quizá todavía menos a la actitud de quien lo expresaba. Ante una nueva recriminación, reaccionó en voz baja, con algo de timidez, aunque haciendo notar lo obvio:
—Pues tú no extiendas las piernas —dijo, al momento en que la atención de los pasajeros ya se centraba en la pequeña escena.
La “víctima del pisotón”, entonces, saltó de su lugar y encaró al que, a su juicio, osaba ofenderlo:
—Bueno, ¿cuál es tu pedo, cabrón?
El supuesto agresor, otra vez, se quedó callado. No opuso una de esas miradas firmes que se observan en los héroes de las películas y que son capaces de detener tormentas. Más bien, algo confundido, sólo guardó silencio. Ignoró al fanfarrón que, al no encontrar un eco a sus impulsos, desistió y regresó a su sitio.
Con ello, igualmente, cierta calma retornó al vehículo, esa atmósfera tensa de cuando se acaba de presenciar un conato de bronca que no alcanza a estallar. El del celular, el del traje, el que planeaba ir al Men’s Club, ya no emitió palabra en el resto del trayecto hasta que llegó a su destino. Y, como él, los demás viajeros también permanecieron tranquilos, al grado de que incluso daban la impresión de tener miedo de volver a alterar al pisado.
Mientras tanto, numerosas preguntas se agolpaban en mi cabeza: ¿en qué instante y por qué dejamos que el dinero, o cualquier otro aspecto material, se convirtiera en el parámetro para medir el “valor” de una persona y, por consiguiente, para compararnos y convencernos de que merecemos más respeto que otros? ¿Cómo es que exigimos algo que no estamos dispuestos a dar, como un mínimo de educación cívica? ¿Por qué si vemos absurdos e injusticias frente a nosotros no las denunciamos ni actuamos para impedirlas?
¿Por qué en ese microbús aquella noche ninguno de los testigos puso freno al altanero? Y más aún, ¿por qué yo no hice nada?

Nota: Con este texto debuto en el portal de la revista Día Siete. Espero que sea la primera de muchas y valiosas participaciones en la sección Dardos. Todas sus críticas, por supuesto, serán bienvenidas.

Tuesday, April 21, 2009

¿Usted qué hará con su voto?

“Todos los partidos son iguales, no hay a quién irle”, “Yo ando muy apático”, “Después de lo que pasó en 2006, yo voy a anular mi voto”, “¿Para qué ir a votar? ¿De qué sirve?”… Palabras más, palabras menos, esas son tan sólo algunas de las razones que he escuchado para no participar en las próximas elecciones del 5 de julio.
Es posible argumentar que esas opiniones no explican la complejidad de las deficiencias de nuestra democracia o, simplemente, se puede no estar de acuerdo con ellas. Sin embargo, lo que esas frases expresan con claridad es el creciente y por lo general justificado descontento de los mexicanos para con el sistema electoral, para con los políticos y para con el régimen democrático.
Datos de la propia Secretaría de Gobernación confirman ese estado de ánimo. El 66% de los participantes en la cuarta Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas declaró no creer en comicios limpios, mientras que 52% dijo estar insatisfecho con la democracia.
Así, intentar responder interrogantes fundamentales como por qué no funciona nuestro régimen político o por qué las libertades democráticas no se han visto acompañadas por igualdad de oportunidades económicas y de desarrollo para la población merecería tratamiento aparte. Por ende, mi intención en este texto es centrarme solamente en cómo los mexicanos encararemos la jornada del 5 de julio, a partir de la cual se renovarán la Cámara de Diputados, seis gubernaturas, la Asamblea Legislativa del DF y las 16 jefaturas delegacionales de la capital.
A grandes rasgos se plantean tres opciones: a) votar, consciente o inconscientemente, por los candidatos de un solo partido o de manera diferenciada; b) abstenerse, sea por indiferencia o como manifestación de protesta; y c) anular el sufragio como otra muestra de inconformidad.
Como apuntaba desde el principio, las dos últimas alternativas cobran cada vez más fuerza. Frente a esa realidad, asimismo, surgen otras preguntas como qué es lo que nos dice la abstención de nuestra sociedad o si el voto nulo tiene o no alguna utilidad.
El
suplemento Ideas del sábado pasado sirvió de arena para ese debate. En primer lugar, el politólogo César Cansino sostuvo que el abstencionismo, contrario a lo que suele pensarse, no necesariamente es signo de escasa cultura democrática, sino que habla de que la gente es capaz de discernir si tiene sentido o no acudir a la urna. Además, señaló que para estas intermedias —que tradicionalmente convocan menos participación que unas presidenciales— se espera un índice de abstención de 62% del padrón.
Respecto del voto nulo se dio una confrontación interesante. Por un lado,
Onésimo Flores afirmó que esta acción únicamente equivale a una expresión de descontento que no asume mayor compromiso con la vida pública y, por lo tanto, es como entregar un cheque en blanco a los políticos. Para él, en la medida en que quien anula la boleta no elige entre ninguno de los candidatos, no está en facultad de exigirles cuentas después.
En el otro extremo,
Andrés Lajous defendió el derecho al sufragio nulo al asegurar que se trata de una toma de postura, a saber: “Creo en la democracia y en las elecciones, pero no creo en ninguno de los que hoy quieren ser nuestros representantes”. A su juicio, aquel que no está convencido con la oferta político-electoral no está obligado a pronunciarse a favor del “menos peor”, sino que puede externar esa insatisfacción tachando la papeleta.
Polémica sin duda, la discusión invita a reflexionar por qué camino transitaremos durante la jornada comicial. En lo personal, considero que tanto abstenerse de votar como anular la boleta constituyen vías legítimas de manifestar nuestro descontento siempre y cuando cumplan con dos condiciones: primero, ser actos conscientes, pensados, no reacciones viscerales ni producto de la imitación, y segundo, ser sólo un componente de una actitud cívica más amplia, responsable, crítica y proactiva.
A mi entender, no importa cuán simbólicos resulten una baja participación o un alto porcentaje de votos nulos si los ciudadanos nos conformamos con protestar de esa forma y, una vez concluido el periodo electoral, dejamos de demandar a los gobernantes y a los representantes gestiones eficaces o, más aún, si no proponemos ni colaboramos en la mejora de la vida pública. Los políticos deberán atender el mensaje que dejen los comicios de julio. Nosotros también.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Tuesday, April 14, 2009

La responsabilidad en el olvido

Movimientos recientes a la cabeza de algunas instituciones públicas confirman una penosa costumbre de la política mexicana: el uso del cargo sólo como una plataforma para un proyecto personal, o bien para fortalecer intereses partidistas o de grupo, pero siempre haciendo a un lado las responsabilidades por atender.
La práctica no es exclusiva de un nivel del gobierno; se da tanto en el federal como en estatal y en el local. Tampoco distingue colores; la reproducen el PAN, el PRI y el PRD, y en los partidos minoritarios no hay muchos visos de un actuar diferente.
Primer botón de muestra: hace algunas semanas, en el DF, la panista Gabriela Cuevas dejó la jefatura delegacional en Miguel Hidalgo en busca de una curul en la siguiente Cámara de Diputados. Militante de Acción Nacional desde los 15 años, durante su gestión fue crítica constante de las obras emprendidas por la administración del perredista Marcelo Ebrard, aunque ella misma, aun después de renunciar al puesto, ha enfrentado duros señalamientos de vecinos de esa demarcación debido a la construcción todavía no concluida de ejes viales y pasos a desnivel.
El segundo ejemplo, curiosamente, también gira en torno de aquella delegación. En la disputa electoral, el PRD pretende aumentar su hegemonía en la capital del país lanzando a Ana Gabriela Guevara como candidata a jefa delegacional.
Sin embargo, la otrora reconocida atleta, única medallista olímpica mexicana en pruebas de velocidad y quien tanto reprochara la desatención oficial a las actividades deportivas, comienza su campaña con el antecedente negativo de aspirar a un nuevo cargo habiendo estado menos de un año en la titularidad del Instituto del Deporte del DF. Frente a ese hecho resulta casi inevitable pensar que la ex velocista sonorense simplemente cambió de prioridades y demostró poco compromiso con la causa que decía defender.
Muy similar es el caso del ex futbolista Carlos Hermosillo. Luego de ocupar desde principios de sexenio la dirección de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), el máximo goleador en la historia del balompié mexicano también decidió dejar la oficina para ir tras una diputación federal por el blanquiazul. A su relevó llegó Bernardo de la Garza, quien en 2006 fuera candidato presidencial por el indefendible Partido Verde Ecologista de México y no parece acreditar experiencia en materia deportiva.
De lo anterior es posible resaltar al menos tres aspectos: la forma en que el PAN echa mano de figuras conocidas como ex deportistas con el mero afán de recabar votos, que los hombres cercanos a Los Pinos gozan de preferencia al momento de los nombramientos en dependencias federales y, en lo que toca a la Conade, que todo indica que el deporte seguirá esperando un proyecto real y de largo aliento que lo saque del atraso.
El cuarto y último ejemplo al que quiero remitirme tiene que ver con otro doloroso rezago, el educativo. Como se sabe, Josefina Vázquez Mota dejó la Secretaría de Educación Pública (SEP) para ocupar el primer sitio en la lista de diputados plurinominales del PAN y, quizá, la coordinación de su bancada. Alonso Lujambio, antes comisionado presidente del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), fue designado en su lugar.
Aun sin considerar las fundadas críticas a la gestión de Vázquez Mota y al pacto entre el gobierno federal y el sindicato magisterial comandado por Elba Esther Gordillo, el solo hecho de que con motivo de las elecciones de julio próximo el Ejecutivo realizara cambios en el despacho encargado de la educación evidencia que este tema no ocupa un primer plano en su agenda. Y aunque Lujambio podría demostrar lo contrario, un sano escepticismo conduce a no generar demasiadas expectativas.
Los expedientes citados y muchos otros de los que podría darse cuenta corroboran que, como hace unos días nos escribía el lector José Jesús Sierra, la política ha perdido su virtud “porque el compromiso de servicio se cambió por la ambición del poder y del dinero”. Sin más, un diagnóstico tan certero debería llamarnos a todos buscar terminar con esa situación.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Saturday, April 11, 2009

Fidencio, suplantado hasta en el panteón

El martes 22 de junio de 1937, la segunda sección de El Universal mostraba como uno de sus encabezados principales: “El ‘Niño Fidencio’, muerto en Toluca de un tiro”. La versión sería desmentida unos días después


José de Jesús Fidencio Constantino Síntora, mejor conocido como el Niño Fidencio, el santo no reconocido por la Iglesia que cobró fama en el norte del país en la década de 1920 por sanar a los enfermos, y que incluso atendió al entonces presidente Plutarco Elías Calles, llegó a reunir en Espinazo, Nuevo León, el sitio donde practicaba sus curaciones, hasta a 30 mil personas en un solo día.
Tal popularidad, según lo explican José Luis Berlanga, Éric Lara y César Ramírez en el libro Las fiestas del dolor: un estudio sobre las celebraciones del Niño Fidencio (Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1999), se debió a tres factores: el carisma del personaje, su condición de pobreza que le permitía una identificación con la gente y una apariencia física similar a la de un infante, que en la tradición católica evoca inocencia, pureza y bondad.
Aunque el éxito de este hombre que nació en Guanajuato el 17 de octubre de 1898 tuvo también otros efectos. Uno de los menos difundidos es que en aquellos años, en otras partes de la República, surgieron impostores, falsos “Niños” que se hacían pasar por el original. He aquí un caso.


Noticia en la capital
El martes 22 de junio de 1937, la segunda sección de El Universal, en la ciudad de México, mostraba como uno de sus encabezados principales: “El ‘Niño Fidencio’, muerto en Toluca de un tiro”. Debajo del titular, extendido a lo ancho de toda la plana, otros elementos pretenden completar la información.
Primero aparece el “último retrato” de la supuesta víctima, una fotografía de archivo con el mismo Fidencio que puede observarse en otras placas de la época: un hombre delgado, de tez blanca, cabello lacio, frente amplia, ojos pequeños, nariz alargada, boca grande, barba partida. A su derecha viene la imagen del victimario, el gendarme Mario Méndez López, quien habría disparado al curandero en una taberna de la capital mexiquense.
Más abajo un sumario expone que el personaje, “que tuvo algunas semanas de popularidad en Espinazo”, se había mudado a Toluca.
La nota, finalmente, detalla que la policía se enteró de que “un individuo a quien se trata de identificar como el auténtico Fidencio Constantino, ‘El Niño Fidencio’, fue muerto en el interior de la cantina denominada ‘La Barra de Nautla’”. El gendarme —se dice— declaró a las autoridades que él se encontraba en el local cuando arribó Fidencio, con quien afirmó mantener amistad. Así pues, empezaron a jugar dominó, mas luego de un rato, aparentemente motivado por la discusión de un asunto de dinero, Méndez López tomó su pistola, disparó, hirió a su contertulio y busco huir, aunque en su intento fue detenido.
Tras la información del corresponsal el diario agrega una semblanza del “taumaturgo y santón”: “Comenzó a tener algún prestigio como curandero en la zona, y bien pronto su fama llegó hasta Saltillo, de donde se tuvieron las primeras noticias concretas acerca de él. Era un tipo raro, rarísimo. No aceptaba dinero de nadie; organizaba a sus enfermos y la gente sencilla del campo lo comenzó a rodear de aureola de santo y volaron las leyendas y consejas, a cual más absurdas, aun atrayentes acerca de su personalidad”.
“Su fama —continúa el rotativo— creció en forma tal que traspasó la frontera. Todos los desahuciados por la ciencia iban en busca del empírico solitario (…) Curaba con espuma de jabón, manteca batida, miel de abejas y un endiablado cocimiento que hacía con la ‘gobernadora’, los ramos de flores y las cajas de dulces que le obsequiaban. Todo lo mandaba echar a un perol de agua hirviente”.
Ya al cierre del texto, no obstante, se deja una advertencia: “Resultaron muchos ‘Niños Fidencios’ falsificados (…) vulgares estafadores con quienes las policía tenía que ver frecuentemente (…) Por los retratos que publicamos parece que puede ser Fidencio Constantino el muerto; pero estas líneas, posteriores a la noticia de nuestro corresponsal, se escriben con las reservas correspondientes”.


Muere el engaño, llega el sueño eterno
Dos días más tarde la versión seguía sosteniéndose. El 24 de junio incluso se consignaba que en los funerales del curandero, celebrados en Toluca, habían participado “no menos de dos mil personas”, un cortejo “tan nutrido que paralizó el tránsito de vehículos por las calles que recorrió”.
Sin embargo, a Fidencio, al verdadero Fidencio, aún no le había llegado la hora.
Así, recién concluidas las exequias del presunto santón, el engaño también murió. “‘El Niño Fidencio’ muerto no es el auténtico”, reportaba El Universal en su edición del sábado 26 de junio. Aunque la nota del corresponsal no revela el nombre del impostor, aclara: “El de Toluca era uno de los tantos falsos ‘Niños Fidencios’ que han resultado en el país. El de Espinazo hace una vida de ejemplar austeridad y sencillez”.
El curandero real, en todo caso, no tardaría mucho en pasar a la otra vida. Tan sólo 14 meses después del incidente de su impostor, el 19 de octubre de 1938, José de Jesús Fidencio Constantino Síntora fallecía en el lugar donde efectuaba sus sanaciones. Con apenas 40 años cumplidos, su defunción —de acuerdo con los testimonios— se habría debido al cansancio y a los malestares causados por las extenuantes jornadas de trabajo con sus pacientes.
Breves, unas cuantas líneas en la primera plana de El Universal del 20 de octubre se limitan a informar del deceso de aquel que “alcanzó tanto renombre en vista de que numerosas personas le atribuían curaciones maravillosas”. Por supuesto, esas palabras no podían prever que la fama y el culto de Fidencio trascenderían todo el siglo XX y llegarían hasta hoy, como también lo hace una de sus últimas imágenes.
Fechada en Espinazo el día de su muerte, la fotografía lo plasma rodeado de flores y acompañado por un cuadro de la Virgen de Guadalupe. Viste de blanco, su rostro ha dejado de ser delgado, la boca luce entreabierta, los ojos están cerrados. El Niño Fidencio descansa en el sueño eterno. El mismo que todos estamos destinados a dormir.

Nota: Esta historia, reconstruida con ayuda del Centro de Documentación y del Archivo Fotográfico de El Universal, aparece hoy en la página 4 del suplemento sabatino Ideas, en un número dedicado a los cultos populares. Aldolfo Castañón presenta el material principal, mientras que a cuenta de Lizbeth Hernández corre un texto muy completo sobre estas figuras.

Tuesday, April 07, 2009

¿México digital?

La Cámara de Diputados aprobó el jueves pasado la iniciativa de Ley para el Desarrollo de la Sociedad de la Información. El ordenamiento, enviado al Senado para su revisión, busca que la entrada de México en la era digital sea una prioridad de las políticas públicas de esta administración y de las siguientes, reducir la brecha social en el acceso a tecnologías y conocimientos, así como promover la mayor adopción de estos elementos por parte del Estado y del sector privado con la finalidad mejorar tanto la gestión gubernamental como la competitividad del país.
De primera impresión, estos objetivos resultan no sólo deseables sino congruentes con la actualidad: en una época en la que en todo el mundo es cada vez más constatable el adagio “información es poder” (para los gobiernos, para las empresas, para las instituciones académicas y para las personas), la nación no debe permitirse quedar rezagada respecto de los avances de las revoluciones tecnológicas. Sin embargo, una lectura completa de la legislación deja ver vacíos que —como ha ocurrido en otros casos— podrían bloquear cualquier buena intención.
Para comenzar, a pesar de que la iniciativa reconoce que en México hay enormes desigualdades, “pues existe un sector muy pequeño que se encuentra al mismo nivel de equipamiento y de conocimiento que los países del primer mundo, (mientras) existe un sector de la población que usa de manera elemental el medio (y) la gran mayoría de los mexicanos nunca han tenido la oportunidad de asomarse a la realidad de las computadoras e internet”, en todo su texto no brinda una sola pista acerca de cómo sería posible atacar y disminuir esa brecha.
Entiendo que, como señala el ordenamiento —disponible en la
Gaceta Parlamentaria—, una vez publicada la ley corresponderá al Ejecutivo federal elaborar la agenda digital nacional que servirá de base para diseñar las estrategias, los programas y las acciones concretas para el desarrollo de la sociedad de la información. No obstante, considero grave que desde la legislación no se exponga al menos un principio claro que guíe a las instituciones en la lucha contra tales disparidades.
Así, puede inferirse que los diputados ignoraron la magnitud del problema que se debe revertir o la incidencia de
otros factores que frenan la popularización de las nuevas tecnologías. Por ejemplo: ¿cómo llevar al país a la modernidad si únicamente 20% de los mexicanos tiene acceso a internet, si los monopolios en telecomunicaciones imponen sus condiciones y sus tarifas en el mercado, y si la inversión nacional en este rubro es baja? Todo lo anterior parece quedar soslayado.
Por otra parte, la ley también estipula la creación de una comisión intersecretarial encargada de coordinar las actividades entre dependencias y niveles de gobierno en materia digital, y de un consejo que evalúe los avances obtenidos. Pero si bien un proyecto como la digitalización del país puede justificar el establecimiento de organismos específicos, experiencias pasadas despiertan dudas sobre su funcionamiento.
El caso más reciente es el del Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura,
producto de la legislación aprobada en abril de 2008, de cuyas acciones y resultados poco sabemos y podemos palpar los ciudadanos. En ese sentido, del mismo modo en que esos órganos tendrían que realizar una más transparente difusión de su trabajo, todos deberíamos estar al pendiente de ellos y exigirles cuentas.
Una última crítica se desprende del artículo cuarto transitorio de la ley, que dispone que para las instancias arriba citadas “se aprovecharán los recursos humanos, materiales y financieros de las dependencias y entidades, por lo que no se requerirán recursos adicionales para tal fin”.
Esta medida, según el texto, responde a una política de austeridad. Empero, dados el tamaño y la ambición del reto, es ilógico defender la mesura en el gasto público en un ámbito que es capital para el desarrollo nacional, al tiempo que simplemente se olvida en otros como los exagerados sueldos de los altos funcionarios.
Resulta positivo que se pretenda llevar a México a la sociedad de la información a través de una política de Estado con visión de largo plazo. Sin embargo, debemos comprender que eso no se conseguirá con palabras, o sea, con el mero hecho de expedir una ley, y menos si ésta presenta deficiencias. Falta, pues, un largo camino por recorrer, uno en el que el primer paso consiste en que el Senado corrija la iniciativa enviada desde San Lázaro con el propósito de contar con un marco jurídico completo que abra las puertas para entrar en la era digital. De lo contrario, otra vez, tendremos sólo buenas intenciones. No más.

Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Friday, April 03, 2009

“A’i pa’ después”

Un conocido chiste refiere que México es el país del mañana: mañana lo arreglo, mañana te pago, mañana —o la siguiente semana— nos tomamos un café. Fuera del humorismo casi involuntario, la tendencia a postergar indefinidamente y sin justificación real la reflexión, las decisiones o las acciones tiene serias consecuencias en lo público y en lo privado.
Ejemplos abundan: la puerta que no reparamos o el foco fundido que no cambiamos hasta que un ladrón se mete a la casa o alguien tropieza en la oscuridad, o aquella persona que por exceso de confianza o franca desidia ignora una dolencia hasta que ésta se convierte en una enfermedad grave que antes podía prevenirse.
O claro, la nación que no se alarma ni pone manos a la obra hasta que la inmovilidad del régimen político, la indefinición frente al mundo, la dependencia económica, el desempleo, la inseguridad, el narcotráfico, el rezago educativo, la crisis ambiental y el desplome de la calidad de vida se ciernen sobre ella.
Lamentable en sí mismo, ese gusto por la postergación se torna más riesgoso en tanto que de él deriva el cortoplacismo, otro vicio común de nuestra historia contemporánea. Tan sencilla como en apariencia ineludible, la mecánica de ambos males funciona así: al abandonar la resolución de los problemas siempre para después, cuando llega el momento de afrontarlos asumimos la opción más rápida, la que nos saque del paso, no la mejor ni la que prevea las implicaciones o nuestros proyectos futuros.
¿Tráfico? Construyamos más vialidades; qué importa el transporte público. ¿Aumentan los crímenes? Enviemos más policías a las calles; no hay por qué investigar las causas de la delincuencia o combatir la corrupción que la permite. ¿Miles de jóvenes son rechazados por las universidades del Estado? Incrementemos los lugares en los planteles; qué más da si desde el nivel básico los estudiantes acarrean deficiencias o si por falta de puestos de trabajo, aun con una licenciatura, terminarán sumándose a la desocupación.
Así, por atender la superficie de una situación en lo inmediato nos olvidamos de su fondo y del largo plazo.
Me resisto a creer que dejar todo para el último minuto y a las carreras es una característica inherente a los mexicanos. Sin embargo, con molestia noto que la tradición cultivada desde el poder de mirar el horizonte con un alcance no mayor a lo que dura un cargo ha dejado una profunda huella en quienes aquí habitamos. Una marca que deberíamos comenzar a borrar ya. ¿O lo vemos mañana?

Nota: Este texto fue solicitado por un viejo amigo, Rodolfo Villagómez, para la revista Tangente, que circula en Oaxaca y me parece espera hacerlo en el DF. En esta segunda ocasión que colaboro con ellos, él ahora sólo determinó la extensión; yo, el tema.

Wednesday, April 01, 2009

La ciudad “junto a un monte grande” [crónica]




MONTERREY, Nuevo León.— Américo, un taxista con 28 años en el oficio y originario de Cadereyta, municipalidad a la mitad del estado, pone al descubierto la ignorancia del cronista: “Del aeropuerto al centro son 32 kilómetros, ¿a poco se los iba a echar a pie?”.
A la izquierda, sobre la carretera Miguel Alemán, la vista del Cerro de la Silla acompaña el camino hacia la ciudad. Al frente se extiende la Sierra Madre Oriental. “Aquí estamos entre montañas”, resume el conductor.
Después de los municipios de Apodaca, San Nicolás y Guadalupe aparece Monterrey, cabecera de una de las zonas metropolitanas más importantes del país con una población de 3.8 millones de habitantes y un territorio de 5 mil 771 kilómetros cuadrados. Sitio de tradición industrial, cuna de empresas como Cementos Mexicanos, Vitro y Soriana.
En el centro destaca la Macroplaza. Custodiada en sus cuatro esquinas por estatuas de Miguel Hidalgo, Benito Juárez, José María Morelos y Mariano Escobedo, en uno de sus extremos alberga el Palacio de Gobierno. En el otro se ubica un monumento que evoca un episodio contemporáneo de la relación México-Estados Unidos: el encuentro efectuado en 1992 entre los entonces presidentes Carlos Salinas de Gortari y George H. W. Bush para prender “el fuego de la amistad”.
Hasta hace unos días, sin embargo, las tensiones habían aumentado debido al intercambio de acusaciones respecto de la responsabilidad de cada nación en la lucha contra el narcotráfico. Tras numerosas declaraciones de funcionarios de ambos lados de la frontera, la tormenta diplomática quedó calmada —al menos de momento— con la visita que la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, realizó al Distrito Federal y luego, precisamente, a la sultana del norte.
Delante de la Macroplaza un muro retoma las palabras con las que el conquistador español Diego de Montemayor se refirió al lugar más de cuatro siglos atrás. La ciudad “junto a un monte grande”, escribió el ibérico en el decreto de su fundación fechado el 20 de septiembre de 1596.
La pared también precede el inicio de uno de los grandes atractivos turísticos locales: el Paseo Santa Lucía. Se trata de un corredor de 2.5 kilómetros por el que fluye la corriente de un ojo de agua y en cuyo derredor se observan algunos negocios, áreas verdes y numerosos visitantes que disfrutan de la recién comenzada primavera. El trayecto se interna en otro símbolo regiomontano, el Parque Fundidora, un amplio y concurrido espacio ecológico que hace homenaje a industrias como la del acero.
Frente a esa belleza, no obstante, los recordatorios de los problemas que padece Monterrey literalmente transitan por sus calles. Así, retratos de pobreza como los indigentes distribuidos en varios puntos de avenida 15 de Mayo contrastan con que el vecino San Pedro Garza García sea el municipio de mejor nivel de vida en todo México.
Del mismo modo, los soldados que patrullan la ciudad y las declaraciones de Guillermo Moreno Serrano, comandante de la Cuarta Región Militar, hablan del combate a los cárteles de la droga que se lleva a cabo en la entidad. La presencia del narcotráfico, señaló el general de División al diario El Norte, tiene “bastante peso” en la zona, circunstancia que obliga a mantener la actividad castrense. Y vale decir que esa misma lógica, sin plantear otras respuestas para atacar al crimen organizado, se reproduce a nivel nacional.
En año de elecciones, por último, la disputa política cobra fuerza. El gobierno del estado presume sus obras en televisión y en anuncios espectaculares con la imagen del cantante Lupe Esparza y con el lema “El progreso se demuestra con hechos”.
Américo está de acuerdo. Para él, el mandatario Natividad González Parás, del PRI, “la ha hecho bien”, aunque augura que el PAN se llevará tanto la gubernatura como la principal alcaldía. En todo caso, en virtud de lo que muestran los medios de comunicación, es claro que el ganador de la contienda del próximo 5 julio se definirá entre los candidatos del tricolor, Rodrigo Medina, y del blanquiazul, Fernando Elizondo.
Montañas, sol, plazas, carritos que venden nachos y hot dogs, playeras de los Tigres y de los Rayados, pronósticos políticos, el andar de los regiomontanos… Más allá de todo esto llega, inevitable, la escala que pone fin al recorrido: la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Ahí, entre la Rectoría y el estadio de futbol, el cronista encuentra algo que le hará atesorar este viaje en la memoria. A la entrada de la biblioteca lee una frase de Alfonso Reyes: “Defended, contra las nuevas barbaries, la libertad del espíritu y el derecho a las insobornables disciplinas de la verdad”. En su elegancia, en su idealismo, la máxima le confirma el sentido del saber, le despierta una sonrisa, lo colma de ánimos. Ahora puede regresar a casa.

Tuesday, March 31, 2009

El problema del agua, una “bomba de tiempo”: investigadores

Autoridades locales y federales, afirman, deben atender criterios técnicos en la búsqueda de soluciones, no intereses partidistas


Plantean establecer un sistema tarifario diferenciado para recaudar más recursos por el servicio y promover el ciudado del líquido


El problema de abastecimiento de agua al Valle de México es una “bomba de tiempo” que las autoridades federales y locales no están atendiendo en toda su gravedad, señalaron investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Azcapotzalco (UAM-A).
Los académicos Lilia Rodríguez Tapia y Jorge A. Morales Novelo explicaron que ante el aumento de la demanda del líquido, producto del crecimiento de la población y de las actividades económicas, históricamente la respuesta gubernamental ha sido incrementar la oferta mediante la sobreexplotación de los mantos acuíferos y la importación de agua de otras regiones.
Tales medidas, sin embargo, no han solucionado el problema porque el mantenimiento de los sistemas de distribución tiene entre 15 y 20 años de retraso, porque sigue desperdiciándose alrededor de 40% del recurso y porque el costo de éste para uso doméstico es bajo. En consecuencia, afirmaron, el déficit de disponibilidad del líquido prevalece y cada vez será mayor.
“Estamos en un punto en el que hacemos algo o esto se va a volver una catástrofe”, comentó Morales.
Frente a esa situación, los también coordinadores del libro Economía del agua —editado por la UAM y por la Cámara de Diputados en 2007— proponen que las dependencias oficiales, en lugar de buscar aumentar la oferta del líquido, diseñen estrategias para administrar la demanda, es decir, para que todos los usuarios lo empleen de forma eficiente.
En primer término, sostuvo Rodríguez, “la población debe tener conciencia del cuidado de sus recursos naturales, y las autoridades, de que la política ambiental es un objetivo de sustentabilidad que no debe ser ligado a cuestiones políticas”. En ese sentido —continuó—, corresponde a los gobiernos federal, del DF y del estado de México resolver el asunto a partir de criterios técnicos, mas no de intereses partidistas.
Otros mecanismos posibles de instrumentar son la instalación de equipos ahorradores, la creación de leyes más estrictas que impidan que la ciudad crezca a ritmo acelerado, la reforestación de áreas verdes para favorecer la recarga de los mantos acuíferos, la promoción de la cosecha de agua de lluvia y el ajuste a las tarifas por el servicio.
Morales consideró que los precios que se pagan por el líquido en la capital son “regresivos”, puesto que los sectores sociales con mayores dificultades para acceder al recurso son los que desembolsan más dinero por él, en tanto que quienes lo tienen en abundancia pueden darle usos no prioritarios como llenar albercas e incluso desperdiciarlo.
Por esa razón plantea que deben subir las cuotas para que la ciudadanía en general valore más el agua y logre incrementarse la recaudación. Aclaró que no se trata de “hacer tabla rasa” para que a todos se les cobre lo mismo, sino de establecer un sistema tarifario diferenciado con base en variables como el uso para el que se destina el líquido, la ubicación de los usuarios y su nivel de ingresos.
Igualmente, reconoció que tratar el tema de las tarifas es complejo y que quienes se oponen a esta idea argumentan que el agua es un derecho humano y debe ser gratuita. No obstante, insistió en que, “precisamente porque es un derecho humano”, debe discutirse cómo elevar los precios para cuidar que la garantía de acceso al líquido “se cumpla en el largo plazo”.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven... Y como update adicional, me alegra decir que siempre sí se publicó en el impreso de El Universal, en la página A11 de la sección DF y Metro de este jueves.

Tuesday, March 24, 2009

Ciudadanos demandan que diputados paguen sus impuestos; esperan respuesta

Entre el 22 de febrero y el 5 de marzo, agrupación reunió 3 mil 500 firmas para respaldar su petición; el documento fue entregado a la Oficialía de Partes de San Lázaro, que deberá hacerlo llegar al presidente de la Mesa Directiva de la cámara


Integrantes del grupo ciudadano Dejemos de Hacernos Pendejos (DHP) llevaron a la Cámara de Diputados la petición de información, firmada por más de 3 mil 500 personas, para que los legisladores federales aclaren mediante qué mecanismo les fueron devueltos los impuestos de su aguinaldo correspondiente a 2008.
El miércoles pasado, miembros de la organización acudieron al Palacio Legislativo de San Lázaro con el objetivo de entregar el documento al priísta César Duarte Jáquez, presidente de la Mesa Directiva.
Sin embargo, de acuerdo con Javier Ruiz, encargado de comunicación en DHP, Duarte no los recibió ya que —según les explicaron— se encontraba de viaje fuera del país, mientras que su secretario particular tampoco los atendió. Por ese motivo, la petición fue dejada en la Oficialía de Partes del recinto para que ésta la haga llegar a su destinatario.
En diciembre, diarios como
El Universal publicaron que a los 500 diputados les serían restituidos los 38 mil 899 pesos de impuestos sobre su aguinaldo a través de compensaciones asignadas a las fracciones parlamentarias dentro de la cámara. De ese modo, a cada uno se le otorgaría íntegra su gratificación de fin de año, equivalente a 101 mil 604 pesos.
Según Maite Azuela Gómez, representante de DHP,
sólo cuatro legisladores rechazaron que se les regresara el monto del gravamen.
A raíz de esa información, el grupo decidió ejercer los derechos constitucionales de petición y de libre asociación para participar en los asuntos políticos, contenidos respectivamente en los artículos octavo y 35, a fin de pedir a los congresistas que esclarezcan cómo operó la devolución de impuestos, que comprueben sus gastos, que cumplan con sus obligaciones fiscales y que, de constatarse que se cometió algún delito, se dé cuenta a la Procuraduría General de la República (PGR).
Para dar fuerza a su demanda, DHP, constituida por cerca de 10 mil personas vinculadas por la red social Facebook, organizó una colecta de firmas que se llevó a cabo entre el domingo 22 de febrero y el jueves 5 de marzo, y que
fue consignada en este espacio. En total suscribieron el documento 3 mil 500 ciudadanos, mil en papel y 2 mil 500 vía electrónica.
Jorge Raúl Nahum, representante de la agrupación responsable del sustento jurídico, expuso en entrevista telefónica que una vez que la petición fue entregada al presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, éste tiene alrededor de 90 días para responder y proporcionar la información solicitada. La actual Legislatura, no obstante, termina funciones en septiembre.
La autoridad, remarcó Nahum, “tiene la obligación constitucional de contestar”.
Cuestionado acerca de cómo procedería DHP en caso de que San Lázaro ignorara su exigencia, indicó que una posibilidad sería promover un juicio de amparo por violación a la garantía individual consagrada en el artículo octavo de la Carta Magna. De esa manera, continuó, si los legisladores se niegan a dar respuesta, es posible recurrir a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para que ésta los fuerce a hacerlo.
Por su parte, Javier Ruiz mencionó que la labor de los medios de comunicación es importante para dar peso a esta causa.
“Presionaremos por todas las vías”, afirmó Nahum, quien coincidió en que los altos sueldos de los servidores públicos provocan un descontento generalizado en la ciudadanía, y más aún si a esas percepciones se suman prácticas como el incumplimiento del pago de impuestos.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Tuesday, March 17, 2009

Anticipemos la sequía

El fin de semana pasado, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) efectuó la segunda reducción programada del suministro a 10 delegaciones del Distrito Federal y a 13 municipios del estado de México. Con esta acción, según cálculos de la prensa, fueron afectados alrededor de 5.5 millones de personas.
La medida, que se repetirá en tres ocasiones más hasta junio, responde a que las siete presas que abastecen al Sistema Cutzamala en enero se encontraban a 62% de su capacidad debido a las pocas lluvias registradas durante 2008. Por lo tanto, se hizo necesario racionar el líquido para evitar una mayor escasez hacia mediados de año.
En esa línea, apenas el viernes
El Universal informaba que, a decir de la Conagua, en marzo el nivel llegó a 51%, y para abril y mayo podría descender hasta 40%. Así las cosas, el reto de cómo proveer de agua al Valle de México nos llama a actuar ya antes de que estalle alguna crisis social.
Investigadores como Lilia Rodríguez Tapia y Jorge A. Morales Novelo han advertido que con el alto consumo actual y con las formas inadecuadas de uso del líquido por parte de la sociedad y del sector productivo, “bastaría una generación para que los recursos hídricos pasaran de ser un problema crítico de escasez y de seguridad nacional a otro de supervivencia, de alarma nacional, de acuerdo con el propio reconocimiento del gobierno mexicano”.
En el libro Economía del agua, editado en 2007 por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y por la 60 Legislatura de la Cámara de Diputados, los académicos señalan que el tema debe ser visto desde las perspectivas global y local: en él influyen factores como el calentamiento del planeta pero las soluciones concretas deben aplicarse en el ámbito comunitario, el más cercano a la gente.
También explican que el problema en la capital del país y la zona conurbada ha alcanzado la gravedad actual puesto que, ante el aumento histórico de la demanda derivado del crecimiento demográfico e industrial, los distintos gobiernos simplemente se han dedicado a explotar más el recurso sin reparar en las consecuencias de largo plazo. Lo anterior ha tenido como resultado fuertes gastos para el Estado, que entre las personas no se haya promovido la indispensable valoración y el cuidado del líquido, así como sobreexplotación de cuencas y mantos.
Frente a ese escenario proponen retomar el concepto de Gestión Integral de los Recursos Hídricos (GIRH), expuesto durante el IV Foro Mundial del Agua México 2006, a fin de encaminar las políticas públicas hacia una administración “económicamente eficiente, socialmente equitativa y ambientalmente sustentable”.
Lograr esa meta, afirman, pasa por que el Estado actúe bajo la premisa de garantizar a todos los mexicanos el acceso al líquido, pero igualmente por que éstos abandonen patrones culturales que favorecen el desperdicio y asuman mucho mayor responsabilidad respecto de su uso.
En la obra citada, Hilda R. Dávila y Roberto M. Constantino aseguran que un mecanismo rápido para impulsar ese cambio cultural entre la ciudadanía consiste en subir las tarifas por el servicio. A su juicio, no se trata de elevar los precios de manera generalizada porque eso golpearía a los sectores sociales de menores ingresos, sino de establecer un sistema tarifario administrable, transparente y creíble que despierte en la gente conciencia del valor del agua, que refleje mejor el costo del suministro y que dote al aparato estatal del dinero requerido para el mantenimiento y la modernización de la red hidráulica.
Claro está, el mero planteamiento de incrementar importes acarrea su cuota de impopularidad, por lo que en pleno año electoral y en contexto de crisis, es poco probable que algún partido político haga suya esa propuesta. Sin embargo, me parece que la idea debe trascender la época de comicios y discutirse seriamente puesto que puede convertirse en un componente de nuestra solución al problema del abasto de agua.
Sin ser alarmistas (o “catastrofistas”, para emplear una palabra de moda), conforme pase el tiempo el reto se tornará más complicado tan sólo por hechos inevitables como el crecimiento de la población. Por ello, insisto, es imprescindible enfrentarlo ya antes de que todos nuestros depósitos, tuberías y grifos se sequen. O peor aún, nuestras gargantas.

Nota: Este texto aparece hoy en e-joven. Al final del post también se publican algunas recomendaciones del Consejo Consultivo del Agua para ahorrar el líquido.