Tuesday, April 28, 2009

Influenza: primer recuento

Todo comenzó el jueves en la noche. El secretario de Salud federal, José Ángel Córdova Villalobos, anunciaba que, ante el riesgo de una epidemia de influenza, las clases se suspenderían en las instituciones educativas públicas y privadas, de todos los niveles, en el DF, en el estado de México y en San Luis Potosí.
Reconocía 20 muertes en las primeras tres semanas de abril y comunicaba las recomendaciones generales para evitar el contagio: alejarse de personas con infecciones en vías respiratorias, ingerir líquidos y alimentos ricos en vitaminas A y C, lavarse constantemente las manos con agua y jabón, portar tapabocas, no saludar de beso o de mano, no compartir alimentos, mantener los inmuebles ventilados, acudir al médico en caso de presentar síntomas —fiebre mayor a 39 grados, dolor muscular, flujo nasal, tos—, no automedicarse.
Para el día siguiente, viernes, se informaba que se trataba de una variedad desconocida de influenza porcina para la que las vacunas con las que se contaba resultaban ineficaces. Por el contrario, los antivirales, reiteraba el gobierno, sí podían detener la enfermedad. La cifra de defunciones aumentaba a 68, aunque, se decía, de ellas solamente 20 correspondían al mal detectado.
Las autoridades decidían aumentar las medidas precautorias: a fin de impedir concentraciones de gente,
553 actos públicos programados para el fin de semana en el valle de México serían suspendidos y al menos tres partidos de futbol se jugarían a puerta cerrada. En las farmacias se agotaban los tapabocas y el gel antibacterial. Entre la población, el miedo, todavía combinado con escepticismo e incluso con cierta tranquilidad, comenzaba a circular.
Ya para el sábado se hacía evidente que las precauciones serían mayores. En contraste, el avance oficial en contener el virus parecía poco claro.
Por un lado se avisaba que
el regreso a clases se pospondría hasta el miércoles 6 de mayo; las misas del domingo no se celebrarían. Por el otro, el secretario de Salud confirmaba 81 decesos pero seguía admitiendo únicamente 20 provocados por la influenza. Había, además, mil 324 pacientes en estudio y 11 casos en Estados Unidos, ninguno de ellos fatal.
El domingo, en un mensaje en cadena nacional, el presidente Felipe Calderón decía que México vivía una situación de emergencia, y aunque aceptaba la seriedad de la enfermedad, aseguraba que ésta es curable y que se disponía de los medicamentos suficientes para encararla. Mientras tanto, el jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, señalaba
la posibilidad de detener toda actividad económica en el DF.
Ayer, por último, como si se tratase de una broma cruel, el día comenzó mal para la ciudad: tembló. El sismo de 5.7 grados, ocurrido alrededor de las 11:30 am, llegó para subir la tensión. No pocos empezaron a bromear con los signos de los tiempos. “¡Es el apocalipsis!”, exclamaba un cibernauta. “Es un mal año para México”, estimaba otra. “Crisis, inseguridad, influenza y ahora tiembla, ¿qué falta?”, se preguntaba uno más.
La
Organización Mundial de la Salud (OMS) elevaba de 3 a 4, en una escala de 6, el nivel de alerta epidemiológica para México. Informaba también de casos confirmados y sospechosos en otros países: Canadá, Brasil, España, Reino Unido, Francia, Australia... Reconocía no poder detener la expansión del virus sino prepararse para mitigar sus efectos.
En cuanto a la República, se establecía paro nacional de clases, se optaba por continuar con las actividades económicas en la capital y se daba a conocer la cifra oficial: mil 995 casos, 149 muertos, 776 hospitalizados y mil 70 dados de alta.
Inédito, preocupante e incluso aún un tanto inverosímil, este episodio aparentemente está lejos de terminar. Por ello, pese a que son por completo válidos y necesarios los cuestionamientos y las críticas a la respuesta gubernamental, coincido con lo que hoy escribe José Cárdenas: “Ante la emergencia tenemos que conducirnos como una nación civilizada, madura y responsable. Cooperar y cumplir las medidas ordenadas por las autoridades. Hay que tomarnos en serio. Mucha falta le hace al país ‘jalar parejo’ en estos tiempos”.
Desconozco cómo habremos de recordar en el futuro este “periodo de la influenza”, pero estoy convencido de que eso dependerá en buena medida de la forma en que gobierno y ciudadanos lo enfrentemos ahora. A los dirigentes corresponde informarnos con veracidad así como proceder con inteligencia y prontitud. A nosotros, mantenernos pendientes, no propagar el miedo y actuar con conocimiento de causa en aras de un concepto que desde hace mucho tenemos muy olvidado: el bienestar común.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Thursday, April 23, 2009

Una anécdota de microbús

El tipo, desde el principio, me pareció todo un fantoche. Sentado al fondo del microbús, justo a la mitad del asiento, con la pierna cruzada y obstaculizando el paso a otros, su pose me hizo pensar en aquellos personajes que se creen superiores a todos los seres humanos por tener un buen trabajo, percibir un alto sueldo y contar con una agenda retacada de reuniones y fiestas.
De treinta y tantos años, semifornido, de cabello castaño claro engominado y peinado hacia atrás, y vestido con un traje verde oscuro, el hombre hablaba por su teléfono celular. Al poco tiempo, su conversación empezó a confirmar mis prejuicios.
Los cinco o seis pasajeros en el vehículo podíamos escuchar su voz. Hacía planes:
—Sí, güey. No traigo mi Blackberry, pero échame un fon o mándame un pinche mail.
Mencionaba también que en los días siguientes habrían de recoger a un amigo a quien llevarían “al Men’s Club”, a un lugar donde el visitante pudiera “tocar cola” porque la última ocasión “se quedó picado”.
Terminó esa llamada, colgó e inició otra del mismo tono pedante que, para mi fortuna, duró muy poco. Agradecí la brevedad: de noche, después de la jornada laboral, mi espíritu neurótico tiende a crecer.
Por fin algo de silencio, imaginé. Unas calles adelante, sin embargo, cuando al microbús ya había subido más gente, la paz se quebró.
—Perdón, ¿no? Si pisas se dice perdón —se quejó el del celular.
El destinatario de sus reclamos era un hombre parado cerca de la puerta, frente al asiento de atrás. Como incrédulo, el increpado volteó a ver al quejoso sin responder nada.
—Por educación, si pisas a alguien le dices perdón, ¿no? —insistió, subiendo el volumen, aquel que continuaba sentado a sus anchas con la pierna cruzada y estorbando el paso.
El aludido, de unos cuarenta años, más delgado y de menor estatura que su interlocutor, seguía sin dar crédito al descontento y quizá todavía menos a la actitud de quien lo expresaba. Ante una nueva recriminación, reaccionó en voz baja, con algo de timidez, aunque haciendo notar lo obvio:
—Pues tú no extiendas las piernas —dijo, al momento en que la atención de los pasajeros ya se centraba en la pequeña escena.
La “víctima del pisotón”, entonces, saltó de su lugar y encaró al que, a su juicio, osaba ofenderlo:
—Bueno, ¿cuál es tu pedo, cabrón?
El supuesto agresor, otra vez, se quedó callado. No opuso una de esas miradas firmes que se observan en los héroes de las películas y que son capaces de detener tormentas. Más bien, algo confundido, sólo guardó silencio. Ignoró al fanfarrón que, al no encontrar un eco a sus impulsos, desistió y regresó a su sitio.
Con ello, igualmente, cierta calma retornó al vehículo, esa atmósfera tensa de cuando se acaba de presenciar un conato de bronca que no alcanza a estallar. El del celular, el del traje, el que planeaba ir al Men’s Club, ya no emitió palabra en el resto del trayecto hasta que llegó a su destino. Y, como él, los demás viajeros también permanecieron tranquilos, al grado de que incluso daban la impresión de tener miedo de volver a alterar al pisado.
Mientras tanto, numerosas preguntas se agolpaban en mi cabeza: ¿en qué instante y por qué dejamos que el dinero, o cualquier otro aspecto material, se convirtiera en el parámetro para medir el “valor” de una persona y, por consiguiente, para compararnos y convencernos de que merecemos más respeto que otros? ¿Cómo es que exigimos algo que no estamos dispuestos a dar, como un mínimo de educación cívica? ¿Por qué si vemos absurdos e injusticias frente a nosotros no las denunciamos ni actuamos para impedirlas?
¿Por qué en ese microbús aquella noche ninguno de los testigos puso freno al altanero? Y más aún, ¿por qué yo no hice nada?

Nota: Con este texto debuto en el portal de la revista Día Siete. Espero que sea la primera de muchas y valiosas participaciones en la sección Dardos. Todas sus críticas, por supuesto, serán bienvenidas.

Tuesday, April 21, 2009

¿Usted qué hará con su voto?

“Todos los partidos son iguales, no hay a quién irle”, “Yo ando muy apático”, “Después de lo que pasó en 2006, yo voy a anular mi voto”, “¿Para qué ir a votar? ¿De qué sirve?”… Palabras más, palabras menos, esas son tan sólo algunas de las razones que he escuchado para no participar en las próximas elecciones del 5 de julio.
Es posible argumentar que esas opiniones no explican la complejidad de las deficiencias de nuestra democracia o, simplemente, se puede no estar de acuerdo con ellas. Sin embargo, lo que esas frases expresan con claridad es el creciente y por lo general justificado descontento de los mexicanos para con el sistema electoral, para con los políticos y para con el régimen democrático.
Datos de la propia Secretaría de Gobernación confirman ese estado de ánimo. El 66% de los participantes en la cuarta Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas declaró no creer en comicios limpios, mientras que 52% dijo estar insatisfecho con la democracia.
Así, intentar responder interrogantes fundamentales como por qué no funciona nuestro régimen político o por qué las libertades democráticas no se han visto acompañadas por igualdad de oportunidades económicas y de desarrollo para la población merecería tratamiento aparte. Por ende, mi intención en este texto es centrarme solamente en cómo los mexicanos encararemos la jornada del 5 de julio, a partir de la cual se renovarán la Cámara de Diputados, seis gubernaturas, la Asamblea Legislativa del DF y las 16 jefaturas delegacionales de la capital.
A grandes rasgos se plantean tres opciones: a) votar, consciente o inconscientemente, por los candidatos de un solo partido o de manera diferenciada; b) abstenerse, sea por indiferencia o como manifestación de protesta; y c) anular el sufragio como otra muestra de inconformidad.
Como apuntaba desde el principio, las dos últimas alternativas cobran cada vez más fuerza. Frente a esa realidad, asimismo, surgen otras preguntas como qué es lo que nos dice la abstención de nuestra sociedad o si el voto nulo tiene o no alguna utilidad.
El
suplemento Ideas del sábado pasado sirvió de arena para ese debate. En primer lugar, el politólogo César Cansino sostuvo que el abstencionismo, contrario a lo que suele pensarse, no necesariamente es signo de escasa cultura democrática, sino que habla de que la gente es capaz de discernir si tiene sentido o no acudir a la urna. Además, señaló que para estas intermedias —que tradicionalmente convocan menos participación que unas presidenciales— se espera un índice de abstención de 62% del padrón.
Respecto del voto nulo se dio una confrontación interesante. Por un lado,
Onésimo Flores afirmó que esta acción únicamente equivale a una expresión de descontento que no asume mayor compromiso con la vida pública y, por lo tanto, es como entregar un cheque en blanco a los políticos. Para él, en la medida en que quien anula la boleta no elige entre ninguno de los candidatos, no está en facultad de exigirles cuentas después.
En el otro extremo,
Andrés Lajous defendió el derecho al sufragio nulo al asegurar que se trata de una toma de postura, a saber: “Creo en la democracia y en las elecciones, pero no creo en ninguno de los que hoy quieren ser nuestros representantes”. A su juicio, aquel que no está convencido con la oferta político-electoral no está obligado a pronunciarse a favor del “menos peor”, sino que puede externar esa insatisfacción tachando la papeleta.
Polémica sin duda, la discusión invita a reflexionar por qué camino transitaremos durante la jornada comicial. En lo personal, considero que tanto abstenerse de votar como anular la boleta constituyen vías legítimas de manifestar nuestro descontento siempre y cuando cumplan con dos condiciones: primero, ser actos conscientes, pensados, no reacciones viscerales ni producto de la imitación, y segundo, ser sólo un componente de una actitud cívica más amplia, responsable, crítica y proactiva.
A mi entender, no importa cuán simbólicos resulten una baja participación o un alto porcentaje de votos nulos si los ciudadanos nos conformamos con protestar de esa forma y, una vez concluido el periodo electoral, dejamos de demandar a los gobernantes y a los representantes gestiones eficaces o, más aún, si no proponemos ni colaboramos en la mejora de la vida pública. Los políticos deberán atender el mensaje que dejen los comicios de julio. Nosotros también.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Tuesday, April 14, 2009

La responsabilidad en el olvido

Movimientos recientes a la cabeza de algunas instituciones públicas confirman una penosa costumbre de la política mexicana: el uso del cargo sólo como una plataforma para un proyecto personal, o bien para fortalecer intereses partidistas o de grupo, pero siempre haciendo a un lado las responsabilidades por atender.
La práctica no es exclusiva de un nivel del gobierno; se da tanto en el federal como en estatal y en el local. Tampoco distingue colores; la reproducen el PAN, el PRI y el PRD, y en los partidos minoritarios no hay muchos visos de un actuar diferente.
Primer botón de muestra: hace algunas semanas, en el DF, la panista Gabriela Cuevas dejó la jefatura delegacional en Miguel Hidalgo en busca de una curul en la siguiente Cámara de Diputados. Militante de Acción Nacional desde los 15 años, durante su gestión fue crítica constante de las obras emprendidas por la administración del perredista Marcelo Ebrard, aunque ella misma, aun después de renunciar al puesto, ha enfrentado duros señalamientos de vecinos de esa demarcación debido a la construcción todavía no concluida de ejes viales y pasos a desnivel.
El segundo ejemplo, curiosamente, también gira en torno de aquella delegación. En la disputa electoral, el PRD pretende aumentar su hegemonía en la capital del país lanzando a Ana Gabriela Guevara como candidata a jefa delegacional.
Sin embargo, la otrora reconocida atleta, única medallista olímpica mexicana en pruebas de velocidad y quien tanto reprochara la desatención oficial a las actividades deportivas, comienza su campaña con el antecedente negativo de aspirar a un nuevo cargo habiendo estado menos de un año en la titularidad del Instituto del Deporte del DF. Frente a ese hecho resulta casi inevitable pensar que la ex velocista sonorense simplemente cambió de prioridades y demostró poco compromiso con la causa que decía defender.
Muy similar es el caso del ex futbolista Carlos Hermosillo. Luego de ocupar desde principios de sexenio la dirección de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), el máximo goleador en la historia del balompié mexicano también decidió dejar la oficina para ir tras una diputación federal por el blanquiazul. A su relevó llegó Bernardo de la Garza, quien en 2006 fuera candidato presidencial por el indefendible Partido Verde Ecologista de México y no parece acreditar experiencia en materia deportiva.
De lo anterior es posible resaltar al menos tres aspectos: la forma en que el PAN echa mano de figuras conocidas como ex deportistas con el mero afán de recabar votos, que los hombres cercanos a Los Pinos gozan de preferencia al momento de los nombramientos en dependencias federales y, en lo que toca a la Conade, que todo indica que el deporte seguirá esperando un proyecto real y de largo aliento que lo saque del atraso.
El cuarto y último ejemplo al que quiero remitirme tiene que ver con otro doloroso rezago, el educativo. Como se sabe, Josefina Vázquez Mota dejó la Secretaría de Educación Pública (SEP) para ocupar el primer sitio en la lista de diputados plurinominales del PAN y, quizá, la coordinación de su bancada. Alonso Lujambio, antes comisionado presidente del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), fue designado en su lugar.
Aun sin considerar las fundadas críticas a la gestión de Vázquez Mota y al pacto entre el gobierno federal y el sindicato magisterial comandado por Elba Esther Gordillo, el solo hecho de que con motivo de las elecciones de julio próximo el Ejecutivo realizara cambios en el despacho encargado de la educación evidencia que este tema no ocupa un primer plano en su agenda. Y aunque Lujambio podría demostrar lo contrario, un sano escepticismo conduce a no generar demasiadas expectativas.
Los expedientes citados y muchos otros de los que podría darse cuenta corroboran que, como hace unos días nos escribía el lector José Jesús Sierra, la política ha perdido su virtud “porque el compromiso de servicio se cambió por la ambición del poder y del dinero”. Sin más, un diagnóstico tan certero debería llamarnos a todos buscar terminar con esa situación.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Saturday, April 11, 2009

Fidencio, suplantado hasta en el panteón

El martes 22 de junio de 1937, la segunda sección de El Universal mostraba como uno de sus encabezados principales: “El ‘Niño Fidencio’, muerto en Toluca de un tiro”. La versión sería desmentida unos días después


José de Jesús Fidencio Constantino Síntora, mejor conocido como el Niño Fidencio, el santo no reconocido por la Iglesia que cobró fama en el norte del país en la década de 1920 por sanar a los enfermos, y que incluso atendió al entonces presidente Plutarco Elías Calles, llegó a reunir en Espinazo, Nuevo León, el sitio donde practicaba sus curaciones, hasta a 30 mil personas en un solo día.
Tal popularidad, según lo explican José Luis Berlanga, Éric Lara y César Ramírez en el libro Las fiestas del dolor: un estudio sobre las celebraciones del Niño Fidencio (Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1999), se debió a tres factores: el carisma del personaje, su condición de pobreza que le permitía una identificación con la gente y una apariencia física similar a la de un infante, que en la tradición católica evoca inocencia, pureza y bondad.
Aunque el éxito de este hombre que nació en Guanajuato el 17 de octubre de 1898 tuvo también otros efectos. Uno de los menos difundidos es que en aquellos años, en otras partes de la República, surgieron impostores, falsos “Niños” que se hacían pasar por el original. He aquí un caso.


Noticia en la capital
El martes 22 de junio de 1937, la segunda sección de El Universal, en la ciudad de México, mostraba como uno de sus encabezados principales: “El ‘Niño Fidencio’, muerto en Toluca de un tiro”. Debajo del titular, extendido a lo ancho de toda la plana, otros elementos pretenden completar la información.
Primero aparece el “último retrato” de la supuesta víctima, una fotografía de archivo con el mismo Fidencio que puede observarse en otras placas de la época: un hombre delgado, de tez blanca, cabello lacio, frente amplia, ojos pequeños, nariz alargada, boca grande, barba partida. A su derecha viene la imagen del victimario, el gendarme Mario Méndez López, quien habría disparado al curandero en una taberna de la capital mexiquense.
Más abajo un sumario expone que el personaje, “que tuvo algunas semanas de popularidad en Espinazo”, se había mudado a Toluca.
La nota, finalmente, detalla que la policía se enteró de que “un individuo a quien se trata de identificar como el auténtico Fidencio Constantino, ‘El Niño Fidencio’, fue muerto en el interior de la cantina denominada ‘La Barra de Nautla’”. El gendarme —se dice— declaró a las autoridades que él se encontraba en el local cuando arribó Fidencio, con quien afirmó mantener amistad. Así pues, empezaron a jugar dominó, mas luego de un rato, aparentemente motivado por la discusión de un asunto de dinero, Méndez López tomó su pistola, disparó, hirió a su contertulio y busco huir, aunque en su intento fue detenido.
Tras la información del corresponsal el diario agrega una semblanza del “taumaturgo y santón”: “Comenzó a tener algún prestigio como curandero en la zona, y bien pronto su fama llegó hasta Saltillo, de donde se tuvieron las primeras noticias concretas acerca de él. Era un tipo raro, rarísimo. No aceptaba dinero de nadie; organizaba a sus enfermos y la gente sencilla del campo lo comenzó a rodear de aureola de santo y volaron las leyendas y consejas, a cual más absurdas, aun atrayentes acerca de su personalidad”.
“Su fama —continúa el rotativo— creció en forma tal que traspasó la frontera. Todos los desahuciados por la ciencia iban en busca del empírico solitario (…) Curaba con espuma de jabón, manteca batida, miel de abejas y un endiablado cocimiento que hacía con la ‘gobernadora’, los ramos de flores y las cajas de dulces que le obsequiaban. Todo lo mandaba echar a un perol de agua hirviente”.
Ya al cierre del texto, no obstante, se deja una advertencia: “Resultaron muchos ‘Niños Fidencios’ falsificados (…) vulgares estafadores con quienes las policía tenía que ver frecuentemente (…) Por los retratos que publicamos parece que puede ser Fidencio Constantino el muerto; pero estas líneas, posteriores a la noticia de nuestro corresponsal, se escriben con las reservas correspondientes”.


Muere el engaño, llega el sueño eterno
Dos días más tarde la versión seguía sosteniéndose. El 24 de junio incluso se consignaba que en los funerales del curandero, celebrados en Toluca, habían participado “no menos de dos mil personas”, un cortejo “tan nutrido que paralizó el tránsito de vehículos por las calles que recorrió”.
Sin embargo, a Fidencio, al verdadero Fidencio, aún no le había llegado la hora.
Así, recién concluidas las exequias del presunto santón, el engaño también murió. “‘El Niño Fidencio’ muerto no es el auténtico”, reportaba El Universal en su edición del sábado 26 de junio. Aunque la nota del corresponsal no revela el nombre del impostor, aclara: “El de Toluca era uno de los tantos falsos ‘Niños Fidencios’ que han resultado en el país. El de Espinazo hace una vida de ejemplar austeridad y sencillez”.
El curandero real, en todo caso, no tardaría mucho en pasar a la otra vida. Tan sólo 14 meses después del incidente de su impostor, el 19 de octubre de 1938, José de Jesús Fidencio Constantino Síntora fallecía en el lugar donde efectuaba sus sanaciones. Con apenas 40 años cumplidos, su defunción —de acuerdo con los testimonios— se habría debido al cansancio y a los malestares causados por las extenuantes jornadas de trabajo con sus pacientes.
Breves, unas cuantas líneas en la primera plana de El Universal del 20 de octubre se limitan a informar del deceso de aquel que “alcanzó tanto renombre en vista de que numerosas personas le atribuían curaciones maravillosas”. Por supuesto, esas palabras no podían prever que la fama y el culto de Fidencio trascenderían todo el siglo XX y llegarían hasta hoy, como también lo hace una de sus últimas imágenes.
Fechada en Espinazo el día de su muerte, la fotografía lo plasma rodeado de flores y acompañado por un cuadro de la Virgen de Guadalupe. Viste de blanco, su rostro ha dejado de ser delgado, la boca luce entreabierta, los ojos están cerrados. El Niño Fidencio descansa en el sueño eterno. El mismo que todos estamos destinados a dormir.

Nota: Esta historia, reconstruida con ayuda del Centro de Documentación y del Archivo Fotográfico de El Universal, aparece hoy en la página 4 del suplemento sabatino Ideas, en un número dedicado a los cultos populares. Aldolfo Castañón presenta el material principal, mientras que a cuenta de Lizbeth Hernández corre un texto muy completo sobre estas figuras.

Tuesday, April 07, 2009

¿México digital?

La Cámara de Diputados aprobó el jueves pasado la iniciativa de Ley para el Desarrollo de la Sociedad de la Información. El ordenamiento, enviado al Senado para su revisión, busca que la entrada de México en la era digital sea una prioridad de las políticas públicas de esta administración y de las siguientes, reducir la brecha social en el acceso a tecnologías y conocimientos, así como promover la mayor adopción de estos elementos por parte del Estado y del sector privado con la finalidad mejorar tanto la gestión gubernamental como la competitividad del país.
De primera impresión, estos objetivos resultan no sólo deseables sino congruentes con la actualidad: en una época en la que en todo el mundo es cada vez más constatable el adagio “información es poder” (para los gobiernos, para las empresas, para las instituciones académicas y para las personas), la nación no debe permitirse quedar rezagada respecto de los avances de las revoluciones tecnológicas. Sin embargo, una lectura completa de la legislación deja ver vacíos que —como ha ocurrido en otros casos— podrían bloquear cualquier buena intención.
Para comenzar, a pesar de que la iniciativa reconoce que en México hay enormes desigualdades, “pues existe un sector muy pequeño que se encuentra al mismo nivel de equipamiento y de conocimiento que los países del primer mundo, (mientras) existe un sector de la población que usa de manera elemental el medio (y) la gran mayoría de los mexicanos nunca han tenido la oportunidad de asomarse a la realidad de las computadoras e internet”, en todo su texto no brinda una sola pista acerca de cómo sería posible atacar y disminuir esa brecha.
Entiendo que, como señala el ordenamiento —disponible en la
Gaceta Parlamentaria—, una vez publicada la ley corresponderá al Ejecutivo federal elaborar la agenda digital nacional que servirá de base para diseñar las estrategias, los programas y las acciones concretas para el desarrollo de la sociedad de la información. No obstante, considero grave que desde la legislación no se exponga al menos un principio claro que guíe a las instituciones en la lucha contra tales disparidades.
Así, puede inferirse que los diputados ignoraron la magnitud del problema que se debe revertir o la incidencia de
otros factores que frenan la popularización de las nuevas tecnologías. Por ejemplo: ¿cómo llevar al país a la modernidad si únicamente 20% de los mexicanos tiene acceso a internet, si los monopolios en telecomunicaciones imponen sus condiciones y sus tarifas en el mercado, y si la inversión nacional en este rubro es baja? Todo lo anterior parece quedar soslayado.
Por otra parte, la ley también estipula la creación de una comisión intersecretarial encargada de coordinar las actividades entre dependencias y niveles de gobierno en materia digital, y de un consejo que evalúe los avances obtenidos. Pero si bien un proyecto como la digitalización del país puede justificar el establecimiento de organismos específicos, experiencias pasadas despiertan dudas sobre su funcionamiento.
El caso más reciente es el del Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura,
producto de la legislación aprobada en abril de 2008, de cuyas acciones y resultados poco sabemos y podemos palpar los ciudadanos. En ese sentido, del mismo modo en que esos órganos tendrían que realizar una más transparente difusión de su trabajo, todos deberíamos estar al pendiente de ellos y exigirles cuentas.
Una última crítica se desprende del artículo cuarto transitorio de la ley, que dispone que para las instancias arriba citadas “se aprovecharán los recursos humanos, materiales y financieros de las dependencias y entidades, por lo que no se requerirán recursos adicionales para tal fin”.
Esta medida, según el texto, responde a una política de austeridad. Empero, dados el tamaño y la ambición del reto, es ilógico defender la mesura en el gasto público en un ámbito que es capital para el desarrollo nacional, al tiempo que simplemente se olvida en otros como los exagerados sueldos de los altos funcionarios.
Resulta positivo que se pretenda llevar a México a la sociedad de la información a través de una política de Estado con visión de largo plazo. Sin embargo, debemos comprender que eso no se conseguirá con palabras, o sea, con el mero hecho de expedir una ley, y menos si ésta presenta deficiencias. Falta, pues, un largo camino por recorrer, uno en el que el primer paso consiste en que el Senado corrija la iniciativa enviada desde San Lázaro con el propósito de contar con un marco jurídico completo que abra las puertas para entrar en la era digital. De lo contrario, otra vez, tendremos sólo buenas intenciones. No más.

Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Friday, April 03, 2009

“A’i pa’ después”

Un conocido chiste refiere que México es el país del mañana: mañana lo arreglo, mañana te pago, mañana —o la siguiente semana— nos tomamos un café. Fuera del humorismo casi involuntario, la tendencia a postergar indefinidamente y sin justificación real la reflexión, las decisiones o las acciones tiene serias consecuencias en lo público y en lo privado.
Ejemplos abundan: la puerta que no reparamos o el foco fundido que no cambiamos hasta que un ladrón se mete a la casa o alguien tropieza en la oscuridad, o aquella persona que por exceso de confianza o franca desidia ignora una dolencia hasta que ésta se convierte en una enfermedad grave que antes podía prevenirse.
O claro, la nación que no se alarma ni pone manos a la obra hasta que la inmovilidad del régimen político, la indefinición frente al mundo, la dependencia económica, el desempleo, la inseguridad, el narcotráfico, el rezago educativo, la crisis ambiental y el desplome de la calidad de vida se ciernen sobre ella.
Lamentable en sí mismo, ese gusto por la postergación se torna más riesgoso en tanto que de él deriva el cortoplacismo, otro vicio común de nuestra historia contemporánea. Tan sencilla como en apariencia ineludible, la mecánica de ambos males funciona así: al abandonar la resolución de los problemas siempre para después, cuando llega el momento de afrontarlos asumimos la opción más rápida, la que nos saque del paso, no la mejor ni la que prevea las implicaciones o nuestros proyectos futuros.
¿Tráfico? Construyamos más vialidades; qué importa el transporte público. ¿Aumentan los crímenes? Enviemos más policías a las calles; no hay por qué investigar las causas de la delincuencia o combatir la corrupción que la permite. ¿Miles de jóvenes son rechazados por las universidades del Estado? Incrementemos los lugares en los planteles; qué más da si desde el nivel básico los estudiantes acarrean deficiencias o si por falta de puestos de trabajo, aun con una licenciatura, terminarán sumándose a la desocupación.
Así, por atender la superficie de una situación en lo inmediato nos olvidamos de su fondo y del largo plazo.
Me resisto a creer que dejar todo para el último minuto y a las carreras es una característica inherente a los mexicanos. Sin embargo, con molestia noto que la tradición cultivada desde el poder de mirar el horizonte con un alcance no mayor a lo que dura un cargo ha dejado una profunda huella en quienes aquí habitamos. Una marca que deberíamos comenzar a borrar ya. ¿O lo vemos mañana?

Nota: Este texto fue solicitado por un viejo amigo, Rodolfo Villagómez, para la revista Tangente, que circula en Oaxaca y me parece espera hacerlo en el DF. En esta segunda ocasión que colaboro con ellos, él ahora sólo determinó la extensión; yo, el tema.

Wednesday, April 01, 2009

La ciudad “junto a un monte grande” [crónica]




MONTERREY, Nuevo León.— Américo, un taxista con 28 años en el oficio y originario de Cadereyta, municipalidad a la mitad del estado, pone al descubierto la ignorancia del cronista: “Del aeropuerto al centro son 32 kilómetros, ¿a poco se los iba a echar a pie?”.
A la izquierda, sobre la carretera Miguel Alemán, la vista del Cerro de la Silla acompaña el camino hacia la ciudad. Al frente se extiende la Sierra Madre Oriental. “Aquí estamos entre montañas”, resume el conductor.
Después de los municipios de Apodaca, San Nicolás y Guadalupe aparece Monterrey, cabecera de una de las zonas metropolitanas más importantes del país con una población de 3.8 millones de habitantes y un territorio de 5 mil 771 kilómetros cuadrados. Sitio de tradición industrial, cuna de empresas como Cementos Mexicanos, Vitro y Soriana.
En el centro destaca la Macroplaza. Custodiada en sus cuatro esquinas por estatuas de Miguel Hidalgo, Benito Juárez, José María Morelos y Mariano Escobedo, en uno de sus extremos alberga el Palacio de Gobierno. En el otro se ubica un monumento que evoca un episodio contemporáneo de la relación México-Estados Unidos: el encuentro efectuado en 1992 entre los entonces presidentes Carlos Salinas de Gortari y George H. W. Bush para prender “el fuego de la amistad”.
Hasta hace unos días, sin embargo, las tensiones habían aumentado debido al intercambio de acusaciones respecto de la responsabilidad de cada nación en la lucha contra el narcotráfico. Tras numerosas declaraciones de funcionarios de ambos lados de la frontera, la tormenta diplomática quedó calmada —al menos de momento— con la visita que la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, realizó al Distrito Federal y luego, precisamente, a la sultana del norte.
Delante de la Macroplaza un muro retoma las palabras con las que el conquistador español Diego de Montemayor se refirió al lugar más de cuatro siglos atrás. La ciudad “junto a un monte grande”, escribió el ibérico en el decreto de su fundación fechado el 20 de septiembre de 1596.
La pared también precede el inicio de uno de los grandes atractivos turísticos locales: el Paseo Santa Lucía. Se trata de un corredor de 2.5 kilómetros por el que fluye la corriente de un ojo de agua y en cuyo derredor se observan algunos negocios, áreas verdes y numerosos visitantes que disfrutan de la recién comenzada primavera. El trayecto se interna en otro símbolo regiomontano, el Parque Fundidora, un amplio y concurrido espacio ecológico que hace homenaje a industrias como la del acero.
Frente a esa belleza, no obstante, los recordatorios de los problemas que padece Monterrey literalmente transitan por sus calles. Así, retratos de pobreza como los indigentes distribuidos en varios puntos de avenida 15 de Mayo contrastan con que el vecino San Pedro Garza García sea el municipio de mejor nivel de vida en todo México.
Del mismo modo, los soldados que patrullan la ciudad y las declaraciones de Guillermo Moreno Serrano, comandante de la Cuarta Región Militar, hablan del combate a los cárteles de la droga que se lleva a cabo en la entidad. La presencia del narcotráfico, señaló el general de División al diario El Norte, tiene “bastante peso” en la zona, circunstancia que obliga a mantener la actividad castrense. Y vale decir que esa misma lógica, sin plantear otras respuestas para atacar al crimen organizado, se reproduce a nivel nacional.
En año de elecciones, por último, la disputa política cobra fuerza. El gobierno del estado presume sus obras en televisión y en anuncios espectaculares con la imagen del cantante Lupe Esparza y con el lema “El progreso se demuestra con hechos”.
Américo está de acuerdo. Para él, el mandatario Natividad González Parás, del PRI, “la ha hecho bien”, aunque augura que el PAN se llevará tanto la gubernatura como la principal alcaldía. En todo caso, en virtud de lo que muestran los medios de comunicación, es claro que el ganador de la contienda del próximo 5 julio se definirá entre los candidatos del tricolor, Rodrigo Medina, y del blanquiazul, Fernando Elizondo.
Montañas, sol, plazas, carritos que venden nachos y hot dogs, playeras de los Tigres y de los Rayados, pronósticos políticos, el andar de los regiomontanos… Más allá de todo esto llega, inevitable, la escala que pone fin al recorrido: la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Ahí, entre la Rectoría y el estadio de futbol, el cronista encuentra algo que le hará atesorar este viaje en la memoria. A la entrada de la biblioteca lee una frase de Alfonso Reyes: “Defended, contra las nuevas barbaries, la libertad del espíritu y el derecho a las insobornables disciplinas de la verdad”. En su elegancia, en su idealismo, la máxima le confirma el sentido del saber, le despierta una sonrisa, lo colma de ánimos. Ahora puede regresar a casa.

Tuesday, March 31, 2009

El problema del agua, una “bomba de tiempo”: investigadores

Autoridades locales y federales, afirman, deben atender criterios técnicos en la búsqueda de soluciones, no intereses partidistas


Plantean establecer un sistema tarifario diferenciado para recaudar más recursos por el servicio y promover el ciudado del líquido


El problema de abastecimiento de agua al Valle de México es una “bomba de tiempo” que las autoridades federales y locales no están atendiendo en toda su gravedad, señalaron investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Azcapotzalco (UAM-A).
Los académicos Lilia Rodríguez Tapia y Jorge A. Morales Novelo explicaron que ante el aumento de la demanda del líquido, producto del crecimiento de la población y de las actividades económicas, históricamente la respuesta gubernamental ha sido incrementar la oferta mediante la sobreexplotación de los mantos acuíferos y la importación de agua de otras regiones.
Tales medidas, sin embargo, no han solucionado el problema porque el mantenimiento de los sistemas de distribución tiene entre 15 y 20 años de retraso, porque sigue desperdiciándose alrededor de 40% del recurso y porque el costo de éste para uso doméstico es bajo. En consecuencia, afirmaron, el déficit de disponibilidad del líquido prevalece y cada vez será mayor.
“Estamos en un punto en el que hacemos algo o esto se va a volver una catástrofe”, comentó Morales.
Frente a esa situación, los también coordinadores del libro Economía del agua —editado por la UAM y por la Cámara de Diputados en 2007— proponen que las dependencias oficiales, en lugar de buscar aumentar la oferta del líquido, diseñen estrategias para administrar la demanda, es decir, para que todos los usuarios lo empleen de forma eficiente.
En primer término, sostuvo Rodríguez, “la población debe tener conciencia del cuidado de sus recursos naturales, y las autoridades, de que la política ambiental es un objetivo de sustentabilidad que no debe ser ligado a cuestiones políticas”. En ese sentido —continuó—, corresponde a los gobiernos federal, del DF y del estado de México resolver el asunto a partir de criterios técnicos, mas no de intereses partidistas.
Otros mecanismos posibles de instrumentar son la instalación de equipos ahorradores, la creación de leyes más estrictas que impidan que la ciudad crezca a ritmo acelerado, la reforestación de áreas verdes para favorecer la recarga de los mantos acuíferos, la promoción de la cosecha de agua de lluvia y el ajuste a las tarifas por el servicio.
Morales consideró que los precios que se pagan por el líquido en la capital son “regresivos”, puesto que los sectores sociales con mayores dificultades para acceder al recurso son los que desembolsan más dinero por él, en tanto que quienes lo tienen en abundancia pueden darle usos no prioritarios como llenar albercas e incluso desperdiciarlo.
Por esa razón plantea que deben subir las cuotas para que la ciudadanía en general valore más el agua y logre incrementarse la recaudación. Aclaró que no se trata de “hacer tabla rasa” para que a todos se les cobre lo mismo, sino de establecer un sistema tarifario diferenciado con base en variables como el uso para el que se destina el líquido, la ubicación de los usuarios y su nivel de ingresos.
Igualmente, reconoció que tratar el tema de las tarifas es complejo y que quienes se oponen a esta idea argumentan que el agua es un derecho humano y debe ser gratuita. No obstante, insistió en que, “precisamente porque es un derecho humano”, debe discutirse cómo elevar los precios para cuidar que la garantía de acceso al líquido “se cumpla en el largo plazo”.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven... Y como update adicional, me alegra decir que siempre sí se publicó en el impreso de El Universal, en la página A11 de la sección DF y Metro de este jueves.

Tuesday, March 24, 2009

Ciudadanos demandan que diputados paguen sus impuestos; esperan respuesta

Entre el 22 de febrero y el 5 de marzo, agrupación reunió 3 mil 500 firmas para respaldar su petición; el documento fue entregado a la Oficialía de Partes de San Lázaro, que deberá hacerlo llegar al presidente de la Mesa Directiva de la cámara


Integrantes del grupo ciudadano Dejemos de Hacernos Pendejos (DHP) llevaron a la Cámara de Diputados la petición de información, firmada por más de 3 mil 500 personas, para que los legisladores federales aclaren mediante qué mecanismo les fueron devueltos los impuestos de su aguinaldo correspondiente a 2008.
El miércoles pasado, miembros de la organización acudieron al Palacio Legislativo de San Lázaro con el objetivo de entregar el documento al priísta César Duarte Jáquez, presidente de la Mesa Directiva.
Sin embargo, de acuerdo con Javier Ruiz, encargado de comunicación en DHP, Duarte no los recibió ya que —según les explicaron— se encontraba de viaje fuera del país, mientras que su secretario particular tampoco los atendió. Por ese motivo, la petición fue dejada en la Oficialía de Partes del recinto para que ésta la haga llegar a su destinatario.
En diciembre, diarios como
El Universal publicaron que a los 500 diputados les serían restituidos los 38 mil 899 pesos de impuestos sobre su aguinaldo a través de compensaciones asignadas a las fracciones parlamentarias dentro de la cámara. De ese modo, a cada uno se le otorgaría íntegra su gratificación de fin de año, equivalente a 101 mil 604 pesos.
Según Maite Azuela Gómez, representante de DHP,
sólo cuatro legisladores rechazaron que se les regresara el monto del gravamen.
A raíz de esa información, el grupo decidió ejercer los derechos constitucionales de petición y de libre asociación para participar en los asuntos políticos, contenidos respectivamente en los artículos octavo y 35, a fin de pedir a los congresistas que esclarezcan cómo operó la devolución de impuestos, que comprueben sus gastos, que cumplan con sus obligaciones fiscales y que, de constatarse que se cometió algún delito, se dé cuenta a la Procuraduría General de la República (PGR).
Para dar fuerza a su demanda, DHP, constituida por cerca de 10 mil personas vinculadas por la red social Facebook, organizó una colecta de firmas que se llevó a cabo entre el domingo 22 de febrero y el jueves 5 de marzo, y que
fue consignada en este espacio. En total suscribieron el documento 3 mil 500 ciudadanos, mil en papel y 2 mil 500 vía electrónica.
Jorge Raúl Nahum, representante de la agrupación responsable del sustento jurídico, expuso en entrevista telefónica que una vez que la petición fue entregada al presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, éste tiene alrededor de 90 días para responder y proporcionar la información solicitada. La actual Legislatura, no obstante, termina funciones en septiembre.
La autoridad, remarcó Nahum, “tiene la obligación constitucional de contestar”.
Cuestionado acerca de cómo procedería DHP en caso de que San Lázaro ignorara su exigencia, indicó que una posibilidad sería promover un juicio de amparo por violación a la garantía individual consagrada en el artículo octavo de la Carta Magna. De esa manera, continuó, si los legisladores se niegan a dar respuesta, es posible recurrir a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para que ésta los fuerce a hacerlo.
Por su parte, Javier Ruiz mencionó que la labor de los medios de comunicación es importante para dar peso a esta causa.
“Presionaremos por todas las vías”, afirmó Nahum, quien coincidió en que los altos sueldos de los servidores públicos provocan un descontento generalizado en la ciudadanía, y más aún si a esas percepciones se suman prácticas como el incumplimiento del pago de impuestos.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Tuesday, March 17, 2009

Anticipemos la sequía

El fin de semana pasado, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) efectuó la segunda reducción programada del suministro a 10 delegaciones del Distrito Federal y a 13 municipios del estado de México. Con esta acción, según cálculos de la prensa, fueron afectados alrededor de 5.5 millones de personas.
La medida, que se repetirá en tres ocasiones más hasta junio, responde a que las siete presas que abastecen al Sistema Cutzamala en enero se encontraban a 62% de su capacidad debido a las pocas lluvias registradas durante 2008. Por lo tanto, se hizo necesario racionar el líquido para evitar una mayor escasez hacia mediados de año.
En esa línea, apenas el viernes
El Universal informaba que, a decir de la Conagua, en marzo el nivel llegó a 51%, y para abril y mayo podría descender hasta 40%. Así las cosas, el reto de cómo proveer de agua al Valle de México nos llama a actuar ya antes de que estalle alguna crisis social.
Investigadores como Lilia Rodríguez Tapia y Jorge A. Morales Novelo han advertido que con el alto consumo actual y con las formas inadecuadas de uso del líquido por parte de la sociedad y del sector productivo, “bastaría una generación para que los recursos hídricos pasaran de ser un problema crítico de escasez y de seguridad nacional a otro de supervivencia, de alarma nacional, de acuerdo con el propio reconocimiento del gobierno mexicano”.
En el libro Economía del agua, editado en 2007 por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y por la 60 Legislatura de la Cámara de Diputados, los académicos señalan que el tema debe ser visto desde las perspectivas global y local: en él influyen factores como el calentamiento del planeta pero las soluciones concretas deben aplicarse en el ámbito comunitario, el más cercano a la gente.
También explican que el problema en la capital del país y la zona conurbada ha alcanzado la gravedad actual puesto que, ante el aumento histórico de la demanda derivado del crecimiento demográfico e industrial, los distintos gobiernos simplemente se han dedicado a explotar más el recurso sin reparar en las consecuencias de largo plazo. Lo anterior ha tenido como resultado fuertes gastos para el Estado, que entre las personas no se haya promovido la indispensable valoración y el cuidado del líquido, así como sobreexplotación de cuencas y mantos.
Frente a ese escenario proponen retomar el concepto de Gestión Integral de los Recursos Hídricos (GIRH), expuesto durante el IV Foro Mundial del Agua México 2006, a fin de encaminar las políticas públicas hacia una administración “económicamente eficiente, socialmente equitativa y ambientalmente sustentable”.
Lograr esa meta, afirman, pasa por que el Estado actúe bajo la premisa de garantizar a todos los mexicanos el acceso al líquido, pero igualmente por que éstos abandonen patrones culturales que favorecen el desperdicio y asuman mucho mayor responsabilidad respecto de su uso.
En la obra citada, Hilda R. Dávila y Roberto M. Constantino aseguran que un mecanismo rápido para impulsar ese cambio cultural entre la ciudadanía consiste en subir las tarifas por el servicio. A su juicio, no se trata de elevar los precios de manera generalizada porque eso golpearía a los sectores sociales de menores ingresos, sino de establecer un sistema tarifario administrable, transparente y creíble que despierte en la gente conciencia del valor del agua, que refleje mejor el costo del suministro y que dote al aparato estatal del dinero requerido para el mantenimiento y la modernización de la red hidráulica.
Claro está, el mero planteamiento de incrementar importes acarrea su cuota de impopularidad, por lo que en pleno año electoral y en contexto de crisis, es poco probable que algún partido político haga suya esa propuesta. Sin embargo, me parece que la idea debe trascender la época de comicios y discutirse seriamente puesto que puede convertirse en un componente de nuestra solución al problema del abasto de agua.
Sin ser alarmistas (o “catastrofistas”, para emplear una palabra de moda), conforme pase el tiempo el reto se tornará más complicado tan sólo por hechos inevitables como el crecimiento de la población. Por ello, insisto, es imprescindible enfrentarlo ya antes de que todos nuestros depósitos, tuberías y grifos se sequen. O peor aún, nuestras gargantas.

Nota: Este texto aparece hoy en e-joven. Al final del post también se publican algunas recomendaciones del Consejo Consultivo del Agua para ahorrar el líquido.

Wednesday, March 11, 2009

Mil días en la ‘bloggósfera’

Boto la formalidad por un momento. Reconozco que me gusta la palabra changarro, una más del sonoro y popular catálogo de vocablos con ch del que disponemos los mexicanos: chale, chido, chacaleo, chismear, cuchichear, chula, chelear, chonchito, chingar en todas sus acepciones y con todos sus derivados.
Changarro: tendejón, negocio, lugar de trabajo. Voz coloquial, fácil de recordar, fuerte. Sí, me agrada. Es por eso que lamento como pocos el desprestigio en el que ha caído por su asociación con la tradición foxiana (sic). Afortunadamente, sin embargo, como sostiene el español Álex Grijelmo, el lenguaje es lo suficientemente vivo y libre como para deshacerse de tales y peores lastres.
Sirva la anterior divagación para transmitirles el sentido que para mí tiene esta fecha: el tercer aniversario de este blog, es decir, que mi changarro cumple más de mil días presente en la bloggósfera.
El 11 de marzo de 2006, esta bitácora nació —vale la pena reconocerlo nuevamente— por el impulso de la clase de Taller de Diseño Editorial de la profesora Virginia Careaga, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Muy poco después, empero, lo que empezó como una tarea escolar se transformó en un medio expresivo de mucho mayor significado.
Tan sólo durante su primer año este espacio me permitió, por un lado, jugar en la web con las posibilidades de la comunicación horizontal, o sea, ser productor y no únicamente receptor de contenidos. Por el otro, también me ayudó a reafirmar una de mis grandes pasiones, escribir, y a conocerme más a mí mismo a través de mis textos y de la interacción con otros, de la lectura de sus blogs, de sus comentarios, de sus críticas, de sus inquietudes, de sus historias.
Igualmente, con el tiempo este lugar se ha erigido en el estante en el que está exhibido casi todo mi trabajo, desde algunos intentos de cuento, mis primeras notas e inexpertos análisis, hasta las crónicas, las entrevistas, los perfiles, los reportajes y los artículos que he publicado. Por ello, aquí se reúnen tanto mis errores como mis aciertos, pero, sobre todo, el constante esfuerzo por generar un periodismo digno de tal nombre y la completa libertad de los visitantes para estar de acuerdo, para discrepar o para opinar lo que les venga en gana.
A tres años de haber comenzado esta bitácora reitero que mantenerla viva ha resultado, a la vez, un reto y un enorme gusto. Una satisfacción que, justo es decirlo, no habría sido ni sería posible sin el apoyo de muchas personas, y en particular de todos los bloggeros enlistados a la derecha de sus pantallas. A todos ellos, mi gratitud por compartir el deseo de crear sitios para comprender el mundo, para repensarlo, para reconstruirlo.
Y gracias asimismo a quienes por alguna u otra razón se han paseado por estos rumbos del ciberespacio. Espero que la visita, planeada o accidental, les fuese grata y llegue a repetirse.
Termino ya la perorata y me despido. Pero, por favor, recuerden que las puertas del presente espacio se quedan abiertas. Este changarro, a diferencia de otros, ténganlo por seguro, nunca se deja encargado. El responsable queda al tanto y siempre, siempre estará gustoso de recibirlos. Seguimos bloggeando.

Tuesday, March 10, 2009

Salvemos a los periódicos

Los medios impresos atraviesan por un periodo sumamente complicado. A los retos diarios de estar al tanto de la realidad, de proponer temas, enfoques o contenidos novedosos, de mantener independencia editorial y de atraer lectores, se suman los de sortear la crisis global y de afrontar el avance tecnológico.
A finales de octubre de 2008, por ejemplo,
David Carr relataba en The New York Times: “Han sido días especialmente podridos para quienes escriben sobre la hora de cierre. El jueves, The Christian Science Monitor anunció que, después de un siglo, dejaría de publicar su versión diaria en papel. Time Inc., casa de las revistas Time, Fortune, People y Sports Illustrated, comunicó que cortaría 600 plazas y que reorganizaría su staff. Y Gannett, la más grande editora de periódicos en Estados Unidos, completó la aspereza al informar que reduciría 10% de su fuerza laboral —más de 3 mil personas”.
La recesión —explicaba Carr— no sólo golpea los ingresos de los bancos, de la industria automotriz y de las tiendas departamentales, sino que, por extensión, impacta en los medios impresos pues éstos reciben menos publicidad de parte de sus principales anunciantes.
Tal fenómeno, por supuesto, también lo observamos en México. Desde hace aproximadamente año y medio ha sido posible ver la disminución en el número de anuncios y de páginas en algunos diarios, la fusión de secciones, recortes de personal o, en el extremo, como ocurrió en octubre pasado,
la desaparición de publicaciones como El Centro.
Además, aunque las cifras son imprecisas dadas las dificultades para medir audiencias, todo indica que la gente con computadora y acceso a internet prefiere cada vez más consultar información periodística o de entretenimiento a través de la web en lugar de comprar las publicaciones tradicionales. Como apuntó
Onésimo Flores en un artículo aparecido el jueves, la lógica es simple: ¿para qué adquirirlas “si su contenido está en la red, de manera gratuita, actualizándose casi al instante”?
Las ediciones on-line de periódicos y revistas, en efecto, parecen ganar adeptos. Sin embargo, debido a su gratuidad, no generan más recursos que sustenten y hagan rentables las empresas informativas, o cuando menos no en la cantidad suficiente como para augurar una etapa de prosperidad en el corto plazo.
Asimismo —de nuevo citando a Flores—, la alternativa de restringir el acceso a las coberturas noticiosas sólo a quien pague una cuota entraña un “riesgo antidemocrático” y, por lo demás, muy pocos medios toman ese camino por el temor de ahuyentar a la potencial audiencia.
Enredados en una trama en la que se entreveran muchos hilos, hoy no se ve una salida clara a la crisis que viven los medios impresos. De un lado, los futuristas pronostican su pronta extinción y el paso a diversos mecanismos personalizados de consumo de información. Del otro, quienes nos asumimos gustosos integrantes de la Galaxia Gutenberg sabemos que el avance tecnológico es inevitable pero, al mismo tiempo, deseamos que se siga reconociendo la importancia cognoscitiva, afectiva e incluso práctica de la tinta sobre el papel.
Mientras tanto, es decir, mientras se esclarece el porvenir de periódicos y revistas, tanto quienes estamos dentro como quienes están fuera de las redacciones podemos hacer algo por salvar estos grandiosos productos culturales.
Los gobiernos, en ese sentido, además de respetar la libertad de expresión y de evitar caer en la tentación de cooptar publicaciones en dificultades financieras, deben crear un ambiente económico sano, ajeno a las desregulaciones, a los monopolios y a las ganancias de unos cuantos.
Los lectores, por otra parte, pueden detenerse a reflexionar y a valorar el trabajo colectivo que hay detrás de los materiales que leen.
Y, finalmente, quienes estamos en la trinchera debemos como gremio preguntarnos qué nos ha empujado al borde de la desaparición; ser autocríticos; repensar y retomar nuestra función social como difusores de las actividades humanas; acercarnos a la gente; realizar un trabajo más veraz, más preciso, más creativo, más crítico; recordar a la comunidad, con argumentos y con nuestra labor diaria, por qué debemos existir.
En suma, debemos ser nosotros, los periodistas, los primeros en buscar rescatar la representación material de nuestra profesión.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Tuesday, March 03, 2009

El IFE y las lecciones de la avaricia

Hacia la tarde del miércoles pasado caía la bomba informativa: los consejeros del Instituto Federal Electoral (IFE) se aprobaban un sustancioso aumento salarial. Aunque en las versiones preliminares había imprecisiones pues unas consignaban un aumento de 40%, otras de 60% y algunas incluso de 100%, el hecho de inmediato despertó indignación.
La molestia radicaba no sólo en lo convenenciero de la justificación (acatar la ley, afirmaban, que estipula que los sueldos de los integrantes del Consejo General del IFE sean iguales a los de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación) o en lo ya elevado de los ingresos actuales (alrededor de 170 mil pesos al mes), sino en el contexto de crisis que vive el país: desaceleración económica, bajo consumo, despidos, desempleo.
Fue debido a ese rechazo público que, para la noche de ese mismo día,
los consejeros frenaron su intento. Para el jueves, de plano, el aumento quedaría sepultado.
Cerrado este expediente es posible obtener de él al menos tres lecciones. La primera de ellas es que, a unos días de que comience el periodo de campaña rumbo a las elecciones federales intermedias, el IFE tiene una imagen severa y peligrosamente deteriorada frente a la sociedad. Si ya desde julio de 2006 había quedado mermada la credibilidad en la institución, los esfuerzos por restaurarla han sido deficientes.
Muchas dudas ha despertado, por ejemplo, la renovación escalonada del Consejo General planteada en la reforma electoral de 2007, dados los
vínculos que se han documentado entre varios consejeros y distintos partidos políticos. También ha sido cuestionada la capacidad del instituto para hacer cumplir la ley en lo que toca a los concesionarios de los medios electrónicos, situación que recién fue expuesta tras la decisión de perdonar las sanciones a Televisa y a TV Azteca por ignorar las pautas de transmisión de los spots de organismos y autoridades en la materia.
En su momento,
Lorenzo Córdova señaló lo absurdo de colocar sobre la Constitución el acuerdo signado entre el IFE y la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT), según el cual los radiodifusores se comprometían a obedecer la legislación de ahora en adelante.
Luego de esa muestra de debilidad, la intentona de parte de los consejeros de subirse el sueldo representa otro duro golpe en la frágil confianza social en el IFE. Así las cosas, quizá la institución tenga su última oportunidad para reivindicarse y asumirse como un árbitro eficaz en la contienda del 5 de julio.
La segunda lección, por otra parte, descansa en el evidente enfado ciudadano con motivo de los onerosos ingresos de los altos funcionarios públicos. Consejeros, ministros, legisladores, gobernadores, presidentes municipales, el Estado mexicano en su conjunto debería ya tomar nota de los excesos en estas erogaciones y de sus consecuencias en la percepción de la gente y en el presupuesto.
Con toda razón, colaboradores de El Universal como
Rogelio Ramírez de la O han insistido en el desperdicio que significa destinar cuantiosos recursos estatales a gasto corriente, cuando podrían invertirse en la infraestructura y el fomento al empleo que México requiere. Hoy mismo, igualmente, Alberto Aziz Nassif repara en que “urge una regulación salarial republicana que detenga el abuso”.
Para terminar, la tercera lección aporta el tono optimista, esperanzador, a saber: que los consejeros del IFE desistieran de aumentar sus ingresos demuestra que —a pesar de todo— la presión social puede tener un impacto en las decisiones de las instituciones públicas.
Es cierto que la voz de la sociedad suele ser poco escuchada o francamente ignorada por las autoridades de todos los poderes y niveles, pero justo por esa circunstancia los ciudadanos tendríamos que tomar conciencia del peso específico que podemos adquirir en la vida del país, y también tendríamos que organizarnos para exigir gobiernos capaces y transparentes, leyes en serio representativas y acceso a una justicia real, no de élites.
Más allá del escándalo, como vemos, este episodio de los sueldos de los consejeros del IFE arroja duras enseñanzas para el propio instituto, para los servidores públicos y para México entero. A todos nos convendría tenerlas en cuenta.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Friday, February 27, 2009

El desastre de aferrarse al poder


Zimbabue se convertía en país independiente el 17 abril de 1980. Durante una ceremonia en el estadio Salisbury —relataba John F. Burns para The New York Times—, el príncipe Carlos entregaba el poder de la antigua colonia británica al reverendo Canaan Banana, quien asumiría como presidente.
Otra figura, sin embargo, se llevaría la mayor cantidad de ovaciones: Robert Gabriel Mugabe, el guerrillero que había luchado en favor de la mayoría negra y que recién había sido nombrado primer ministro.
Casi tres décadas después, la inflación en la nación africana rebasa los seis dígitos, el desempleo alcanza a 80% de la población, una epidemia de cólera ha afectado al menos a 70 mil personas y, a pesar de lo anterior, Mugabe sigue al mando.
Internacionalistas como Eugenio Anguiano reparan en la transformación que se ha operado en este personaje. De ser un líder del movimiento independentista que enarboló la bandera de la unidad entre negros y blancos —apunta el académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE)—, el mandatario zimbabuense devino en un megalómano, es decir, en un hombre que, cautivado por el poder y por el culto a sí mismo, ha sabido manejar los hilos necesarios para neutralizar a sus opositores.
Mugabe nació en Kutama, entonces Rodesia del Sur, el 21 de febrero de 1924. Fue maestro de primaria y estudió Letras y Economía en Sudáfrica y Londres, respectivamente.
En 1960 se unió a la guerrilla de la Unión Popular Africana de Zimbabue, que comenzó una batalla contra la administración del premier Ian Smith. Sin el apoyo de Gran Bretaña ni de la comunidad internacional, Smith había implantado un régimen con dominio de la minoría blanca.
Dentro de ese contexto, el descontento entre la mayoría negra se fermentó y tuvo lugar una larga confrontación armada que terminó en 1979, cuando se firmaron acuerdos de paz, se formó un gobierno de transición y se convocó a elecciones para el año siguiente. Una vez reconocida la independencia de la nueva república, Banana ocupó la Presidencia, mientras que Mugabe —considerado un héroe—, el cargo de primer ministro.
No obstante, las disputas no concluyeron ahí. Mugabe presionó hasta hacerse del poder y, ya como jefe del Ejecutivo, promovió una reforma agraria para quitar a los blancos la posesión de sus tierras. Empero, la ineficacia y la poca transparencia en el reparto provocaron que la nación, pese a su enorme potencial agrícola, cayera en la pobreza.
Acciones como ésa, la represión que ha hecho de sus competidores —denominada Gukurahundi en la lengua shona— y lo cuestionado de los comicios a través de los cuales se ha reelegido le han valido sanciones de occidente, particularmente de Estados Unidos y del Reino Unido.
El último de estos episodios ocurrió en las elecciones de 2008. En ellas, aunque los resultados preliminares dieron el triunfo a Morgan Tsvangirai, del Movimiento Democrático de Cambio, el gobierno de Mugabe desconoció los datos y llamó a una segunda ronda de votaciones. Los opositores se negaron a participar bajo el argumento de que recibían amenazas del aparato del Estado y, así, Mugabe declaró su victoria.
A pesar de ello, las críticas internas y externas llegaron al punto de que el mandatario se vio obligado a llamar a Tsvangirai a colaborar con él y nombrarlo primer ministro. Apenas calmadas las aguas de la política, ahora ambos deben enfrentar un alarmante escenario económico y de salubridad pública.
Zimbabue, advierte Anguiano, vive una crisis humanitaria para la que no se observa una salida fácil. Una posibilidad, explica, es que Mugabe, ya débil a sus 85 años, se retire del poder. Otra, que se alce y asuma el mando del país algún grupo integrado por las fuerzas de seguridad en las que ha sustentado su gobierno. La estabilidad, en todo caso, está ausente de cualquier escenario.
En Ébano, su célebre libro sobre África, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski escribió: “Nos movemos en un mundo en que la miseria condena a muerte a unos y convierte en monstruos a otros. Las primeras son víctimas, y los segundos, verdugos. No hay nadie más”. La realidad apunta a que los zimbabuenses continuarán padeciendo tal presagio.


Nota: Este perfil fue publicado en el espacio Retratos, de la página 2 de la primera sección de El Universal.

Tuesday, February 24, 2009

Reúnen firmas para exigir que diputados paguen sus impuestos

La agrupación Dejemos de Hacernos Pendejos demanda, con base en los derechos constitucionales de petición y de libre asociación, que los legisladores cumplan con sus obligaciones fiscales


Mil 230 personas han firmado, ya sea en papel o vía electrónica, la petición que el grupo ciudadano Dejemos de Hacernos Pendejos (DHP) planea enviar a la Cámara de Diputados con el propósito de que los legisladores federales expliquen a través de qué mecanismo les fueron devueltos los impuestos que debían pagar de su aguinaldo de 2008.
Este domingo, integrantes de la agrupación instalaron mesas en cinco puntos del DF —las colonias Polanco, del Valle, Condesa, Centro y Jardines del Pedregal—, donde, afirman, se registraron 400 participantes. Asimismo, en la página web de DHP, en la que continuará la recopilación de firmas hasta el próximo 1 de marzo, se sumaron al movimiento 800 adeptos más.
La demanda de este grupo surge de notas periodísticas publicadas por diarios como El Universal el pasado 11 de diciembre.
En la
edición de ese día el rotativo dio a conocer que a los 500 diputados les sería restituido el gravamen sobre su aguinaldo, es decir, 38 mil 899 pesos, mediante compensaciones asignadas a cada fracción parlamentaria. De esa forma, la gratificación íntegra que recibió cada legislador ascendió a 101 mil 604 pesos, en tanto que su sueldo mensual es de 152 mil pesos.
Así, con base en los artículos octavo y 35 constitucionales —que consagran los derechos de petición y de libre asociación para tomar parte en los asuntos políticos—, DHP exige que los miembros de San Lázaro informen cuál fue el mecanismo por el que “han sido recuperados de los impuestos sobre su aguinaldo correspondiente a 2008, por medio de diversas figuras y posiblemente a cargo de las subvenciones con las que cuenta la Cámara (...) y cuyo monto asciende aproximadamente a 500 millones de pesos”.
Otras de las peticiones del grupo son que se revoque la decisión por la cual los diputados han sido recuperados de esos gravámenes, que los coordinadores de los grupos parlamentarios comprueben y justifiquen los gastos de los fondos que hayan recibido y, finalmente, que se proceda por la vía penal si se considera que en esta acción se cometió algún delito.
“Simplemente les pedimos que aclaren el punto y, si les regresaron los impuestos, que los paguen”, señaló Jorge Raúl Nahum, uno de los representantes de DHP.
En entrevista, relató que el movimiento surgió “hace más o menos un año”, cuando grupos de compañeros en la red social Facebook empezaron a expresar preocupación por temas como los secuestros, los robos o la política: “Hasta que en los comentarios surge la cuestión: ‘Sabemos que México está mal, pero ninguno hacemos nada’”.
De ese modo, dijo Nahum, DHP nació ante la conciencia de que “México no está bien” y con la filosofía de que “ya estoy harto de que me veas la cara, de que me engañes”.
“Queremos que sean miles de mexicanos, para que los diputados sepan que no estamos de acuerdo en que todos paguemos y ellos se regresen los impuestos, (aun) con las sumas millonarias que se manejan en el Congreso”, expuso.
Agregó que esta es la primera acción ciudadana que emprende la agrupación y que la meta inicial es juntar 5 mil firmas —el número de personas registradas en la página electrónica de DHP—, “aunque ojalá sean 20 mil”.
Respecto de qué tanta posibilidad existe de que la gente muestre la actitud para ir de la queja a la acción, Nahum respondió: “Estoy convencido de que estamos dispuestos a actuar. Prueba de ello es que llevamos aquí (en el parque Abraham Lincoln, en Polanco) sólo un momento y ya reunimos 100 firmas. Tenemos los elementos jurídicos, personales y sociales para hacerlo”.
Después del proceso de recopilación —detalló—, contarán el total de suscritos, establecerán contacto con la Cámara de Diputados y llevarán la
petición por escrito “a más tardar la segunda semana de marzo”. Reconoció, por último, que aún no han pensado en otro tema concreto sobre el cual manifestarse, pero “el que tenga una idea que haga frente a las acciones que afecten a los mexicanos, adelante; esta es una huerta de ideas”.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Sunday, February 22, 2009

Una musa que huele a Madrid



Musa de cineastas tan influyentes como el español Pedro Almodóvar o el estadounidense Woody Allen, y uno de los rostros ibéricos más conocidos en todo el orbe, Penélope Cruz está nominada a un Oscar en la categoría Mejor Actriz de Reparto por su rol en la cinta Vicky Cristina Barcelona.
Pe, como la llaman algunos de sus fans, por segunda ocasión es candidata a recibir un premio de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood. En 2007, gracias a su trabajo en el filme Volver, compitió con Meryl Streep, Judi Dench, Kate Winslet y Helen Mirren por la mejor interpretación femenina. Al final, Mirren ganó, pero Cruz se convirtió en la primera estrella española en aspirar a la estatuilla.
Ahora, rumbo a la edición 81 de la ceremonia, comparte la nominación con Amy Adams, Viola Davis, Taraji P. Henson y Marisa Tomei, y ya recibió el apoyo de su compatriota Antonio Banderas, quien recientemente afirmó jovial: “Voy a saltar de alegría cuando se pronuncie su nombre, Dios mediante”.
Para Luis Carrasco García, coordinador editorial de la revista de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma (Canacine), la actriz, quien nació en Alcobendas, Madrid, el 28 de abril de 1974, no tiene muchas posibilidades de hacerse del Oscar, debido principalmente a la fortaleza de sus rivales. Sin embargo, tampoco descarta una sorpresa: “Todo depende del humor de la Academia”.
Cruz, a decir del también analista de medios, reúne tres cualidades: belleza, capacidad histriónica —aclara, sin llegar a ser una excelente intérprete como Carmen Maura o Victoria Abril— y habilidad para haber sabido relacionarse en el ambiente del cine.
Según cuenta María A. Sopeña Font en el sitio www.webpenelope.com/, después de ver ¡Átame!, de Almodóvar, en 1989, Pe decidió dejar sus estudios de bachillerato para dedicarse al séptimo arte.
Apoyada por su familia, inició una carrera cuyo primer momento significativo fue su aparición en el video La fuerza del destino, de Mecano. Con ello, además de debutar en la farándula de la mano del popular grupo español, comenzó su noviazgo con el músico Nacho Cano, el primero de varios romances que llegarían a las páginas de sociales.
En 1990 actuó en su primera cinta, El laberinto griego, dirigida por Rafael Alcázar, y dos años más tarde cobraría fama por sus participaciones en Jamón, jamón, de Bigas Luna, y en Bella época, de Fernando Trueba. A partir de ese punto, de acuerdo con Sopeña Font, la madrileña no dejaría de trabajar.
Con Carne trémula (1997) y con Todo sobre mi madre (1999), Cruz cumpliría su sueño de colaborar con Almodóvar. Dentro de esa cadena de éxitos, dos películas le abrirían otros caminos: La niña de tus ojos (1998), de Trueba, la conduciría a un premio Goya, mientras que Abre los ojos (1997), de Alejandro Amenábar, la llevaría hasta Estados Unidos.
Maravillado por la historia, Tom Cruise se empeñó en producir su propia versión de este último filme. Aunque Vanilla Sky resultó un desafortunado remake, una calca gris que carece de la estética de la producción original, para Pe representaría tanto la oportunidad de mostrarse en Hollywood como el arranque de una relación con el superestrella, y mucha, mucha publicidad.
Hi-lo country, All pretty horses, Woman on top, Blow, Gothika y Sahara —durante cuyo rodaje conoció a Matthew McConaughey, otro de sus romances— fueron algunos de sus siguientes trabajos en la llamada Meca del Cine, pero también se mantendría atenta a otros proyectos en Europa. En ese contexto, su amistad con Almodóvar le permitió participar en la aclamada Volver y, en opinión de Luis Carrasco, promover su trayectoria con otros directores, como Woody Allen.
Con apariciones en casi 50 películas, reconocimientos, excelentes relaciones públicas, un noviazgo con el actor Javier Bardem y casi 35 años, la carrera de esta española, en palabras del analista, “tiene mucho futuro”. Sin ir más lejos, su camino podría seguir cosechando triunfos en caso de que, esta misma noche, la actriz de la bella sonrisa logre llevarse consigo un Oscar.



Nota: Este perfil fue publicado hoy en el espacio Retratos de la página 2 de la primera sección de El Universal. La cabeza, en honor a la verdad, no la puse yo, y aunque tampoco me termina de convencer, es mejor que mi propuesta original.

Tuesday, February 17, 2009

Drogas: el Estado ante la legalización

La Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia propuso, en un informe presentado la semana pasada, “rectificar la estrategia” de la guerra antinarcóticos mediante un nuevo paradigma compuesto de cinco iniciativas: tratar el consumo como una cuestión de salud pública, reducirlo a través de campañas de información y prevención, focalizar las acciones contra el crimen organizado, reorientar el combate a los cultivos ilícitos y evaluar la despenalización de la mariguana.
Polémica en sí misma, la idea levantó mayor revuelo porque el organismo que la promueve es copresidido por tres ex mandatarios de la región: el colombiano César Gaviria, el brasileño Fernando Henrique Cardoso y el mexicano Ernesto Zedillo. De hecho, las reacciones al documento quizá hayan girado menos en torno a su contenido que a la aceptación o impopularidad de quienes lo elaboraron.
En todo caso, los señalamientos de la comisión nos recuerdan la gravedad del problema del narcotráfico en el mundo, en América y particularmente en México, así como que el debate acerca de la legalización de las drogas está en la palestra.
De un lado, quienes se oponen a la medida esgrimen los daños a la salud causados por los estupefacientes o que con la despenalización se abriría la puerta de par en par a conductas “indebidas” y, con ello, a la depravación social. Del otro, los partidarios plantean que la mariguana tiene casi los mismos efectos en el cuerpo que el tabaco o el alcohol, que las personas deberían gozar de la libertad para decidir consumir sustancias o no, y que al regular el mercado se restaría fuerza al monopolio ilegal que representan los cárteles.
Por mi parte, coincido con el enfoque libertario de quienes defienden la propuesta y con que lo mínimo que podemos hacer como sociedad es discutir el tema atendiendo argumentos jurídicos, sociales, médicos y científicos, mas no esquemas morales de aquello que está “bien” o de lo que está “mal”.
Sin embargo, considero que, dada la debilidad de las instituciones del país —desde las leyes hasta las policías y el aparato de justicia, pasando por las instancias de salud—, la legalización no es una alternativa para enfrentar ni al consumo ni al narcotráfico. O, para agregar otro matiz, no lo es por ahora ni por sí sola.
Hace algunas semanas, en las páginas del suplemento
Ideas, el siquiatra Gady Zabicky y los politólogos Jorge Javier Romero y Jorge Hernández Tinajero apuntaban al fracaso de 30 años de política prohibicionista impulsada desde Estados Unidos. Afirmaban, como lo hizo Antonio Rosas-Landa este sábado, que mientras los estupefacientes siguen circulando, el vecino del norte emplea un pernicioso doble rasero en materia antinarcóticos porque exige la erradicación al sur de su frontera pero, al mismo tiempo, no frena la demanda en su territorio ni el flujo de armas hacia las organizaciones criminales latinoamericanas.
Frente a ese escenario, Hernández Tinajero contraponía abandonar la prohibición absoluta de las drogas, lo que —aclaraba— “no implica en modo alguno el acceso irrestricto a las mismas, ni mucho menos su promoción; sino regulaciones específicas para cada una de ellas, adecuadas al contexto cultural, económico y de salud que cada una representa en el medio social de sus consumidores”.
De acuerdo. Empero, ¿cuál es la garantía de que una legislación así de compleja sería correctamente diseñada y, más todavía, aplicada? ¿Qué sustancias serían legales y qué otras no? ¿En qué cantidades? ¿Cómo y en qué sitios podrían adquirirse? Por desgracia, no sería la primera ocasión en que un marco jurídico mexicano se cayera en los puntos finos, muy a pesar de sus loables objetivos.
Como segunda objeción, ¿realmente sería posible esperar un debilitamiento sustancial de los cárteles luego de la despenalización? El poder corruptor, económico y de fuego que ostentan me lleva a temer que, en las circunstancias actuales, legalizar el consumo podría equivaler a legalizarle el negocio al narcotráfico.
A mi entender, la legalización de ciertas drogas no debe desecharse por completo ni para siempre, pero antes de trasladarla a la práctica debe debatirse con inteligencia y realismo desde todas sus aristas.
Y, más aún, esa discusión debe ir acompañada del impulso a la prevención del consumo y a la rehabilitación de adicciones, de la búsqueda de estrategias integrales —no sólo armadas— de combate al narcotráfico y, sobre todo, del fortalecimiento o renovación de las instituciones del Estado. La viabilidad de México está en juego.


Nota: Este texto aparece hoy en e-joven.

Saturday, February 14, 2009

Darwin, el observador paciente





Tal vez interesado en alcanzar la mayor precisión posible en sus deducciones o dudoso del impacto que sus propuestas tendrían en la comunidad científica, en la Iglesia y en la sociedad, Charles Darwin tardó más de 20 años en dar a conocer su teoría de la evolución contenida en El origen de las especies.
El afán de observación pausada, de descripción minuciosa y de actuar con cautela y con racionalidad sería una característica fundamental no sólo del gran proyecto de este naturalista inglés, sino un rasgo que definió su vida. Así lo dejaría ver, por ejemplo, en la introducción de su trabajo cumbre, al afirmar: “Este resumen que publico ahora tiene, necesariamente, que ser imperfecto. (…) Nadie puede sentir más que yo la necesidad de publicar después detalladamente, y con referencias, todos los hechos sobre los que se apoyan mis conclusiones, y espero hacerlo en una obra futura”.
Hijo del doctor Robert Waring Darwin y de Susannah Wedgwood, Charles Robert Darwin nació en Shrewsbury, Inglaterra, el 12 de febrero de 1809, exactamente el mismo día que quien se convertiría en el decimosexto presidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln. Su madre murió cuando él contaba apenas ocho años de edad y su padre se erigiría en una voz de mucho peso, de la cual en ocasiones tendría que alejarse para poder tomar sus propias decisiones.
En línea con la tradición familiar, empezó a estudiar Medicina en Edimburgo. No obstante, gracias a la influencia de su abuelo, Erasmus Darwin —quien había escrito el libro Zoonomia o las leyes de la vida orgánica—, así como del biólogo Robert Edmond Grant y del académico Jean-Baptiste Lamarck, había cultivado un enorme gusto por la naturaleza que lo llevó a abandonar la carrera de galeno en 1826.
Dos años más tarde inició el curso de Teología en el King’s College de Cambridge. Ahí conoció otras dos figuras que alentarían su vocación por la ciencia: el botánico John Stevens Henslow y el geólogo Adam Sedgwick.
Pronto, en 1831, se presentaría una oportunidad irrepetible. Una expedición científica alrededor del mundo se preparaba para salir y requería cubrir, sin paga, una plaza de naturalista. De tal suerte, luego de ganar el respaldo de su padre y de la acomodada posición económica familiar, el 27 de diciembre el joven Darwin zarpó en el Beagle a un viaje de un lustro que abarcó el océano Atlántico, las costas de Brasil, el estrecho de Magallanes, Chile, Perú, las islas Galápagos, el Pacífico, Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica.
Los datos y los materiales recabados durante ese recorrido se convertirían en la materia prima de la teoría darwinista. A contrapelo de la noción aceptada hasta entonces, es decir, que todas las especies habían sido creadas de una sola vez y que descendían directamente y sin variación de la pareja original, el inglés se preguntaba por qué dos individuos de una misma especie que habitaban lugares distintos poseían, al mismo tiempo, elementos comunes y aspectos que los diferenciaban.
Variabilidad parecía una palabra clave. De vuelta en Gran Bretaña, Darwin se dedicó a criar animales domésticos y plantas y a analizar las modificaciones que surgían de una generación a otra. En ese proceso notó que las variaciones entre los miembros de una especie aparecían por causa del entorno natural.
Por último, con base en la idea de la “lucha por la existencia” expuesta por Thomas Malthus en su Ensayo sobre el principio de población, logró explicar que los cambios se daban naturalmente con el propósito de que los organismos se adaptasen al medio y sobreviviesen. De esa forma, mientras los individuos y las especies más aptas se conservaban, las menos aptas tendían a extinguirse. El científico, para ese momento casado con su prima Emma Wedgwood, hallaba sustento para muchas de sus conjeturas pero, consciente de que cimbrarían la visión creacionista defendida por el poderoso clero, optaría por mantenerlas en la sombra por algunos años.
En 1858, sin embargo, un acontecimiento sacudiría al propio Darwin. Otro naturalista, el joven Alfred Russel Wallace, que realizaba investigaciones en el archipiélago malayo, le envió un manuscrito en el que desarrollaba conclusiones muy similares a las suyas acerca de la evolución de los seres vivos. Movido por ese hecho y aconsejado por sus amigos, Darwin acordó con Wallace leer ambos estudios frente a los integrantes de la Linnean Society a fin de que los dos recibieran crédito por sus respectivos trabajos y, finalmente, decidió dar a conocer su teoría.
Fue así que hace casi 150 años, en noviembre de 1859, El origen de las especies vio la luz. Los mil 500 ejemplares de la primera edición se agotaron en un solo día; el segundo tiraje, de 3 mil volúmenes, en menos de una semana.
Justo como Darwin lo había previsto, la obra despertó críticas. Uno de sus principales detractores fue el arzobispo de Oxford, Samuel Wilberforce, quien vio en los postulados darwinistas un ataque a las enseñanzas bíblicas sobre el origen del mundo y del ser humano. En 1947, empero, la Iglesia católica reconocería el carácter metafórico, no literal, del relato de la creación presente en el Génesis.
Habría también otras malas interpretaciones. Una muy arraigada fue la aseveración de que “el hombre desciende del mono”, cuando lo que se plantea en realidad es que los dos provienen de un antepasado común. Otra más fue la tergiversación del principio de la supervivencia del más apto para justificar la explotación o la existencia de sociedades clasistas. Al respecto, autores como Adrian Desmond y James Moore incluso refutan que el naturalista impulsara algún tipo de “darwinismo social” y aseguran que promovió la igualdad.
Darwin, en todo caso, permaneció alejado de la polémica, continuó laborando a pesar de una enfermedad no diagnosticada y publicó, entre otros, el célebre libro El origen del hombre y la selección sexual (1871).
Murió el 19 de abril de 1882 a los 73 años de edad. A manera de reconocimiento, sus restos fueron enterrados en la abadía de Westminster cerca de la tumba de Isaac Newton y su legado a las ciencias naturales permanece firme. No obstante, a 200 años de su nacimiento, quizá el mejor homenaje que se le pueda ofrecer sea tomar en serio uno de sus últimos apuntes: que todo hombre, aun “con todas sus nobles cualidades”, “con su intelecto, que parece divino”, “sigue cargando en su condición corporal el sello indeleble de su modesto origen”.
Esto es, que todo ser humano no es más que un organismo vivo que habita este planeta y que todos, como especie, podemos adaptarnos al medio respetando el equilibrio ecológico o, de lo contrario, podríamos condenarnos a desaparecer.


Nota: Este texto fue publicado en la página 3 del suplemento Ideas, del diario El Universal de este sábado.