Tuesday, October 20, 2009

El Presidente, la luz y la importancia de las formas

Aplaudido por unos y repudiado por otros, el hecho sorprendió al país: en los primeros minutos del pasado domingo 11 de octubre, el presidente Felipe Calderón decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y la liquidación de sus trabajadores, al tiempo que elementos de la Policía Federal tomaban las instalaciones centrales de la compañía. La razón esgrimida fue que la empresa “ya no resulta conveniente desde el punto de vista de la economía nacional ni del interés público”.
Desde entonces a la fecha hemos observado, entre otras imágenes, la defensa que el gobierno ha hecho de la medida, las reacciones de todos los partidos en el Congreso de la Unión y, por supuesto, la oposición de la dirigencia y de los agremiados del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Apenas el jueves, esta última se materializó en una marcha del Ángel de la Independencia al Zócalo capitalino, de la cual derivó un intento de diálogo entre gremio y autoridades que, sin embargo,
hasta el momento no ha dado visos de rendir frutos e incluso parece roto.
No obstante su final reservado, este episodio permite ya realizar varias lecturas. La que aquí deseo destacar es que, a pesar de que las cifras respaldan el argumento gubernamental respecto de la ineficiencia de LyFC (por ejemplo, 30% de pérdida de energía o inconformidades de los usuarios para con el servicio), el modo de proceder contra la compañía no fue el correcto, levanta interrogantes y puede costarle caro a la administración calderonista.
Que el jefe del Ejecutivo federal decretara la extinción de la empresa sin previo aviso, en fin de semana y con apoyo de la fuerza pública no sólo causó pasmo general, sino respuestas particulares.
Del lado de los trabajadores, alrededor de 44 mil en activo y 22 mil jubilados se sintieron lanzados al desamparo dado el actual contexto nacional de crisis y desempleo. Además, aunque las autoridades afirman que se liquidará incluso “por encima de la ley” a los empleados y que se respetará el pago de pensiones,
testimonios de las familias afectadas apuntan a que los montos serán menores que lo prometido.
En lo que toca a la sociedad civil, el discurso oficial y algunas encuestas aseguran que el decreto presidencial goza de un apoyo mayoritario sustentado en el descontento ciudadano con LyFC. Empero, basta revisar otros sondeos o comentarios de cibernautas para notar la división de opiniones. Y en ese sentido, si bien son conocidas las historias de burocratismo, corrupción y cobros indebidos de los empleados de la compañía, es injusto generalizar esas características a toda la planta laboral, como también lo es achacar al SME toda la responsabilidad de su mal funcionamiento cuando desde distintos gobiernos se le ha descuidado.
Para los detractores de Calderón, finalmente, la medida representó una afrenta, una jugada tramposa que —legal o no— simplemente no dejarán sin contestación. En otras palabras, aunque el Presidente haya sorprendido al SME y hasta ahora haya logrado cumplir con sus propósitos, sus rivales, con o sin motivos reales, le cobrarán la movida en este y posiblemente en otros temas, como el paquete económico para 2010.
Tampoco dejarán escapar, por cierto, el doble rasero utilizado por su gobierno para con los sindicatos del Estado: ataque a los contrarios, como el SME, ligado al PRD y a Andrés Manuel López Obrador, e impunidad para los aliados, como maestros y petroleros.
Insisto: en principio no cuestiono la presunta buena intención de la administración calderonista de acabar con una empresa pública ineficiente y obsoleta, pero las formas empleadas dejan mucho qué desear.
Ya echado a andar el proceso, ahora bien, el Ejecutivo puede, al menos, mostrar mayor sensibilidad hacia jubilados y ex trabajadores, pagarles los montos correspondientes y buscar su reinserción en el mercado laboral; puede plantear la modernización del sector energético con visión de largo plazo; y puede, por qué no, actuar parejo y con apego a ley con los sindicatos oscuros. De lo contrario, en vez de reimpulsar su sexenio, todo este episodio de LyFC podría convertirse para Felipe Calderón en un pesado lastre para los próximos tres años.


Nota: Este texto aparece en e-joven.

Saturday, October 17, 2009

Porqués de la literatura

La pregunta me asalta a cada tanto: ¿para qué nos sirve la literatura? El cuestionamiento, aclaro, no parte de mis dudas respecto de su valor, sino de la necesidad de saber qué conduce a mujeres y hombres de todas las culturas a volcarse en el papel, así como de indagar cuál es el legado que nos dejan sus obras y cómo los seres humanos podemos aprovecharlo.
En esta ocasión también me motiva la reciente entrega del Premio Nobel de Literatura 2009 a la escritora rumano-alemana Herta Müller, de quien la Academia Sueca dijo reconocer en su trabajo “la concentración de la poesía y la franqueza de la prosa con la que describe el paisaje de los desposeídos”. De esa manera fueron galardonados sus esfuerzos por retratar la vida de algunas minorías en la Europa del este del siglo XX y su oposición a la represión comunista.
Bien sé que sobre el Nobel pesan duras críticas según las cuales cada vez se condecora menos la calidad literaria y más la filiación a ciertas causas político-ideológicas. Sin embargo, además de que la discusión tendría que ser más amplia y de que al menos en esta oportunidad los detractores no han arremetido en contra de la autora premiada, no puedo dejar de simpatizar con el veredicto expuesto en Estocolmo.
Para mí, una de las grandes virtudes de la literatura —e igualmente del periodismo— radica en la posibilidad de dar voz a quienes son oprimidos o sufren algún tipo de exclusión. Así lo entendieron escritores del romanticismo y en México lo han hecho, por ejemplo, Juan Rulfo, Rosario Castellanos y Carlos Monsiváis.
Sin caer en maniqueísmos, me parece que voltear a ver a las personas más desafortunadas de nuestra sociedad, en este o en otro tiempo, no sólo nos permite plasmar su existencia; asimismo, abre el espacio para denunciar las injusticias que a diario ocurren y, con esto, alienta a intentar acabar con ellas.
La literatura, por otra parte, constituye también otra forma de preservar el lenguaje y de aproximarnos a la realidad. Tal explicación la escuché hace unos cuatro años del profesor Eduardo Casar. En aquella charla, el académico de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM reparó en que una novela puede enriquecer nuestra visión de determinada época histórica y brindarnos claves para comprender el presente.
Al respecto, me pregunto cómo la creación literaria habrá de capturar a este México de principios del siglo XXI. ¿Retomará su alternancia en el poder, su incompleta transición democrática, sus enconadas pugnas entre las élites políticas, su marginación creciente, su sociedad dividida y profundamente desigual? ¿Lo recordará como un país sin un rumbo seguro al cual dirigirse? Más aún, de llegar a vernos plasmados en tinta y en papel, ¿seremos entonces capaces de reconocer nuestros errores?
Una tercera bondad de la literatura, con la cual deseo cerrar el dardo de hoy, consiste en su facultad para potenciar nuestra imaginación.
Frente a los problemas que vivimos, pudiera parecer banal que un cuento, un poema, una novela o un ensayo echen a volar nuestras mentes hacia mundos ficticios. No obstante, como he oído decir a Casar y a otras personas, la actividad intelectual que ello implica bien puede servirnos para despertar y, en la realidad, encontrar las salidas de laberintos aparentemente insuperables o soluciones a obstáculos temibles.
En ese sentido, todo un arsenal que podría ayudarnos a imaginar y a construir un mundo distinto al que tenemos está guardado en las manifestaciones literarias. Nuestra situación actual nos obliga a revisarlas.

Nota: Este texto aparece en los Dardos de diasiete.com.

Thursday, October 15, 2009

Incertidumbre en familias de LyFC

Esposa de un ex trabajador de la extinta empresa afirma que no se está dando a conocer la versión de los miles de afectados


Reconoce que en el SME hay corrupción y malos empleados, pero sostiene que estas personas "no son la mayoría"


Paulina Lázaro, esposa de uno de los ex empleados de la recién extinta compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyFC), tiene un reclamo para la cobertura de los medios de comunicación en este conflicto, en especial para la televisión: “No se está dando la versión de los trabajadores”.
Considera que desde los primeros minutos del domingo pasado, cuando se publicó en el Diario Oficial de la Federación el
decreto presidencial que liquida la empresa, al tiempo que efectivos de la Policía Federal tomaron sus instalaciones, se ha desatado una “guerra mediática” en contra del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), al que se le atribuyen todos los problemas que padece LyFC; entre ellos se enumeran ineficiencia, pérdida de energía eléctrica y escasa rentabilidad.
Sin embargo, dice, al culpar solamente a una de las partes no se toma en cuenta que el gobierno “no quiso hacer nada” por resolver tales deficiencias, y aunque reconoce también que hay malos elementos dentro de la organización sindical, enfatiza en que estas personas “no son la mayoría”.
Ella pertenece a una de las 66 mil familias afectadas por la extinción de la compañía de luz. Vive en Lomas de Atizapán, estado de México, una colonia de agremiados del SME. Ahí, relata, el domingo por la mañana la medida adoptada por el Ejecutivo federal cayó como “un golpe fuerte” y creó un ambiente similar al de un funeral.
Los trabajadores ya esperaban que las autoridades intentaran tomar las instalaciones de LyFC, pero calculaban que esto ocurriría hasta el 16 de marzo de 2010, cuando venciera el contrato colectivo. Por tal razón, la sorpresa fue mayúscula, e inmediatamente se convocó a una asamblea general del sindicato para definir las acciones a seguir.
“Toda la gente está muy temerosa”, comenta Paulina, pues, “contrariamente a lo que se piensa, la mayoría de nosotros, las familias de los trabajadores de LyFC, vivimos al día”.
Afirma que a pesar de que el gobierno anunció que mantendría las pensiones de los jubilados, no ha aclarado que pretende pagar un monto mucho menor que el actual. Tampoco ha dicho que a las liquidaciones prometidas “por encima de la ley” —para las que ha establecido que puede destinar
hasta 20 mil millones de pesos— se les descontarán impuestos, ni ha especificado qué sucederá con los créditos para vivienda que los empleados habían adquirido sin intereses a través del SME.
En su caso, su esposo, con ocho años laborando en LyFC, su suegro, ya jubilado, amigos y vecinos están pendientes de la evolución de los hechos.
Paulina asegura estar consciente de los malos manejos que tienen lugar dentro del SME, como las disputas por el poder o el que los líderes se hayan enriquecido por medio de los trabajadores. No obstante, aunque no justifica esas prácticas, insiste en que la gente que corre el riesgo de perder su fuente de ingresos ahora necesita respaldar a su gremio.
Recalca que los sindicatos deben defender los derechos de los trabajadores. Pero esa tradición, lamenta, se ha ido perdiendo tanto por la corrupción como por las políticas oficiales de tipo neoliberal que han favorecido la proliferación de contratos cortos, por honorarios y sin prestaciones, lo que ha conducido a que los empleados en México queden en condiciones de desprotección.
Señala que por lo pronto la estrategia inmediata de sindicalizados y familias es permanecer informados, continuar en la resistencia y salir a marchar este jueves vestidos de blanco y negro, los colores del SME.
Al preguntarle cómo augura que habrá de terminar este episodio que apenas comienza, responde: “Tenemos la esperanza de que esto salga lo mejor para los trabajadores y para sus familias, pero estamos claros de que el gobierno no va a dar marcha atrás”.


Nota: Este texto aparece en e-joven.

Thursday, October 08, 2009

Un llamado al Congreso

No voy a caer en la descalificación rápida ni en el insulto fácil. Aunque entiendo y en cierta medida comparto el descontento general para con nuestro Poder Legislativo, pienso que únicamente deshacerse en reclamos viscerales hacia nuestros diputados y senadores es tan frustrante como infructuoso.
Considero, ahora bien, que manifestar puntualmente nuestras inconformidades con el trabajo que se realiza en las cámaras es el primer paso para demandar un Congreso de la Unión de veras democrático, representativo, abierto a la sociedad. Y que a ese movimiento inicial deben seguir el escrutinio constante, la organización ciudadana, la propuesta y la acción.
A la luz de esa idea es que reparo en hechos recientes que han tenido lugar lo mismo en San Lázaro que en Xicoténcatl, y que ponen en evidencia la enorme desconexión existente entre legisladores y representados.
Empiezo el recuento en el Senado, donde el pasado 24 de septiembre fue ratificado Arturo Chávez Chávez como procurador general de la República. Desde el momento de su presentación, el nominado presidencial generó protestas de parte de figuras públicas, medios y organizaciones civiles, motivadas por las omisiones del entonces titular de la Procuraduría de Chihuahua en las investigaciones de los feminicidios desatados en Ciudad Juárez en la década de los 90.
De poco sirvió la oposición social a que un personaje cuando menos cuestionado llegara a la PGR, pues, como ha escrito el columnista Miguel Ángel Granados Chapa, los senadores parecen haber convertido sus facultades constitucionales, como la de confirmar o rechazar los nombramientos del jefe del Ejecutivo, “en mecanismos para el canje de favores”. Por lo demás, y por desgracia, ese trueque de posiciones políticas da señales de extenderse a designaciones en otros órganos autónomos.
Así puede suceder en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), en el Banco de México (Banxico) y en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), y ocurrió ya en el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI), responsable de transparentar el quehacer gubernamental. Para este último, Felipe Calderón propuso como nuevas comisionadas a Wanda Sigrid Arzt Colunga y a María Elena Pérez-Jaén, la primera acostumbrada a actuar con sigilo por su desempeño en áreas de seguridad e inteligencia, y la segunda relacionada con Elba Esther Gordillo y con el impulso al desafuero de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, como en el caso de Chávez Chávez en la PGR, es probable que poco importen estos antecedentes al Senado, aun cuando todavía está a tiempo de objetar esas nominaciones.
Otro tanto puede achacarse a la Cámara de Diputados, donde continúan repitiéndose prácticas tan penosas como que legisladoras titulares pidan licencia para ceder su lugar a sus suplentes varones, o como la pelea por espacios no en la búsqueda de un mejor trabajo legislativo sino por mero reparto de poder.
Fue en ese tono que el 29 de septiembre los partidos políticos integraron las comisiones de San Lázaro, un proceso del cual el PRI resultó ganador al acaparar 21 de 44 presidencias, mientras el PVEM, con notorios vínculos a las televisoras, logró quedarse con tres: Función Pública, Medio Ambiente y Radio, Televisión y Cinematografía.
Ahora se discute el paquete económico para 2010, y al menos a mí me queda la fuerte percepción de que la preocupación de la mayoría de nuestros legisladores no es aprobar un proyecto realista que ayude al país a salir de la crisis y permita comenzar a transformar la hacienda pública. Su meta es, en cambio, posicionar a sus grupos —no a la ciudadanía— de forma que alcancen el mayor control posible de la agenda nacional y ventaja rumbo a las elecciones de 2012.
La situación por la que atraviesa México, empero, exige que tanto senadores como diputados dejen de cuidar sus privilegios, de negociar arbitrariamente el futuro de la República y de defender facciones particulares, para en verdad asumirse como lo que deben ser, o sea, representantes de todos los mexicanos. Tal es el llamado que muchos les hacemos. Desde hace tiempo.


Nota: Este texto aparece en los Dardos de diasiete.com.

Friday, October 02, 2009

Un mundo sin hambre, ¿un mundo imposible?

Josette Sheeran, directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), lanzó a mediados de septiembre un dato escalofriante: se estima que el número de personas con hambre en el planeta superará los mil millones durante 2009, “mientras el flujo de asistencia alimentaria estará en su nivel más bajo de los últimos 20 años”.
La cifra, más allá del habitual discurso políticamente correcto emitido por los gobiernos y que solemos reproducir los medios de comunicación, resulta alarmante en virtud de que equivale a más de un séptimo de la población de la Tierra. Asimismo, es escandalosa porque demuestra que como humanidad seguimos sin ser capaces de edificar una base mínima para la vida digna de todos nuestros congéneres.
Ya desde la primera mitad de 2008 el propio PMA había advertido del impacto que en este campo tendrían, por un lado, el alza en los precios de los alimentos (trigo, arroz, maíz) y, por el otro, los desastres naturales. A tales factores, derivados de la demanda de grandes consumidores como China o India, de la producción de biocombustibles y del cambio climático, se deben agregar las consecuencias de algunos conflictos armados y de la crisis financiera global detonada en octubre pasado.
En ese contexto, países de África y Asia padecen los efectos sociales de la hambruna, aunque para observarlos no es necesario ir tan lejos.
Guatemala, uno de nuestros vecinos del sur, recientemente declaró estado de calamidad pública por la crisis que viven 54 mil familias. Más aún, basta mirar al interior de nuestras fronteras para percatarse de la gravedad del problema. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), por ejemplo, dio a conocer en julio que en sólo dos años, de 2006 a 2008, el número de mexicanos en pobreza patrimonial aumentó de 44.7 millones a 50.6, y el de aquellos en pobreza alimentaria de 14.4 millones a 19.5.
Frente a ese desolador panorama, tanto a nivel nacional como internacional se buscan medidas para combatir la miseria.
Aquí el gobierno federal plantea crear un impuesto al consumo general para hacerse de recursos y, afirma, distribuirlos entre las personas de menores ingresos (por lo demás, independientemente de esa presunta buena intención, voces en la política y en la academia han señalado la poca conveniencia de subir los gravámenes en época de recesión). En el mundo, por otra parte, el PMA llama a las autoridades de los países desarrollados y a las empresas transnacionales a realizar las donaciones que le permitan ayudar a la mayor cantidad posible de seres humanos.
Sin embargo, a pesar de que en las condiciones actuales es indispensable la asistencia de estados o de organismos multilaterales, me parece que acabar con el hambre requiere de acciones mucho más profundas, es decir, no de paliativos que maquillen la precariedad, sino de un cambio en el modelo de desarrollo global con la finalidad de reducir las desigualdades e incrementar las oportunidades de desarrollo.
Muy poco mejora la situación si a una persona se le da un plato de comida un día (y al siguiente quién sabe), en vez de facilitarle los elementos para que salga adelante por sus propios méritos. Y para ello es indispensable que dentro de las naciones, entre las regiones y en todo el orbe se convenga en que la humanidad, como tal, tiene el imperativo moral de terminar con las distintas expresiones de la exclusión: la escasa posibilidad de participar en los asuntos públicos, el desempleo, los bajos salarios, el deficiente acceso a la educación y la cultura... la falta de alimento.
Consciente estoy de que lo escrito aquí puede ser tildado de imposible, de utópico. Pero para afianzar mi esperanza, y sin caer en mitificaciones, evoco aquel espíritu del 68 que hoy recordamos; aquel que, aunque reprimido en California, París, Praga o el DF, pugnaba por transformar el planeta en el que habitamos. Yo, como aquellos jóvenes, también creo que otro mundo es posible. Hay que construirlo.


Nota: Este texto aparece en los Dardos de diasiete.com.

Thursday, October 01, 2009

Transeúntes en la indefensión [reportaje]

Datos de la PGJDF reportan un incremento en el número de robos en la vía pública y a bordo de microbús; frente a la impunidad, experta llama a fortalecer la cultura de la prevención

Una fue asaltada a punta de pistola; la otra, en cuanto sintió que el ladrón tomaba su bolsa, soltó sus pertenencias y pudo echar a correr. Una fue acorralada por siete individuos mientras viajaba en un microbús con otros nueve o 10 pasajeros; la otra se encontró con un solo delincuente cuando caminaba cerca de un parque poco transitado. A una la atracaron un lunes por la noche; a la otra, un domingo por la mañana.
En días recientes, Abigail y Lourdes se convirtieron en víctimas de distintas modalidades del robo a transeúnte, un delito que, de acuerdo con datos de la Dirección General de Política y Estadística Criminal de la
Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), va al alza.
Cifras de la dependencia capitalina señalan que de enero a junio de 2009 se registraron 7 mil 274 asaltos en la vía pública, un promedio de 40.2 diarios. En los primeros seis meses de 2007 fueron cuatro más, 7 mil 278, pero en el mismo periodo de 2008 la tendencia bajó a 5 mil 682; esto significa que del año pasado a la fecha la práctica ha recobrado fuerza.
Por otra parte, el incremento constante es más claro en el caso de los robos a bordo de microbús: de enero a junio de 2007 se contabilizaron 734, 846 en el mismo lapso de 2008 y mil 115 en el correspondiente a 2009, es decir, 6.2 al día.

“¡Al chile, no estamos jugando!”
“Cuando volví a voltear —recuerda Lourdes—, el tipo sostenía mi bolsa de brazo y me sujetaba por la espalda, y con voz relajada, sabiendo que no habría testigos, me dijo: ‘No te muevas…’”. El hecho ocurrió al poniente de la ciudad, en el puente de avenida Constituyentes, casi esquina con Periférico, que conduce al Parque Lira, en la delegación Miguel Hidalgo.
El sujeto, de tez morena, estatura mediana, complexión robusta y “aspecto descuidado”, había comenzado a seguirla a mitad de su ascenso por las escaleras. Ella anhelaba toparse con alguna otra persona para no atravesar sola por aquel lugar, “…pero nadie”. Así, cuando el ladrón la alcanzó y soltó su advertencia, ella, ya en estado de alerta, echó a correr: “No volví a voltear, supongo que por el miedo a ver que venía detrás de mí con alguna navaja, o peor, alguna arma de fuego. Corrí y corrí”.
Abigail, por el contrario, no tuvo oportunidad de huir. Pistola en mano, siete “chavos vestidos como reggeatoneros” asaltaron el microbús en el que viajaba. Esto sucedió al oriente de la ciudad, en la colonia Granjas México de la delegación Iztacalco.
Tres de ellos, relata, abordaron el vehículo pasando el Eje 3, sobre la calle Añil; metros más adelante subieron los otros cuatro. Confiesa que su apariencia le hizo temer que cometerían un atraco e incluso pensó en bajarse, pero optó por no dejarse llevar por lo que consideró estereotipos y permaneció en su sitio. Su intuición, sin embargo, rápidamente se revelaría acertada.
“Carnal, esto ya valió madres, así que ya sabes cómo irte”, dijo uno de los asaltantes al chofer. Primero exigieron sus celulares a los nueve o 10 pasajeros; Abigail entregó el suyo. Luego comenzaron a arrancar bolsas, pero cuando uno de los sujetos llegó a su asiento ella se resistió.
El delincuente cortó cartucho, le apuntó a la cabeza y gritó: “¡Al chile, hija de tu pinche madre, no estamos jugando, esto es en serio!”. Ante la amenaza ella cedió pero el individuo, uno distinto del que había recogido su teléfono, volvió a la carga: “¡Tú traes el celular; el celular, hija de tu pinche madre!”. “¡Ya se los di!”, respondió, aunque el asaltante insistió y le siguió apuntando. Al fin intervino otro sujeto: “Ya me lo dio, güey”.
Después de eso ordenaron a los pasajeros agachar la cabeza, les advirtieron que atrás venía una camioneta —“pobres de ustedes si voltean; se los carga la chingada”— y, sin más, abandonaron el vehículo. A pesar de que el chofer sugirió no denunciar pues “ni los van a agarrar”, Abigail decidió acudir ante el Ministerio Público con la esperanza de que el hecho “no quede impune”.

Frente a impunidad, más prevención
Desafortunadamente, señala Ana María Salazar, experta en seguridad, frente a la realidad que se vive en las grandes urbes como el DF es necesario estar conscientes de los riesgos que se corren y anticiparse a situaciones como la posibilidad de sufrir un asalto en la vía pública.
Para lograrlo, la primera recomendación que ella transmite es “escuchar al instinto”, ya que éste constituye “una herramienta contra el peligro” que permite detectar cuando algo no concuerda y actuar en consecuencia. En los casos citados, tanto Abigail como Lourdes percibieron la inminencia del robo antes de que el incidente se presentara; no obstante, Salazar reconoce la dificultad de reaccionar cuando se viaja en microbús porque la persona queda atrapada en el vehículo, mientras que cuando se transita por la calle es más fácil escapar de un sujeto sospechoso.
Su segunda sugerencia es definir qué pasos se tomarían durante un asalto con tal de proteger la vida de la víctima y la de quienes la acompañan. Entre estas estrategias menciona mantener la calma y un tono “ecuánime” al hablar con los ladrones, entregar lo que se exige y buscar salir de esa situación lo más pronto posible.
Por último, en vista de la prevalencia de una cultura de la impunidad en la que los delincuentes “saben que no les va a pasar nada”, la experta aconseja fortalecer la cultura de la prevención. En ese sentido, la asociación
México Unido contra la Delincuencia recomienda, entre otras medidas, evitar el exceso de confianza, o sea, pensar “a mí nunca me va a ocurrir”; elaborar rutas de traslado con anticipación; no transitar por áreas solitarias o de noche y sin compañía; portar sólo el dinero necesario; no vestirse llamativamente ni llevar joyas o relojes ostentosos; así como ser discreto con la información sobre la economía personal y familiar.
Tras los malos episodios, Lourdes y Abigail pretenden continuar con su vida cotidiana. Sin embargo, ambas coinciden en el miedo, en el enojo, en la impotencia. “Estoy segura de que otras personas han superado peores experiencias, pero ahora no vivo tranquila”, comenta la primera. “La gente es mala, la sociedad está jodida, asaltándonos unos a otros, tal vez entre vecinos, niños con pistolas, encañonando a quien se resiste”, sentencia la segunda.
Lourdes intenta reponerse pero reconoce su paranoia: “Imagino ver en las caras de los extraños aquella que me hizo vivir tan infortunado momento… nada es igual”. Abigail, por su parte, hace hincapié en que la inseguridad no es “normal” y lanza un llamado: “No debemos acostumbrarnos, debemos denunciar y no sólo a los ‘chicos’, sino a la serie de injusticias que provocan que la ley del más fuerte y salvaje reine en la civilización”.


Nota: Este texto aparece en e-joven. Actualización: Me alegra mucho decir que con este texto volví al impreso; vean la página A15 de la edición del martes 13 de octubre o den clic aquí.

Friday, September 25, 2009

El DF, el agua y la basura

"Ironía", por Boligán


Mientras el agua potable escasea y nuestras tuberías se secan, las lluvias del último mes, inusualmente intensas, nos inundan y causan estragos. De esa forma, en un cartón publicado en el diario El Universal el viernes 18 de septiembre, el caricaturista Ángel Boligán ilustra una de las tantas ironías que vive el valle de México.
La madrugada de este martes, por ejemplo, al sur de la ciudad, el río Magdalena se desbordó y arrastró 16 automóviles de lujo; también dañó otros vehículos, una vivienda y el estacionamiento de un centro comercial. Semanas atrás, al oriente, las precipitaciones anegaron las instalaciones del Metro Hangares. Por si esto fuera poco, las condiciones climatológicas han entorpecido el servicio de recolección de basura y que ésta pueda ser transportada a sus depósitos correspondientes. Es claro: nuestros problemas urbanos, literalmente, salen a flote.
Fundamental resulta comprender las interconexiones entre estos asuntos: la escasez del agua potable, los efectos de las fuertes lluvias y el manejo de los residuos sólidos.
La falta de mantenimiento y de modernización de la infraestructura hidráulica ha derivado, por un lado, en que 30% o más de nuestros recursos hídricos se pierda en fugas y no llegue a amplias zonas de la capital como la delegación Iztapalapa. Por el otro, esos rezagos históricos que padece la red también han provocado que el drenaje sea incapaz de hacer frente a tormentas como las que hemos observado en días recientes.
Sumemos a eso las 12 mil 500 o 13 mil toneladas de desechos que generamos todos diariamente, y a las cuales se les debe encontrar acomodo o procesar a fin de que no obstruyan calles y alcantarillas como ahora lo hacen, y ya tenemos delineado el tamaño del reto que vivimos.
¿Qué nos ha conducido a esta situación? Me parece que estos problemas tienen en común tres tipos de orígenes, uno político, uno demográfico y uno sociocultural, y que verlos desde una perspectiva que abarque esos campos podría permitirnos pensar en soluciones.
Hace tiempo que tengo la impresión —imagino que compartida— de que los políticos que se han encargado de esta ciudad y de su área conurbada nunca se han preocupado en serio por planear su desarrollo a futuro. Asimismo, el crecimiento poblacional producto del número de nacimientos o de las migraciones ha sido tal que ha disparado la demanda de servicios como vivienda o transporte, que autoridades o particulares han buscado satisfacer bajo la lógica de la inmediatez o del lucro, mas no de la sustentabilidad.
A ese patrón de gran expansión, que seguramente se repite en otras metrópolis de México y de otros países, se agrega el predominio de lo que Alejandro Calvillo denomina “voraz modelo de consumo”. Trátese de agua, energía, alimentos o mercancías, ese paradigma nos lleva a consumir a diestra y siniestra sin reparar en las consecuencias. Y así, no hay ciudad ni planeta que alcancen.
Estas semanas de baja presión en nuestros grifos, de avenidas inundadas o de basura varada en los caminos son una advertencia sobre la crisis que puede desatarse en nuestra capital si no actuamos pronto y con sentido de largo plazo.
Contamos ya con alternativas expuestas por especialistas, desde un plan para descentralizar las actividades de esta urbe o el diseño de mecanismos para captar y aprovechar el agua de lluvia, hasta la reutilización y el reciclaje de residuos sólidos, pasando —claro— por nuestra responsabilidad de ejercer un uso más consciente y racional de los recursos de los que disponemos. Con todos sus defectos, esta ciudad es nuestra casa. Hagámosla habitable.


Nota: Este texto aparece en los Dardos de diasiete.com.

Tuesday, September 22, 2009

El Senado, con oportunidad de frenar a Chávez: De la Rosa

Visitador de la CEDH en Chihuahua refiere que aspirante a encabezar la PGR incurrió en omisiones durante su desempeño como procurador de esa entidad, en la gubernatura del panista Francisco Barrio Terrazas


El eventual rechazo de parte del Senado a la nominación de Arturo Chávez Chávez como procurador general de la República podría representar “un momento histórico en las relaciones entre el presidente y el Congreso de la Unión”, señaló Gustavo de la Rosa, primer visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) en Chihuahua.
Para De la Rosa, si los senadores del PRI y del PRD niegan la ratificación en la PGR a Chávez Chávez, propuesto por Felipe Calderón para sustituir a Eduardo Medina Mora, y cuya postulación ha sido criticada por activistas y por organizaciones no gubernamentales, propinarían una derrota a la administración calderonista e, igualmente, dejarían al descubierto que México vive ya en un sistema de corte parlamentario aunque se le siga llamando presidencialista.
Chávez Chávez, quien fue procurador de Chihuahua durante el gobierno del panista Francisco Barrio Terrazas (1992-1998), ha sido cuestionado por su falta de acción para resolver los feminicidios que comenzaron en Ciudad Juárez en la década de los 90. Ayer, durante su comparecencia ante el Senado,
reconoció que hubo errores en la investigación de ese expediente, aunque retó a que se pruebe que haya actuado con parcialidad.
De la Rosa, sin embargo, advirtió que en su momento el funcionario no sólo incurrió en omisiones en el caso de las mujeres asesinadas en la entidad, sino en los de los levantones y los homicidios vinculados al narcotráfico, que también ocurrieron durante su gestión.
En entrevista telefónica, el visitador relató que cuando Chávez Chávez fue procurador estatal, él se desempeñó como director del Centro de Readaptación Social (Cereso). De esa manera, el “trato cercano” le permitió observar que las reacciones del fiscal hacia esos hechos tendían a culpar a las víctimas; éstas, justificaba, se metían en problemas por relacionarse con narcos o “por andar en lugares peligrosos”.
“Nunca tuvo claro que lo que estaba sucediendo en Juárez eran crímenes de odio”, comentó De la Rosa. Por ello, dijo, cuando Chávez Chávez terminó sus funciones en la procuraduría, dejó “cuentas pendientes”, entre ellas, 197 desapariciones sin investigar.
A juicio del visitador —
quien ha recibido amenazas de muerte motivadas por su labor—, a pesar de las críticas Felipe Calderón se obstinará en que su nominado llegue a la PGR porque responderá a sus intereses: “Será el abogado del presidente, no el de la nación”. En ese sentido, descartó que sea una estrategia de Los Pinos haber propuesto en primera instancia a una figura cuestionada para que, una vez rechazada, la segunda opción deba ser aceptada.
Sostuvo que, independientemente de la persona que quede en el cargo, para atender los pendientes y rezagos que enfrenta México en materia de justicia debe contemplarse, primero, el rescate de los buenos elementos en las corporaciones policiacas pues no todos han sido corrompidos. Otra meta, ahondó, debería ser reclutar a los abogados recién egresados de las universidades con el propósito de formar agentes ministeriales que estén del lado de la ley.
Asimismo, recalcó que es fundamental que las autoridades acaben con el secuestro y con la extorsión debido al gran daño social que originan, y que, respecto del combate al narcotráfico, se discuta la legalización de ciertas drogas como la mariguana y la cocaína, se prevengan adicciones a otras como el cristal y la piedra, y se ataquen las finanzas de los cárteles.
Esos temas urgentes, concluyó De la Rosa, no parecen estar en la agenda de Chávez Chávez: “Ojalá los senadores tengan la capacidad de verlo”.


Nota: Este texto aparece en e-joven.

Thursday, September 17, 2009

Paquete económico 2010 contiene desequilibrios

El gobierno federal busca elevar impuestos pero no da suficientes muestras de austeridad o de un mejor manejo del gasto público, advierte economista


Una vez superada la crisis, señala, debe renovarse el federalismo fiscal a fin de que los estados y los municipios recauden mayores recursos


El paquete económico para 2010 propuesto por el gobierno federal está desbalanceado, pues exige que la ciudadanía contribuya a las finanzas públicas vía impuestos pero no ofrece un esfuerzo de ahorro similar de parte de la autoridad, consideró Gabriel Pérez del Peral, economista de la Universidad Panamericana.
De acuerdo con el académico, mientras con sus proyectos de Ley de Ingresos y de Presupuesto de Egresos la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) planea recaudar 175 mil millones de pesos a través de gravámenes, la medida de austeridad planteada por el Ejecutivo de desaparecer dependencias representaría sólo alrededor de 6 mil millones. Además, dijo, tampoco se observa una intención de redistribuir y modernizar el gasto.
Estimó que la propuesta
será modificada en la Cámara de Diputados, donde ya ha recibido el rechazo de legisladores del Partido de la Revolución Democrática (PRD), del Partido del Trabajo (PT) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI), por su propósito de crear un tributo de 2% al consumo general y de aumentar la tasa del Impuesto Sobre la Renta de 28% a 30%. A su juicio, el Legislativo buscará cambiar el paquete económico a fin de que éste promueva la inversión y con ello el empleo.
Pérez del Peral advirtió que uno de los problemas que enfrenta el gobierno es un reducido margen de maniobra como resultado de la escasez de recursos. Sin embargo, sostuvo que sería posible abrir alternativas si se revisa la distribución actual del gasto público para eliminar erogaciones superfluas, si se le enmarca en la consecución prioridades y si se le alínea con el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012.
Aseguró que el impuesto general de 2% al consumo, que incluiría alimentos y medicinas —y que ha sido uno de los puntos más polémicos de la propuesta del Ejecutivo—, no afectaría sustancialmente a la población de menores ingresos porque, ejemplificó, ésta no compra medicamentos sino que los consigue de forma gratuita en las instituciones públicas de salud.
Por el contrario, expuso, un incremento en la tasa del ISR sí distorsionaría la dinámica económica puesto que alteraría decisiones de inversión, empleo y ocio. Una medida de esa naturaleza golpearía principalmente a la clase media.
Según el economista, una vez superada la crisis una reforma integral de la hacienda pública tendría que contemplar los temas de ingresos, gastos y deuda para rediseñar el mapa fiscal de la Federación. Dentro de ese nuevo diseño, detalló, se debería poner fin al desequilibrio en la recaudación, de la cual la SHCP actualmente concentra 90%, para descentralizar esta actividad, cambiar las relaciones entre los tres niveles de gobierno, y otorgar a estados y municipios mayores potestades tributarias mediante mecanismos como el cobro del predial.
Consultado el pasado lunes 7 de septiembre, un día antes de la entrega del paquete económico para 2010 al Congreso de la Unión, Javier Corral Jurado, diputado federal del Partido Acción Nacional (PAN), también se manifestó en favor de replantear el federalismo fiscal. “El esquema que ya no se puede seguir es aquel en el que la Federación recauda y los gobernadores gastan”, mencionó.
Por su parte, Pérez del Peral defendió la idea de homologar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) a una tasa de 10%, ya que —argumentó— con esto crecerían la base gravable y los ingresos y se lograría combatir la evasión.
De momento, reiteró el académico, es indispensable que el gobierno federal amplíe el margen de maniobra modernizando el gasto público. Para ello requiere responsabilidad en la planeación, programación y presupuestación de recursos y acciones, a fin de orientarlos a resultados que permitan generar un “círculo virtuoso” de crecimiento económico.


Nota: Este texto aparece en e-joven.

Wednesday, September 16, 2009

México fragmentado

Nunca me han entusiasmado las fiestas patrias. No es sólo porque frente a la dramática realidad de este país año con año encuentro pocas, muy pocas razones para festejar nuestro nacimiento como nación. También, porque cada septiembre los grupos de poder, tanto en la política como en los medios, buscan la ocasión para proclamar una pretendida unidad entre los mexicanos que se extiende, acaso, hasta que culminan la celebración del 15 y la resaca del 16.
Este 2009 mi búsqueda no ha corrido con mejor suerte. Más aún, quizá le haya tocado la peor que me sea posible recordar.
Conocemos de sobra nuestros problemas: la crisis global de finales de 2008 nos ha golpeado con severidad, el barco de las finanzas públicas tiene un hoyo de casi 400 mil millones de pesos, aumentan el desempleo y la pobreza, el brote de influenza de abril-mayo pegó a la dinámica de la República y amenaza con volver en otoño-invierno, el narcotráfico no cede terreno, niños y jóvenes están sumidos en la precariedad educativa y laboral, el agua y el petróleo se agotan… Con tal escenario, ¿de qué demonios alegrarse?
Lejos estoy de creer que el listado anterior constituya un destino inexorable como el plasmado en las tragedias griegas. Sin embargo, considero que escapar de él y comenzar a construirnos un mejor futuro pasa necesariamente, primero, por reconocer nuestra responsabilidad colectiva en el statu quo que padecemos y, segundo, por preguntarnos qué tipo de nación queremos ser para de esa manera asumirnos capaces de trazar los ejes mínimos que nos permitan alcanzar el desarrollo, la sustentabilidad, la calidad de vida y el respeto a las libertades individuales.
Frenar nuestra decadencia, en otras palabras, requiere acuerdo y colaboración; es decir, que más allá de inevitables, significativas y sanas diferencias, todos caigamos en la cuenta de que formamos parte del mismo Estado y de que, por ende, nuestras acciones y omisiones tienen consecuencias para el conjunto.
Nuestro egoísmo, nuestro olvido de la colectividad y nuestra tendencia a explotar los bienes nacionales sólo para beneficio personal o de grupo han derivado en que, como escribió en El Universal el politólogo Mauricio Merino el 31 de diciembre pasado, los mexicanos hayamos “destruido las distintas configuraciones del espacio público en las que convivimos, porque no sabemos estar juntos, ayudarnos, compartir y respetar”.
Al cierre de ese artículo Merino enfatizaba en la necesidad de abandonar nuestras soledades a fin de recuperar la capacidad de convivir: “Y eso vale tanto para los funcionarios encerrados en Los Pinos como para los legisladores y sus grupúsculos parlamentarios; vale para las oligarquías de los partidos y los medios y para los amigos legítimos de Andrés Manuel; vale para cada una de las familias, los amigos, las iglesias y las universidades. Nadie puede solo. México tampoco”.
Me vienen a la mente aquellas frases ahora que nos acercamos al bicentenario de la Independencia y al centenario de la Revolución mientras observo a este país peligrosamente fragmentado. Y aunque ignoro si la consabida cábala 1810, 1910, 2010 habrá de cumplirse, estoy convencido de que las divisiones entre poderes, gobiernos y grupos sociales no tienen otro efecto que alimentar el germen de la confrontación.
Quiero pensar que estamos a tiempo de evitar una guerra civil, pero para ahuyentar ese fantasma es indispensable que todos, de una buena vez, desempeñemos nuestro papel como ciudadanos de este México y contribuyamos a corregir sus fallas, sus injusticias, sus desigualdades. Si no lo hacemos, lo menos grave será que al llegar estas fechas año con año encontraremos menos motivos para festejar.

Nota: Este texto aparece en los Dardos de diasiete.com.

Saturday, September 12, 2009

El aparente (y falso) cambio

El discurso pronunciado por Felipe Calderón el pasado 2 de septiembre suscitó numerosas reacciones. En un extremo, hubo quien señaló que, por su tono autocrítico y su convocatoria a la unidad, ha sido su mejor alocución en lo que va del sexenio. En el otro, hubo quienes lo calificaron de demagógico, como “puro aire”.
A medio camino entre ambas posturas, algunos más se congratularon de que el mandatario reconociera fallas en su gobierno, pero advirtieron que el llamado a colaborar con otras fuerzas políticas debió darse desde el 1 de diciembre de 2006, mas no a la mitad de su gestión, y que, en todo caso, para evaluar la veracidad de sus palabras habría que seguir las acciones que de ahora en adelante tome el jefe del Ejecutivo.
No obstante, para desgracia del país, importantes decisiones anunciadas por el mandatario durante esta semana parecen confirmar que los promocionados cambios son más cosméticos que de profundidad.
Me centro en el tema de los relevos en el gabinete presidencial (el del paquete económico para 2010, que plantea enfrentar el déficit en las finanzas públicas con recortes al gasto federal, aumento de impuestos y deuda, merece tratamiento aparte).
En esta área, Calderón informó el lunes de movimientos en tres dependencias: Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), Procuraduría General de la República (PGR) y Petróleos Mexicanos (Pemex). A la primera, ocupada por el jalisciense Alberto Cárdenas Jiménez, llegó Francisco Javier Mayorga; para sustituir a Eduardo Medina Mora como fiscal de la nación el Ejecutivo propuso a Arturo Chávez Chávez; en tanto que a la dirección de la paraestatal arribó, en reemplazo de Jesús Reyes Heroles, Juan José Suárez Coppel.
Para esa misma tarde y en los días siguientes distintas voces en los medios de comunicación cuestionaron los nombramientos.
Se recordó que Mayorga, por ejemplo, ya había estado en la Sagarpa cuando, en el sexenio de Vicente Fox, Javier Usabiaga dejó la secretaría para contender por la candidatura del PAN a la gubernatura de Guanajuato. Igualmente, aun antes de que su designación fuera oficial, Raymundo Riva Palacio reparó en que Suárez Coppel es cercano del ex secretario de Hacienda Francisco Gil Díaz y en que cuando fue director corporativo de finanzas de Pemex fue “denunciado por adjudicar en forma directa más de 30 contratos con dinero de las exportaciones petroleras”.
La postulación que más se ha criticado, sin embargo, ha sido la correspondiente al relevo en la PGR. Organizaciones civiles, periodistas y senadores han manifestado rechazo a la propuesta de Arturo Chávez Chávez, debido a sus antecedentes como procurador de Chihuahua cuando se intensificó el fenómeno de los feminicidios en Ciudad Juárez. Además, lo ponen en entredicho sus nexos con la poderosa figura del abogado Diego Fernández de Cevallos.
Tal panorama en los relevos en el equipo presidencial, en el que se observa la llegada de personas con episodios oscuros en sus historiales profesionales, siembra dudas sobre la intención de cambiar a México expresada por Felipe Calderón. Si el mandatario en verdad quisiera iniciar una gran transformación en su gobierno, tendría la oportunidad de hacerlo modificando la composición de su gabinete invitando a él a funcionarios capaces, expertos en sus campos, en vez de a gente de su círculo íntimo o a representantes de las ominosas alianzas que ha establecido.
Por sus decisiones inmediatas y para mal augurio de los tiempos que vivimos, más temprano que tarde parece revelarse que aquellas palabras con las que el presidente llamó a pasar “de la lógica de los cambios posibles, limitados siempre por los cálculos políticos de los actores, a la lógica de los cambios de fondo” no fueron más que eso: palabras.


Nota: Este texto aparece en los Dardos de diasiete.com.

Friday, September 04, 2009

El Metro en tres episodios


I


Los pasajeros, muchos de ellos estudiantes, van poblando el andén de la estación Zapata en dirección Universidad. Algunos llevan audífonos, otros leen, unos más observan el túnel o miran el reloj que marca las 8:30 AM. Todos esperan. Y a poco arriba el tren.
Este convoy, diferencia de otros, no viene a reventar. El viaje se anuncia algo apretado pero —dicta la experiencia— al parecer no será necesario forcejear para poder entrar. El vehículo frena, abre las puertas, muchos descienden y entonces es posible abordar. En efecto, a pesar de que no sobra el espacio, sí es el suficiente para moverse, para maniobrar, para continuar con la lectura, con la música o incluso, para quienes van sentados, con una pequeña siesta.
Trayecto sin contratiempos: no hay retrasos. También prevalece el silencio pues la mayoría de los vagoneros —vendedores, músicos, indigentes— aún no comienza su jornada diaria. El tren llega a su destino. Termina el primer traslado.


II


Este 4 de septiembre el Metro del Distrito Federal cumple 40 años de existencia. Aquel día de 1969, un convoy realizó el recorrido inaugural entre Insurgentes y Zaragoza. Hoy, la obra que inició a mediados de 1967 cuenta con una red conformada por 11 líneas y 175 estaciones por las que transitan 355 trenes.
Información del Sistema de Transporte Colectivo (SCT) refiere que durante 2008 se registró una afluencia total de mil 467 millones 362 mil 893 personas, superior en 8.5% a la de 2007. En cifras redondas, esto significa que, en promedio, diariamente 4 millones de usuarios utilizaron este servicio. Las líneas 1 (Observatorio-Pantitlán), 2 (Cuatro Caminos-Tasqueña) y 3 (Indios Verdes-Universidad) concentraron el mayor flujo de pasajeros.
En la terminal sur de esta última, a un costado de Ciudad Universitaria, los andenes se vuelven a llenar. Es la 1:40 de la tarde: hace calor. Una luz intermitente avisa de qué lado saldrá el tren. La gente se coloca en fila esperando su llegada; varios ignoran la franja de seguridad. Aparece el convoy anaranjado. Los usuarios se reúnen frente a las puertas; cuando éstas se abren, los más se apresuran en busca de un lugar.
A esta hora, una de las de mayor actividad, los problemas del Metro tienden a aflorar: retrasos, insuficiente capacidad, falta de ventilación. También surgen, de estación en estación, los vagoneros, esa otra cara de la economía informal con toda su gama de productos: chicles, plumas, lámparas, álbumes, mapas y, por supuesto, discos piratas. Ambos fenómenos, además, acompañados del déficit de civilidad que conduce a empujar, a estorbar, a querer subir sin antes dejar bajar o a ocupar injustificadamente los asientos reservados, entre otras malas costumbres.
Así se llega a Juárez. Después de Balderas, correspondencia con la Línea 1, el vagón se encuentra retacado. Sin embargo, esta vez hay suerte: los otros pasajeros, amables, permiten descender. Fin del segundo recorrido.


III


El tercer viaje ocurre por la noche, pasadas las 11. Pocos aguardan en el andén. El convoy tarda unos 10 o 15 minutos, más que en el resto del día, pero algo es seguro: a esta hora sobrarán los asientos.
“La rocola móvil más grande de la ciudad”, como el diario El Universal llamó al Metro recientemente, para estos momentos permanece casi en silencio. Sólo algunos vagoneros rezagados continúan con su actividad, como un poeta ambulante o un darketo que comercia con rosas.
Termina una jornada más para este cuarentón. Mañana, como todos los días laborables, desde las 5 AM habrá de levantarse a trabajar (afanoso, sábados y domingos lo hace, respectivamente, a las 6 y a las 7).
A la fecha, su salud, como lo demuestra a diario, aún le basta para recorrer toda la ciudad; no obstante, con el tiempo sus achaques también se tornan cada vez más evidentes. Por tanto, queda en quienes debemos cuidarlo, tanto autoridades como ciudadanos, decidir si lo abandonamos y dejamos que decaiga hasta morir o si, por el contrario, lo ayudamos a mantener su vida productiva para que siga transportándonos por muchos años más.

Nota: Este texto aparece en los Dardos de diasiete.com.

Tuesday, September 01, 2009

Agrupación convoca a ir “de la protesta a la propuesta”

Compuesta por 70 organizaciones civiles, la Asamblea Nacional Ciudadana demanda que el Legislativo abra espacios de discusión que retomen los reclamos sociales


Plantea reforma político-electoral que incluya mecanismos de democracia directa, reducción de financiamiento a partidos y candidaturas independientes


Bajo el lema “De la protesta a la propuesta”, 70 organizaciones civiles agrupadas en la Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA), antes Asamblea Nacional por el Voto Nulo, exigen que el Poder Legislativo abra espacios “para escuchar, debatir y asumir” las ideas emanadas “de todos los ámbitos de la sociedad mexicana, no sólo de los partidos políticos”.
Para ello, la ANCA planea instalar hoy, desde las 10 de la mañana, mesas de discusión en las inmediaciones de la Cámara de Diputados, a manera de acto simbólico que llame la atención de los representantes que
comienzan sus funciones en la 61 Legislatura.
Las asociaciones que conforman este bloque a la fecha han realizado reuniones en el DF, en Guadalajara y en Tlaxcala, y están distribuidas en 20 estados de la República. Entre ellas se encuentran Abogados y Periodistas en Acción, Abstención-Voto Nulo 2009,
Alconsumidor, Construyamos un Mejor País, Dejemos de Hacernos Pendejos, Despertar Ciudadano, El Poder del Consumidor, Fundación Indígena, Incide Social, Movimiento Voto Responsable, Vota Independiente y Tache a Todos.
Durante el pasado proceso electoral —en el que se renovaron las 500 curules de San Lázaro, seis gubernaturas, 12 congresos locales, 522 alcaldías y las 16 delegaciones de la capital del país— promovieron la anulación del sufragio como forma de protesta contra las condiciones políticas vigentes, caracterizadas, según la declaración que pretenden entregar a la Cámara Baja, “por la excesiva cantidad de recursos que reciben y derrochan los partidos y por el monopolio que las clases gobernantes tienen en la gestión de lo público”.
Al respecto, el documento de la ANCA destaca que, a nivel federal, “el pasado 5 de julio, casi 2 millones de personas manifestamos en las urnas nuestra profunda insatisfacción con el actual sistema político y de gobierno”. Esta cifra equivale a 5.39% de los votos registrados en los comicios, superior al promedio histórico del voto nulo, de alrededor de 2%.
La agrupación, según se lee en
su sitio en MySpace, sostiene que “la democracia representativa en que vivimos ya no funciona y a los ciudadanos nos corresponde hacerla participativa y deliberativa”.
Para conseguir tal cambio plantea que el Congreso de la Unión lleve a cabo una nueva reforma político-electoral que recoja los reclamos sociales.
Desde su perspectiva, dichas modificaciones deberían incluir al menos tres puntos: 1) instaurar mecanismos de democracia directa como voto nulo y abstención con valor jurídico, plebiscito, referéndum, revocación de mandato, consulta e iniciativa popular; 2) reducir el financiamiento y los privilegios a partidos, representantes y funcionarios públicos; y 3) establecer la figura de las candidaturas ciudadanas.
Margarita Sierra, integrante de la ANCA, señaló en entrevista telefónica que las propuestas anteriores constituyen “el punto de partida”, porque los objetivos de la asamblea comprenden un espectro más amplio de temas que apuntan a reformar el Estado. Con esa finalidad, dijo, después del acto de este 1 de septiembre continuarán sus esfuerzos con foros con académicos y con la sociedad civil; para su celebración ya han tenido acercamientos con
El Colegio de Michoacán y con El Colegio de Jalisco.
Explicó también que las personas interesadas en unirse a la agrupación podrán hacerlo a través de su página electrónica, en la que efectúan adecuaciones técnicas para que puedan darse de alta tanto organizaciones como individuos.
“Veo la crisis que vive México como una oportunidad en serio”, comentó Sierra. Para ella, el “caldo de cultivo” formado por factores como la crisis económica, el desempleo y la inseguridad, a pesar de su complejidad, abre la puerta a la labor de la ciudadanía en el impulso de cambios en la nación. Remató: “Ni los partidos ni los políticos van a sacarnos de donde estamos. Somos los ciudadanos los que debemos creernos que tenemos el poder”.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Saturday, August 29, 2009

De Cabo a Cabo [crónica]




LOS CABOS, Baja California Sur.— Al extremo meridional de la península, casi pegado al mar, el corredor turístico se extiende 33 kilómetros entre Cabo San Lucas, cerca del famoso arco de piedra símbolo de este destino, y San José del Cabo, hacia el aeropuerto local.
Esta región es la única de la entidad con clima cálido húmedo; en el resto de su territorio es seco desértico, con temperaturas que van de los cero grados Celsius en invierno a los 40 en verano. Aquí se ubican playas, sitios para surfistas, campos de golf y hoteles cuyo objetivo primario es el turismo extranjero, en particular el proveniente de Estados Unidos. Ello explica que por estos rumbos sea muy común escuchar a la gente hablar en inglés o encontrar precios en dólares.
Probablemente la amabilidad de los lugareños se derive, al menos en parte, del hecho de que recibir visitantes constituya una de sus principales actividades económicas, junto con la agricultura, la ganadería y la pesca.
“Aquí la banda es bien ley”, comenta Javier, un joven arquitecto originario del Distrito Federal con tres años de residir en esta población. Su dicho se confirma, por ejemplo, en la diligencia con la que los sudcalifornianos orientan al forastero extraviado —incluso si éste no solicita explícitamente la ayuda, sino sólo con cara de desconcierto— o en que para dar con La Playita, espacio popular recomendado para pescar o para degustar productos del mar, y a donde no llega el transporte público, sea costumbre “irse de a raite”.
Éste, en efecto, se consigue con facilidad. Basta soportar en el camino bajo el rayo del sol, aguardar el paso de algún vehículo y, al verlo aproximarse, superar la pena de alzar la mano y apuntar con el pulgar hacia un costado. Para el tercer intento el pudor se va y el movimiento, rígido al inicio, se torna fluido. Eventualmente alguien se detiene y hace de buen samaritano.
Para el regreso, al anochecer, cuando los bañistas comienzan a retirarse, la operación se repite —ya sin el agobio del calor— y la suerte es la misma. Al respecto un hombre expresa: “Yo también he estado en esa situación de tener que pedir aventón, así que si los veo ahí parados digo ‘por qué no los voy a llevar’”.
A este destino, empero, también lo ha golpeado la crisis económica. Javier señala que el turismo y el flujo de capital han disminuido, lo que ha provocado el cierre de varias empresas, entre ellas la compañía en la que él trabajaba proporcionando mantenimiento a algunos hoteles. Tales condiciones, estima, se mantendrán durante un año más. Por ello planea retornar al DF y quizá después volver a estas tierras.
Su testimonio da cuenta de otro problema local que conduce al cronista a pensar en el resto del país: “Aquí la gente es bien ley —insiste—, pero hace las cosas de chingadazo”. Expone como muestra las obras emprendidas sobre la avenida principal que se dirige a Cabo San Lucas, algunas de las cuales, a su juicio, están mal realizadas o avanzan con gran lentitud porque las constructoras entre más se tardan cobran más a los gobiernos estatal o municipal, ambos del PRD.
Por otra parte, no lejos de esas calles en remodelación, casi a la entrada de la costa, una sonriente promotora turística anuncia tours en lancha al emblemático arco de piedra, a la última roca de la península, a la Playa del Amor, aquella en la que sitúa “la Cueva de Andrés... porque entran dos y salen tres”, así como a la Playa del Divorcio, llamada así porque separa el Mar de Cortés del Océano Pacífico.
El bote se acerca. Para abordarlo hay que caminar unos metros sobre el agua y subir con cuidado. Una vez dentro, la embarcación gira y se enfila hacia las célebres formaciones. En su trayecto cruza con otras naves, motos acuáticas, pelícanos, gaviotas y aun lobos marinos.
Minutos más tarde aparece el conocido arco que ha esculpido la marea. Su imagen impresiona; sin embargo, más lo hace el océano frente a él, a sus espaldas, a su alrededor. Por todos lados. Imponente, enorme, profundo, incansable, el mar asombra, deleita, inspira a quien lo observa a seguir su ejemplo de fortaleza en la batalla que es la vida.

Nota: Este texto aparece en los Dardos de diasiete.com. Aprovecho también para agradecer a Eli García por un gran viaje.

Tuesday, August 25, 2009

Mancha urbana absorbe recursos hídricos

El desmedido crecimiento urbano ha encarecido el suministro de agua, obliga a extender la red de tuberías, aumenta la posibilidad de fugas y dificulta el cobro y la educación de los usuarios


Expertos mexicanos en el MIT proponen adoptar una perspectiva de largo plazo que ponga límites a la expansión de la ciudad y asuma una visión integral del problema de la escasez del líquido


Investigadores mexicanos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) coincidieron en que existen alternativas para enfrentar el problema del abasto de agua en la Zona Metropolitana del Valle de México, pero éstas deben atender un factor hasta ahora insuficientemente discutido por las autoridades: el desmedido crecimiento urbano tanto a nivel poblacional como territorial.
De acuerdo con Onésimo Flores Dewey, mientras que en 1940 el Distrito Federal concentraba 98% de la población del área, para 1970 ese porcentaje cayó a 74% y para 2005 a 45%.
Ahora, añadió, la mayoría de la gente de la zona habita en el estado de México. En municipios que se han expandido, como Tecámac o Zumpango, se ha construido gran cantidad de viviendas populares que, sin embargo, están “lejos de las delegaciones centrales de la ciudad, donde se ha concentrado históricamente el destino de los presupuestos y, por ende, donde se localiza nuestra mayor inversión en infraestructura”.
Esa pérdida de densidad demográfica, explicó Flores Dewey en una consulta vía correo electrónico, ha encarecido todos los servicios públicos como recolección de basura, transporte, energía eléctrica y suministro de agua. En el caso de este último recurso, el crecimiento urbano hace necesario que se instalen más kilómetros de tuberías, incrementa las posibilidades de fugas y dificulta cobrar y educar a los usuarios.
Por su parte, José Antonio Correa Ibargüengoitia señaló que los asentamientos irregulares y las nuevas edificaciones aumentan el costo de proveer el líquido porque implican construir más infraestructura, “pero incluso con la que ya hay, urge cambiar el modelo de administración del agua en la ciudad”.
También en un mensaje por e-mail, Correa Ibargüengoitia expuso que el área podría ser autosuficiente pues actualmente consume más de tres veces lo indispensable: en promedio 351 litros diarios per cápita cuando bastarían solamente 100.
Afirmó que en el corto plazo se requiere colocar medidores eficaces y subir las tarifas tomando en cuenta las disparidades sociales, mientras en el largo plazo se debe adoptar una visión integral del tema del agua.
Entre otros puntos, agregó, este nuevo paradigma debe abarcar una mayor reutilización de aguas negras, la recolección de lluvia a través de pozos de absorción y de mecanismos de cosecha ubicados en techos, esfuerzos por frenar la mancha urbana que se traga las áreas verdes que recargan los mantos acuíferos, así como la modernización de la red y del mobiliario hídrico para evitar que de 30% a 35% del líquido se tire en fugas o se desperdicie en los hogares.
Para Flores Dewey, los principales ejes que deben seguir las políticas públicas para tener una urbe sustentable son el compromiso por el largo plazo y la búsqueda de un equilibrio entre eficacia y equidad en la prestación de servicios. En lo que respecta al problema de los recursos hídricos, mencionó, “debemos entrarle de frente: como no podemos expandir la oferta de agua, hay que reducir el crecimiento desmedido de su demanda”.
A su juicio, eso conlleva incentivar la densidad demográfica, restringir los permisos de construcción y determinar la cantidad de líquido que puede extraerse sustentablemente.
“Necesitamos ser realistas, existen límites a nuestra capacidad de crecimiento”, enfatizó el también autor del blog
www.ciudadposible.com y a quien puede encontrarse en twitter en la dirección @oneflores.
Asimismo, ambos investigadores concordaron en que la sociedad civil puede y debe jugar un papel importante en la solución del problema. Reiteraron que los ciudadanos tienen la posibilidad de, por un lado, realizar acciones para ahorrar agua —como cambiar retretes o regaderas y consumir con mayor racionalidad— y, por el otro, de organizarse y alzar la voz para exigir que los gobiernos tomen las decisiones más atinadas para el largo plazo, aun si éstas son impopulares y los confrontan con el electorado.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Sunday, August 23, 2009

“¡Saquen los teléfonos!”

Todo ocurrió en un par de minutos, quizá menos. Cerca de las 10:30 de la noche, en la colonia Olivar del Conde, en la delegación Álvaro Obregón del Distrito Federal, caminábamos hacia una fiesta cuando, a sólo dos cuadras de nuestro destino, el tipo se acercó a paso acelerado.
—¡Ahora sí ya valió, saquen los teléfonos! —soltó.
Víctimas inexpertas, no supimos cómo reaccionar. Pese a que el asaltante no mostró ningún arma, el tono y el rostro agresivos así como la calle solitaria bastaron para asustarnos.
Mi acompañante, mujer, mi novia, retrocedió. Traté de interponerme entre ella y el sujeto, moreno, como de un metro con 70 centímetros, lampiño, mal encarado, de playera negra y pantalón café.
Saqué mi celular y un billete. Se los di y no recuerdo qué balbucí pensando ilusamente que con eso tendría suficiente, que nos dejaría en paz. Por supuesto, me equivoqué.
Tomó el botín e insistió:
—¡El teléfono! —le gritó.
De nuevo quise interponerme. Lo confieso: no pude. No supe cómo hacerlo sin alebrestar más al patán frente a nosotros y, por lo tanto, sin ponernos en mayor riesgo.
Ella aún no mostraba el objeto exigido cuando el tipo volvió a exclamar:
—¡Ándale, hija, o va a valer verga! —dijo, amagando con extraer algún arma de su bolsillo.
—¡Ya, güey! —respondí en un vano intento de calmarlo.
Ella entregó su teléfono. El maleante lo tomó, lo guardó y se fue otra vez con paso acelerado.
Nos quedamos como congelados por un instante. Segundos después, más por instinto que atendiendo a la razón, empezamos a caminar hacia la casa a la que nos dirigíamos desde el principio mientras mutuamente buscábamos tranquilizarnos. Yo sentía enojo y mucha, mucha impotencia.
Llegamos. Nos recibieron. Informamos del incidente a nuestros anfitriones e iniciaron las preguntas que todos formulamos en esos casos pero que, visto a la distancia, no sabemos espaciar ni expresar con tacto: ¿Qué pasó? ¿Están bien? ¿Por dónde venían? ¿No había nadie en la calle? ¿Quién fue? ¿Cómo era? ¿Lo reconocen?
Nos reconfortaron. Llamamos a nuestras casas. Avisamos de lo sucedido. Pedimos que reportaran los números como robados. Hicimos balance del evento: afortunadamente, no pasó a mayores.
Luego de eso retomamos la velada, la reunión con los amigos. A pesar del desagradable hecho, nos divertimos. Sin embargo, aunque intermitente, la sensación de malestar permaneció.
Y junto con ella me rondaron también varias ideas. Primero, una ironía: haber pasado infinidad de veces exactamente por el mismo sitio, solo e incluso de madrugada, sin antes sufrir un episodio similar, justo para haberlo padecido en el momento menos esperado y con quien menos lo habría querido. Segundo, la empatía con las personas que han sido robadas en alguna ocasión y han sentido justificada molestia por ser despojadas de lo que es suyo. Tercero, que si bien me niego a caer en la paranoia y a ser rehén de quienes pretenden secuestrar nuestra tranquilidad, es necesario entender que el fenómeno de la inseguridad existe y por ende hay que aprender a tomar las debidas precauciones en casa y fuera de ella.
Por último, la esperanza de que esta denuncia, como tantas otras ciertamente más graves, expuestas en los medios o ante procuradurías, delegaciones o ministerios públicos, contribuya de algún modo a que las autoridades recuerden y asuman los compromisos que han adquirido en materia de combate a la delincuencia. A casi un año de la firma del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, eso seguimos demandando los ciudadanos, tanto los muchos que ya formamos “parte de la estadística” de las víctimas de la criminalidad, como aquellos que no desean llegar a convertirse en un número más.

Nota: Este texto fue publicado el jueves en los Dardos de diasiete.com. Disculpen la tardanza; quien escribe andaba de inmerecidas pero muy gratas vacaciones.

Thursday, August 13, 2009

Busquemos salir del “shock”

La nota, como era de esperar, fue de las más comentadas ayer en el portal del El Universal. El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, por lo general reacio a reconocer públicamente las dificultades de la economía nacional, advirtió frente a senadores que México vive el “shock financiero” más grande en 30 años.
Creo no equivocarme al considerar que tal declaración ha despertado las reacciones de los lectores —molestia, por decir lo menos— debido a varios motivos. No ha sido sólo por el alarmante anuncio de que el país enfrentará un faltante de 780 mil millones de pesos en 2009 y 2010, o sea, un hueco equivalente a 7% del Producto Interno Bruto (PIB). Tampoco ha sido nada más por la impopularidad del funcionario, que parte de factores tan triviales como su apariencia física y de otros serios como su manejo de la política fiscal.
Me parece que ha sido, sobre todo, porque en el fondo el mensaje del secretario es una confirmación oficial innecesaria de algo que los mexicanos hemos padecido desde finales del año pasado, a saber, la mala marcha de la economía, y de que el gobierno federal, más allá de su discurso tranquilizador o triunfalista, no tiene indicios de cómo salir del pozo. O si los tiene, no lo demuestra.
A lo largo de 2009 hemos vivido una menor actividad económica, disminución de la inversión, paros técnicos en algunas empresas, aumento del desempleo y de la informalidad y, como una consecuencia de lo anterior, una aún más baja recaudación tributaria de parte del Estado.
Y si bien es cierto que estos problemas han sido causados en gran medida por “la crisis que vino de fuera” y se han visto agravados por imprevistos como el brote de influenza de finales de abril, debemos reconocer que la situación en su conjunto no es resultado de meros elementos coyunturales, sino de fallas históricas.
Sara Sefchovich, por ejemplo, ha insistido en que nuestro modelo económico potencia la desigualdad porque favorece a los grandes actores y a los monopolios. A los pequeños y medianos, en cambio, les pone trabas a pesar de que éstos son “la columna vertebral de una economía sana y productiva”, porque “de ellos depende para vivir la mayoría de los ciudadanos de este país, patrones y trabajadores por igual, porque dan empleo y cuando hay empleo hay consumo, pagan impuestos y cumplen con lo que exige la ley”.
Del mismo modo, las deficiencias en la hacienda pública vienen de tiempo atrás.
La dependencia de las arcas de la nación de un recurso no renovable como el petróleo está por llevarnos a un colapso ahora que la producción del hidrocarburo y su precio internacional descienden. Esto, además, porque en ningún nivel hemos sido capaces de incrementar ni de mejorar la recaudación fiscal: según el analista Hernán Gómez Bruera, México capta vía gravámenes únicamente alrededor de 8% de su PIB cuando otros países recaban 26%, y frente a esto las autoridades hacendarias, en lugar de simplificar los mecanismos de cobro, los vuelven más engorrosos.
En el mejor de los casos, de ello se deriva que los servicios públicos como el alumbrado, la seguridad o la recolección de basura sean de mala calidad y, en el peor, que las administraciones más pequeñas, las municipales,
caigan en la quiebra.
Así, una vez que todos, gobierno y ciudadanos, por fin parecemos estar de acuerdo en el diagnóstico de que la República se encuentra en “shock”, no nos queda otra que buscar el remedio a ese mal.
Y para eso es indispensable que quienes toman las decisiones en el Ejecutivo y en el Legislativo se sensibilicen de cómo el problema afecta a personas de carne y hueso, escuchen, dejen de lado dogmatismos de cualquier tipo e inicien la transformación de nuestras deterioradas estructuras. Esta crisis, en efecto, es aún un oscuro túnel que no permite ver la luz. Pero, sin duda, en hallar la salida de tan inhóspito camino se nos va el país.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Saturday, August 08, 2009

Atesorar palabras

Fotografías, tarjetas postales, estampas, cuadros, estatuas, adornos, tazas, sombreros, prendas de vestir, zapatos, joyas, relojes, revistas, libros, discos, películas e incluso automóviles, todos ellos objetos que las personas coleccionamos porque les adjudicamos algún valor económico, cultural, estético o sentimental.
La filósofa y teóloga argentina Celina A. Lértora Mendoza reflexiona en torno de esta inclinación y concluye que los seres humanos guardamos cosas ya sea porque vemos en ellas alguna utilidad presente y futura o porque, aunque parezcan triviales, “representan la posibilidad de evocar un pasado cuya memoria queremos conservar mediante un soporte físico”. Más todavía, expone la catedrática e investigadora, “la conservación objetal puede ser espontánea, meramente afectiva, errática”, mientras que coleccionar es, en cambio, un conjunto de actos “guiados por un plan previo, una decisión y un objetivo bien determinados”.
Peculiar como soy (sustituya usted, lectora, lector, tal eufemismo por el adjetivo que mejor le plazca), no suelo recopilar objetos sino algo inmaterial y de un uso aún menos evidente: frases.
Quizá en el afán de encontrar palabras que le den sentido a la realidad, que me permitan entenderla o intentar cambiarla, o que cuando menos me ayuden a ponerle buena cara, atesoro tanto algunos refranes populares como ciertas ideas que encuentro en los periódicos, en los libros, en las canciones, en las películas o en boca de las personas con quienes convivo o con quienes llego a conversar.
Hay frases desagradables que me remiten al cinismo de la mayoría de nuestros políticos y, justo por eso, a la necesidad de que los ciudadanos participemos crítica y activamente en los asuntos públicos. Cómo olvidar, por ejemplo, apotegmas como el del cacique potosino Gonzalo N. Santos, “La moral es un árbol que da moras”, o el del mexiquense Carlos Hank González, “Un político pobre es un pobre político”. O qué tal ese dicho que habla como pocos de la irresponsabilidad de su autor, Vicente Fox: “¿Y yo por qué?”.
En otro tema mucho más grato, el arte, también he dado con memorables pensamientos. A Mario Vargas Llosa, cito el caso, se le atribuye esta genialidad que por años me ha dado vueltas en la cabeza: “La literatura es la gran mentira que dice la verdad”. Guardo, igualmente, esta autobiográfica sentencia de Edgar Allan Poe: “Las obras de los genios nunca son sanas en sí mismas”. Y tampoco quiero dejar de aludir a una bella línea de Ludwig Wittgenstein: “Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje”; o a esta otra de Álex Grijelmo: “Las palabras engatusan y repelen, edulcoran y amargan, perfuman y apestan. Más vale que conozcamos su fuerza”.
“El amor es como el pan: tiene su punto”, leí recientemente en un cuento de Marco Tulio Aguilera. Al respecto, por su parte, la estadounidense Toni Morrison escribe en su novela La canción de Salomón: “Para vivir del amanecer a la noche hace falta algo más: un bálsamo, un toque de placer, una caricia de alguna especie”.
Cierro esta breve muestra de mi colección de frases con unas palabras de Javier Reverte. Viajero, narrador y cronista, este español sostiene que viajar “supone un acto de humildad permanente, porque descubres que te equivocas más de lo que podías pensar”, y que, además, “requiere una buena dosis de humor. Hay que aprender a reírse, en particular de uno mismo. Porque si uno aprende el valor de burlarse de sí mismo, tiene tema para reírse toda su vida”.
A la fecha, mi experiencia en este viaje que llamamos existir me lleva a concederle toda la razón.


Nota: Este texto aparece en los Dardos de diasiete.com.

Tuesday, August 04, 2009

Momento para discutir ingreso mínimo universal

También conocida como renta básica de ciudadanía, la propuesta plantea que el Estado otorgue a cada individuo un monto con el que pueda garantizar derechos fundamentales como la alimentación


En México, según el analista Hernán Gómez Bruera, sería posible establecer esta medida si se creara un fondo sustentado en los impuestos producto de una reforma fiscal que aumentara la recaudación


El crecimiento del desempleo, la elevación de la pobreza y “la evidencia cada vez más clara de que nuestras políticas sociales son ineficientes y no llegan siempre a los más pobres” crean una coyuntura favorable para colocar en la agenda de la discusión pública mexicana el tema de la renta básica de ciudadanía, consideró el analista Hernán Gómez Bruera.
Tal propuesta, promovida a nivel mundial por la red
Basic Income Earth Network (BIEN), por políticos y por representantes de la academia, y en México por asociaciones como Casa Lamm y por articulistas como Gustavo Gordillo y Ricardo Becerra, consiste en que el Estado entregue a cada individuo en una comunidad, sin distinción alguna, un ingreso mínimo con el propósito de que cuente con recursos garantizados que le permitan cubrir necesidades básicas como la alimentación.
Dicha renta, de acuerdo con la BIEN, difiere en tres aspectos de otros subsidios estatales aplicados en países de Europa: 1) se otorga de forma individual, no por hogar; 2) es proporcionada sin importar si la persona posee otras fuentes de ingreso; y 3) no está condicionada a la realización de algún trabajo o a la aceptación de un empleo.
A decir de sus partidarios, entre sus principales objetivos están distribuir mejor la riqueza y ayudar a combatir los efectos de la desocupación, de la miseria y de la desigualdad.
Gómez Bruera reconoció que el tema se ha debatido poco en la comunidad internacional, pero señaló que en Brasil uno de sus impulsores más serios ha sido el senador Eduardo Suplicy, del gobernante Partido de los Trabajadores. Para el legislador, según citó el analista
en un artículo publicado en El Universal el viernes pasado, un ingreso mínimo sustentado en un fondo federal, contemplado dentro del presupuesto y financiado con impuestos, sería “la mejor forma de que todos tengan garantizado el derecho a la alimentación y a una vida más digna y con más libertad”.
En ese mismo texto expuso el caso de Alaska, donde la renta básica inició en una villa de pescadores como una propuesta contra la desigualdad y llegó a convertirse en ley estatal. El dinero en el que se apoya, que ahora suma 30 mil millones de dólares, proviene de los derechos que se cobran por la explotación de petróleo y otros recursos naturales.
“Generalmente existe la impresión de que una cosa así no puede hacerse en un país ‘pobre’. Habría que comenzar por discutir esta noción equivocada. ¿Será que realmente somos un país pobre o un país injusto?”, respondió Gómez Bruera a una consulta por correo electrónico.
Estimó que en el caso de México sería posible crear un fondo para financiar la propuesta de un ingreso mínimo ciudadano, aunque esa medida “debería ir acompañada de una reforma fiscal que permita no sólo cobrar más impuestos a los que más tienen, sino también que el Estado mexicano, hoy uno de los que menos impuestos cobran entre los países latinoamericanos, logre una recaudación significativamente mayor”.
Por otra parte, frente al argumento de quienes se oponen a la idea porque prevén que una acción así fomentaría la holgazanería, enfatizó en que los objetivos de la renta mínima son que las personas tengan asegurados derechos básicos y puedan “salir de una situación de emergencia”, mas no que abandonen la vida productiva. Por ello, mencionó, si bien alguien podría conformarse y pretender sobrevivir únicamente con esos recursos, no hay por qué prejuzgar ni descartar que el resto de la gente se inclinaría por utilizar esa base para buscar mejores oportunidades.
Admitió que por ahora no ve posibilidades de que la clase política mexicana discuta el asunto con seriedad, pero insistió en que el momento actual —en el que quedan de manifiesto el aumento en el número de pobres y de desempleados, al igual que el fracaso de programas como Procampo— es propicio para, al menos, poner el tema sobre la mesa.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Saturday, August 01, 2009

“Maten a los gringos”

Opacada por la euforia producto del triunfo de la Selección Mexicana de Futbol sobre su similar de Estados Unidos en la final de la Copa Oro, la noticia pasó casi inadvertida. El domingo por la tarde, durante los festejos en el Ángel de la Independencia con motivo de la victoria del Tri, siete extranjeros, seis holandeses y un alemán, fueron confundidos con estadounidenses y agredidos por unas 50 personas.
La turba, de acuerdo con información del diario Reforma, gritó “Maten a los gringos” y “Sáquense de aquí, culeros” a los integrantes de la familia Vrooijink. También se burló de ellos, los bañó de espuma e hizo que dos de los turistas corrieran “en medio de una lluvia de piedras, botellas de refresco y latas”. Aunque al parecer el incidente no llegó a más, Ben, el padre, declaró que les robaron celulares, relojes, anillos y dinero en efectivo, pero no presentaron denuncia.
Ahí mismo, en otro hecho reportado por El Universal, el alemán Flaurean Schulz fue igualmente tomado por ciudadano estadounidense. Después de eso, no obstante que aclaró su nacionalidad y expresó su afición por el equipo mexicano, fue presionado para que besara una bandera tricolor.
Para expresarlo en términos futbolísticos, de bote pronto se me ocurren algunas lecturas de esos acontecimientos: primero, que el ansiado triunfo de la Selección, por marcador de 5-0 y luego de varias actuaciones por decir lo menos grises, exacerbó los ánimos de un puñado de seguidores; segundo (y en línea con la hipótesis anterior), que haberle ganado al representativo de Estados Unidos abrió la puerta para que salieran la rivalidad y la frustración acumuladas a raíz de derrotas pasadas; tercero, que en nuestro inconsciente colectivo subyace una especie de rencor hacia lo “gringo” (o todo lo que se le parezca) debido a agravios tanto históricos como actuales.
Quizá lo sucedido devino de una mezcla de todos estos factores, pero, como sea, ni siquiera eso justificaría que se haya agredido a personas cuyo único “error” fue tener la apariencia de estadounidenses.
Me hago cargo de que, por fortuna, sólo 50 de las 10 mil personas reunidas en el Ángel fueron las que incurrieron en estos actos reprobables. Sin embargo, el evento no debe dejar de causar alarma ni de conducir a que nos miremos en el espejo de nuestra realidad.
En primer lugar, porque por mucho que el futbol sea el deporte nacional y un fascinante fenómeno social, son inauditas la importancia que le otorgamos en la vida pública y la forma en que lo utilizamos como pretexto para evadir otros problemas o caer en la incivilidad. Asimismo, porque es ridículo el nacionalismo ramplón del que se hace triste gala en los juegos de la Selección, más cuando éstos son con Estados Unidos y siendo que la complejidad de nuestra relación con ese país trasciende de quién gane o pierda en un campo de soccer.
Por último, porque este episodio exhibe que México posee una latente y peligrosa tendencia xenófoba, a pesar de nuestra reticencia a admitirlo.
No niego que el pueblo mexicano sea capaz de grandes muestras de hospitalidad y calidez, pero, por contradictorio que resulte, a un lado de esas cualidades corre un rechazo irreflexivo a lo extranjero, anclado con frecuencia en no más que estereotipos. Tal es la actitud que vemos reflejada en las descalificaciones que dirigimos a chinos, argentinos o españoles, o en el maltrato que se inflige a los migrantes centroamericanos que pisan nuestro territorio, como si olvidáramos el reclamo constante para que se respete a nuestros connacionales que cruzan el río Bravo.
Y, por supuesto, ese espíritu patético también está plasmado en el grito “Maten a los gringos” proferido en contra de personas que ni siquiera estadounidenses son. Todo con la vana escusa de la victoria en un juego de futbol. La verdad, qué pena.

Nota: Este texto aparece en los Dardos de diasiete.com.