Tuesday, September 04, 2007

La acción frente a la desconfianza

Tanto en nuestras relaciones interpersonales como en aquellas que establecemos con nuestra comunidad, gobiernos y Estado, “la confianza es algo que se construye por micras y se destruye por kilómetros”. Tomo la frase de “Jugar con la verdad”, uno de los más recientes artículos de Mauricio Merino, quien recuerda al ex presidente del IFE, José Woldenberg, y éste, a su vez, al historiador Carlos Pereyra.
A partir de esta premisa el profesor investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) analiza el escándalo desatado a principios de agosto en torno del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), es decir, en torno de la renuncia de Flavio Galván a la presidencia del órgano en circunstancias poco claras y aduciendo “motivos de salud”, al presunto intento de corrupción por parte de una de sus más cercanas colaboradoras, Norma Inés Aguilar León, y al ascenso de María del Carmen Alanís a la titularidad del tribunal.
Merino critica la opacidad con la que se han conducido los magistrados pues, argumenta, la confianza social en el TEPJF, puesta en duda cuando menos por un sector de la población a raíz del resultado de las elecciones de 2006, puede quedar aún más debilitada.
Como él, muchos otros analistas muestran preocupación ante la desconfianza en las instituciones. Tal situación, afirman, repercute negativamente en la consolidación de la democracia porque despierta la apatía en los ciudadanos y de esa manera obstaculiza que éstos participen en los asuntos públicos. En México, a querer o no, ya sea porque esas instituciones se revelan incapaces de atender las tareas para las que fueron creadas o porque quienes están a su cargo tienen un comportamiento cuestionable, ineficiente o de plano corrupto, cada vez resulta más difícil confiar en ellas.
Años de malos gobiernos, soluciones cortoplacistas, promesas incumplidas, legislaciones insuficientes o a modo para los grandes grupos económicos e impunidad han provocado —en la lógica de la metáfora inicial— que los mexicanos acumulemos kilómetros de desconfianza en las instituciones. Dicho en otras palabras, desconfiamos simple y llanamente porque tenemos motivos para hacerlo. Y tanto la historia como las noticias diarias nos dan cuenta de ello.
Por ejemplo, aun si se dejara de lado lo que pudo haber hecho el TEPJF para transparentar el resultado de los comicios del año pasado —ordenar un recuento voto por voto o sancionar a Vicente Fox y al Consejo Coordinador Empresarial por poner en riesgo la elección—, ¿cómo confiar en él si es posible que su ahora ex presidente o quien fuera la jefa de sus asesores, o ambos, estén involucrados en la exigencia de una “comisión” de 5 millones de pesos a cambio de asegurar la compraventa de un inmueble para una de sus sedes? ¿Cómo pasar por alto un intento de corrupción tan pedestre en el máximo órgano electoral?
¿O cómo confiar en un sistema socioeconómico que favorece el clasismo y la pobreza? ¿Cómo confiar en los partidos que conforman la oposición en los distintos niveles de gobierno si algunos de sus representantes, dentro o fuera de cargos de elección popular, han incurrido en prácticas deshonestas? ¿Cómo confiar en un presidente que para ganar votos negoció el apoyo del magisterio con Elba Esther Gordillo, la poderosa líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación? ¿Cómo confiar en el Congreso de la Unión si los diputados, aunque dicen trabajar “por el bien del pueblo”, han visto aumentar sus sueldos en casi 500% a lo largo de nueve años, algo no menos que ofensivo en un país con tantas desigualdades sociales como México?
Toda esta desconfianza fundada, pues, constituye un círculo vicioso en el que una mala gestión genera desencanto en las personas y éstas, al no sentirse animadas a intervenir en los asuntos públicos, no hacen nada para cambiar ese estado de cosas. Sin embargo, lejos de permanecer varados en ese limbo debemos buscar respuestas.
Del lado de la autoridad, la solución es tan obvia como idealista si no es que inocente: quienes ostentan alguna responsabilidad en la esfera pública tendrían que esforzarse por reconstruir micra a micra la confianza de la sociedad a través de un desempeño honesto, eficiente y en beneficio del municipio, de la entidad, del país.
Del lado de la ciudadanía, que en los hechos debería ser el principal actor de la democracia —y desde donde se expresa quien esto escribe—, hay que acabar con el desinterés, con la apatía, y buscar incidir crítica y propositivamente en las instituciones, mejorando las que tenemos o, si se requiere, creando otras. A mi juicio, peores aún que la desconfianza son la resignación, la indiferencia, la inacción. Y si no tenemos fe en las instituciones o en quienes las dirigen, tengámosla en nosotros mismos.

Saturday, August 25, 2007

Conflictos vecinales, una causa del deterioro en unidades habitacionales: promotor social

La tercera parte de la población del DF, según la Prosoc, vive en este tipo de conjuntos

Chismes, fricciones, peleas y administraciones poco capacitadas, parte del problema

Los conflictos vecinales son una de las causas del deterioro en las unidades habitacionales, aseguró Ariel Alberto Cerda Palacios, promotor de la Procuraduría Social del Distrito Federal (Prosoc). De acuerdo con la dependencia, la gente que vive en esos conjuntos representa la tercera parte de la población total de la ciudad de México.
Cerda Palacios, quien trabaja en el Programa Social para Unidades Habitacionales 2007 en la zona oriente de Lomas de Plateros —que comprende las manzanas C, D, E y F—, explicó que estos conflictos “se gestan a partir de que hay un rompimiento en el tejido social, por cuestiones de desconfianza o porque las relaciones entre vecinos no se dan de manera normal”.
En su opinión, los chismes que surgen entre condóminos provocan fricciones, así como que las personas se dividan, se formen grupos y entre éstos se peleen. Esto lo ha observado en Lomas de Plateros, en particular en las secciones F y H, “donde se registra un mayor deterioro”, ya que los habitantes “tienen mucha apatía” y, además, las administraciones vecinales no tienen un carácter fijo sino que se organizan por periodos muy cortos o únicamente para atender una necesidad inmediata.
Sobre el programa promovido en Lomas de Plateros por la Prosoc —el cual se encuentra en proceso de diagnóstico—, mencionó que “la respuesta de los vecinos, como en todas las unidades habitacionales, en un principio es baja, pero en la medida en que van viendo cómo vamos trabajando se van incorporando más”.
Cerda consideró que la reacción de la gente ante las iniciativas de la Prosoc ha sido “positiva” porque sabe que se destina un recurso para el mejoramiento de su unidad. “Desgraciadamente —agregó—, no todos están conscientes de que la obligación de la atención a las áreas comunes es por parte de los propios condóminos; es su obligación, pues es su propia casa”.
En ese sentido, afirmó que muchas personas se esperan hasta que intervengan las autoridades para solucionar los problemas. “Obviamente, eso genera mayor deterioro y no hay recurso económico que alcance”, acotó.
Indicó que otra de las causas del desgaste de las unidades habitacionales es que a los vecinos que fungen como administradores “les falta capacitación”. Ésta, dijo, se les da cuando se protocolizan ante la Prosoc, donde se les brinda asesoría y se les explican las leyes de Propiedad en Condominio de Inmuebles para el DF (http://www.df.gob.mx/leyes/normatividad.html?materia=1&apartado=1&disp=1286) y de Cultura Cívica (http://www.df.gob.mx/leyes/normatividad.html?materia=1&apartado=1&disp=541).
Actualmente, finalizó, la dinámica del plan social del gobierno local es ir orientando a los vecinos para que se organicen en torno a los problemas que enfrentan y puedan resolverlos de distintas maneras, aprovechando los programas ofrecidos por las autoridades.

Realizan primera asamblea de programa social en sección G de Lomas de Plateros

Crean comisión de diagnóstico para determinar las necesidades de la sección que serán atendidas; poda y tala de árboles, impermeabilización y vigilancia, entre ellas

Vecinos se manifiestan en desacuerdo con que 7% del total del recurso asignado por la Prosoc se destine a los honorarios de un asesor externo

Tras dos ocasiones en que fue pospuesta por falta de quórum, este sábado se llevó a cabo la primera asamblea de diagnóstico del Programa Social de Unidades Habitacionales 2007 en la sección G de Lomas de Plateros.
Con la participación de alrededor de 120 vecinos y el descontento de algunos de ellos, promotores de la Procuraduría Social del DF (Prosoc) preguntaron a los condóminos cuáles son los requerimientos de su manzana. Los funcionarios entregaron a los asistentes hojas de papel para que en ellas anotaran una necesidad física y una social que consideran tiene la sección. Entre ellas citaron impermeabilización, poda y tala de árboles, manejo adecuado de la basura y atención a la red hidráulica, al alumbrado y al problema de la venta de droga.
Asimismo, fue conformada una comisión de diagnóstico que —según se acordó— se entrevistará el viernes 31 de agosto a medio día con las autoridades de la Prosoc y con el asesor externo designado para efectuar un recorrido por la manzana y determinar las carencias que deben ser subsanadas.
El asesor, también presente durante la reunión, explicó que después del recorrido se elaborarán anteproyectos de trabajo que serán presentados ante el área técnica de la Prosoc. Una vez que ésta los evalúe, se corrijan y sean aprobados, en una segunda asamblea se elegirá aquel que se pondrá en marcha y con los vecinos se constituirán dos comisiones, una de administración del recurso otorgado por la procuraduría y otra de supervisión.
Posteriormente, en una tercera asamblea, ahondó el asesor, de la lista de empresas disponibles para realizar la obra se escogerá una, se firmarán los convenios y se pagará 30% de anticipo. Aseguró que él estará presente durante los trabajos —de los que llevará una bitácora— hasta su conclusión y entrega a las comisiones vecinales.
No obstante, algunos asistentes manifestaron su desacuerdo con que 7% del total del recurso asignado se destine a los honorarios del asesor. Igualmente, al término de la asamblea, Daniela Carrillo, una de las 17 personas que integraron la comisión de diagnóstico, mencionó que las autoridades están desorganizadas e informan inadecuadamente de los programas sociales. Aclaró que ella decidió unirse a la comisión porque desea “que se vean beneficios” en la sección y piensa que las necesidades más apremiantes de la zona son vigilancia y poda y tala de árboles.
Por su parte, Hugo Espinoza, promotor de la Prosoc, enfatizó ante los condóminos que “la idea es que seamos corresponsables” del mantenimiento y mejoramiento de la manzana, mientras Ariel Alberto Cerda Palacios, también de la procuraduría, señaló que conforme la gente observa el avance de los trabajos poco a poco se va adhiriendo a su desarrollo.

Sunday, August 19, 2007

Posponen asamblea en unidad habitacional por segunda ocasión debido a falta de quórum

La Procuraduría Social del DF exige que esté representado al menos 10% de las viviendas de la unidad; el recurso que ofrece es de 400 pesos por departamento

Basura, proliferación de ratas, tránsito pesado e inseguridad, entre los problemas de Lomas de Plateros, dicen vecinas

La escasa asistencia vecinal provocó que este sábado fuera pospuesta por segunda ocasión la primera asamblea de diagnóstico del Programa Social para las Unidades Habitacionales 2007 en la sección G de Lomas de Plateros.
La reunión, convocada por la Procuraduría Social del Distrito Federal (Prosoc), ya había sido pospuesta la semana anterior por la misma causa. Para que exista quórum, explicó Hugo Espinoza, promotor de la Prosoc, “estamos pidiendo un mínimo de entre 10% y 20% de la cantidad de viviendas que hay en los G”, esto es, 120 personas en representación de los mil 200 departamentos que integran la manzana.
Espinoza relató que el sábado 11 de agosto, durante la primera asamblea pospuesta, se congregaron 50 condóminos; en esta ocasión acudieron 70. Fue acordado que la siguiente reunión se celebre el 25 de agosto al medio día.
“Nos es muy difícil llevar a cabo algún tipo de toma de decisión con tan poca gente porque luego empiezan a surgir los problemas”, como el desacuerdo de algunos vecinos con las obras efectuadas o acusaciones de corrupción y mal manejo de los recursos.
En la página de internet de la Prosoc (
http://www.prosoc.df.gob.mx/) se indica que la procuraduría “destinará a las unidades habitacionales el equivalente de 400 pesos por el número de viviendas que la integren, para la realización de las acciones en beneficio de la unidad que apruebe la asamblea”.
Asimismo, expuso Espinoza, un asesor externo debe estar presente desde la primera reunión hasta la culminación de la obra, con el fin de llevar a cabo un recorrido con una comisión de diagnóstico conformada por los condóminos, reconocer las necesidades de la zona, elaborar anteproyectos de trabajo y presentarlos ante la procuraduría. Una vez aprobados por ésta, en una segunda asamblea se define el proyecto que se pondrá en marcha.
El promotor señaló que en unidades tan grandes como Lomas de Plateros el recurso asignado generalmente no alcanza para cubrir una necesidad, “pero la idea es que haya continuidad”.
“Estamos tratando de involucrar a la gente, que ellos se hagan corresponsables del mantenimiento de la unidad, y que no siempre las mismas personas tomen las decisiones”, comentó Espinoza. “Desafortunadamente —añadió—, creo que sí hay mucha apatía por parte de los vecinos”.
Gilberto Palacios, habitante de la sección G de Lomas de Plateros presente durante la asamblea, opinó que los problemas de la manzana no se van a resolver hasta que se establezca una estructura organizada entre los condóminos. Agregó que debe impulsarse que las obras que se realicen “sean en beneficio de todos y no sólo de uno o de un grupo”.
Otras vecinas mencionaron que entre los principales contratiempos que enfrenta la unidad están la basura, la proliferación de ratas, el aumento en la circulación de vehículos —particularmente tráileres o camiones pesados— en los alrededores de la zona y la presencia de asaltantes. Sobre la participación ciudadana, una de ellas coincidió en que “todos queremos obtener beneficios, pero ninguno de nosotros quiere trabajar”.

Thursday, August 16, 2007

Las vacantes “son muy poquitas” [crónica]

“Pluma, fólder, solicitud...”, exclaman con monótono ritmo dos hombres. Sobre el puente que va de la estación del Metro Velódromo al Palacio de los Deportes, los vendedores reciben a quienes se dirigen a la 16 Feria del Empleo de la Ciudad de México, organizada por el Gobierno del DF a través de la Dirección General de Capacitación y Empleo (DGEC).
La asistencia llega a los miles. Entre el 16 de julio y el 14 de agosto, 23 mil 650 personas se registraron por internet, informa Olivia Radilla, de la DGEC. De ese total, explica Gerardo Romero, director general de Empleo, Capacitación y Fomento Cooperativo de la Secretaría del Trabajo capitalina, se espera la concurrencia de 12 mil ciudadanos más la de aquellos que ingresen sin registro. “Vamos a llegar como a 15 mil, 16 mil asistentes”, calcula.
Algunos solos, en grupo otros, los más van vestidos de traje o listos como para una entrevista. Hombres y mujeres, las edades parecen ir de los 18 en adelante. Buscan una de las 12 mil 130 plazas ofertadas por las 173 empresas y siete instituciones presentes en la feria.
Acerca de las primeras —entre las que se encuentran Banamex, Cristacar Grupo Vitro, Grupo Financiero Inbursa, Telcel, Librerías Porrúa, Grupo ICEL, Grupo Televisa y CCPM—, Gerardo Romero asegura que se les demanda que ofrezcan prestaciones de ley y descarta que se haya suscitado algún problema por falta de seriedad. “Arriba del 40% —agrega— son empresas que cada feria participan con nosotros” y, además, las autoridades piden a los buscadores de empleo que se mantengan en contacto con la DGEC para dar seguimiento a los procesos de selección de personal.
“Les deseo mucha suerte”, repiten los encargados de dar la bienvenida a los asistentes. Informan también de las acciones que llevan a cabo las delegaciones para promover el empleo, entre ellas, cursos de capacitación y una feria del trabajo dedicada a las mujeres que se realizará el próximo 4 de octubre en Magdalena Contreras.
Romero, por su parte, anuncia que en ese mismo mes efectuarán “una prueba piloto” de tres ferias del empleo regionales en Coyoacán, Iztapalapa y Cuauhtémoc. La finalidad, expone, es “acercar las empresas a la gente y así subir el índice de colocación”. De esa manera, añade, en 2008 podría proponerse en su programa operativo anual la celebración de exhibiciones similares a nivel regional y delegacional, además de las tradicionales ferias centrales de marzo y agosto.
El funcionario recuerda que el índice de desempleo del DF, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI), es de 5.7.
Esa cifra, que es superior en casi dos puntos y medio al índice de toda la República para junio de 2007 (3.26), dice, se traduce en 239 mil capitalinos sin trabajo. Indica que de ese conjunto los más afectados son las madres solteras, la gente de la tercera edad, los discapacitados y, en especial, los jóvenes, por lo que se exhorta a las empresas a colaborar en el apoyo a esos sectores. Sin embargo —aclaró—, debido a que ante la ley esto no es obligatorio, sólo se trata de “una invitación”.
Úrsula Sandoval es una de esas jóvenes. Se enteró de la feria en el Palacio de los Deportes “por un amigo”. Recién egresada de la UNAM en la carrera de Informática, pretende un puesto como analista o consultora. Ya ha trabajado, pero en la oficina donde laboraba empezaron a retrasarles los pagos. Tuvo que renunciar.
Cree que encontrar empleo “es fácil”. De sus compañeros de generación, alrededor de 50% ya está colocado en alguna institución. Ella llegó a saber de dos o tres ofertas; sin embargo, como no satisfacían sus expectativas económicas y de crecimiento profesional, decidió dejarlas pasar. Sus amigos sí las tomaron. Por otro lado, reconoce que “es muy triste” ver que tanta gente necesita y busca trabajo. Al escuchar que las vacantes en oferta rondan las 10 mil, reacciona con sorpresa: “¡Son muy poquitas!”.
Uno de los impedimentos que ella ha encontrado es la trayectoria laboral: “Te piden que tengas 23 años, pero ya con dos de experiencia”. Fernando Gómez y César Santiago también se quejan de esa exigencia. “¿Cómo quieren que tengas experiencia si no te dan una oportunidad?”, se preguntan.
Son muy jóvenes, acaban de salir del bachillerato. Fernando, por ejemplo, quiere algo relacionado con Diseño Gráfico, la carrera que va a comenzar, pero ya le piden la licenciatura terminada. Por esa razón ha puesto los ojos en una plaza como capturista. César añade: “Capturista o cajero, algo que vaya acorde con la escolaridad”. Acerca de los sueldos comentan que “están más o menos, a ver si es cierto lo que dicen, porque ofrecen 3 mil, pero a tratar, otros dicen que por comisión”.
Marcelo Rojas, por su parte, no pertenece al sector de los jóvenes pero igualmente busca trabajo. Contador y con ocho meses desempleado, menciona que sí hay oportunidades, aunque en algunas ocasiones la edad es una limitante. A partir de los 40 ó 45 años, afirma, ya no contratan. Ha repartido ya varias solicitudes y currícula. Llenará un par de solicitudes más, dará una última vuelta a la feria para ver qué otras ofertas le interesan y, como muchos otros de los asistentes, como todos, espera tener suerte.

Wednesday, August 08, 2007

La ceguera humana

Sobra explicar cuán esenciales nos resultan los ojos. Millones de ciegos en todo el mundo demuestran que la vista no es estrictamente necesaria para vivir, pero su experiencia también enseña que, sin la capacidad observar lo que nos rodea, la existencia, en definitiva, no es la misma.
Así, no es difícil imaginar el shock para quien habiendo podido ver durante toda su vida de repente pierde esa facultad. Y tampoco lo sería pensar en las proporciones de ese golpe si la pérdida de la visión se extendiera a toda una comunidad.
En Ensayo sobre la ceguera (1995), José Saramago plasma esa situación y cuenta la historia de un país anónimo cuyos habitantes, repentinamente y sin razón aparente, son afectados por una invidencia blanca. Esa enfermedad sirve a Saramago (Azinhaga, Portugal, 1922) como eje para narrar una fábula sobre la humanidad, para reflexionar en torno a ella, al comportamiento individual y colectivo de mujeres y hombres en lo cotidiano lo mismo que en circunstancias límite.
Frente a un semáforo, en el cruce de una calle, un conductor se convierte en la primera víctima de la epidemia. A él habrán de seguirle el ladrón que, tras ayudarle a llegar a casa, le roba el automóvil, así como su esposa, el oftalmólogo con quien ésta lo lleva y todos los pacientes del médico.
Uno a uno primero y por grupos después, los ciegos van aumentando. En consecuencia, el Gobierno (así, con mayúscula), alertado del caso y temiendo el peligro de un mayor contagio, decide poner en cuarentena, bajo vigilancia del ejército y duras medidas de seguridad —que no de higiene ni de otros cuidados a la salud—, a enfermos e invidentes potenciales.
En el lugar del encierro, un manicomio abandonado, los ciegos, ayudados por la mujer del médico, la única que sin saber cómo o por qué se salva del “mal blanco” y logra colarse hasta ahí para ayudar a su marido, consiguen sobrellevar su estancia. Ella ve, los observa, nota sus sufrimientos, los guía muchas veces sin que se den cuenta; es, valga la expresión, una luz en sus albas tinieblas.
Su situación, no obstante, se complica conforme el número de recluidos supera la capacidad del local, el alimento tarda en serles suministrado o simplemente no llega y, más aún, cuando un grupo liderado por el poseedor de una pistola, y auxiliado por otro hombre que desde antes de desatada la epidemia ya era ciego y se ha adaptado a ese mundo, hace suyo el derecho de “administrar” la comida a cambio de injustos pagos. Con esto el autor nos recuerda que basta un puñado de patanes más abusivos que abusados y cuyo sentido de la autoridad es inversamente proporcional a su humanitarismo para que toda una colectividad sufra o de plano se vaya directo al carajo.
Bajo el yugo de esta dictadura, y aun después de librarse de ésta y de su encierro, los ciegos padecen vejaciones, pasan hambre, se enfrentan a la hostilidad del exterior y, en especial, se ven reducidos a seres que, movidos casi enteramente por las necesidades primarias, por la búsqueda de la supervivencia, parecen perder lo que los hace humanos.
“Dios santo, qué falta nos hacen los ojos, ver, ver, aunque no fuese más que unas vagas sombras”, tal es el grito desesperado que ya en el primer cuarto de la novela el narrador cree escuchar de las víctimas del mal blanco. Quien relata, por otra parte, lo hace principalmente desde la distancia de la tercera persona, aunque para mérito del texto, a través de la introducción esporádica del pronombre nosotros, obtiene la complicidad del lector al hacerlo partícipe no sólo de la historia sino de las reflexiones que de ella surgen. Para muestra el siguiente fragmento:
“Los buenos y malos resultados de nuestros dichos y obras se van distribuyendo, se supone que de forma bastante equilibrada y uniforme, por todos los días del futuro, incluyendo aquellos, infinitos, en los que ya no estaremos para congratularnos o para pedir perdón, hay quien dice que eso es la inmortalidad de la que tanto se habla [...]”.
En la narración, igualmente, en un estilo que han imitado autores como la colombiana Laura Restrepo en su novela Delirio, o similar a El amante de Janis Joplin del mexicano Élmer Mendoza, Saramago renuncia a un uso ortodoxo de los signos de puntuación tal vez a cambio de alcanzar más fluidez y una impresión de mayor naturalidad en los diálogos. Esta característica, asimismo, da al autor la posibilidad de insertar comentarios entre las intervenciones de los personajes con gran velocidad.
En suma, forma y fondo hacen de Ensayo sobre la ceguera, probablemente el libro más conocido del Nobel de Literatura portugués, una novela sólida, una historia conmovedora al tiempo que crítica sobre —como en la obra de André Malraux— la condición humana. La hacen también una reiteración de que la invidencia de hombres y mujeres, metafóricamente hablando, va más allá de una incapacidad física. Y la hacen, por último, a pesar de actitudes sanamente realistas o comprensiblemente escépticas, un aliciente para quienes, aun a contracorriente, nos empeñamos en tener esperanza en la humanidad o, cuando menos, en algunos de sus miembros.

FICHA BIBLIOGRÁFICA:

SARAMAGO, José. Ensayo sobre la ceguera [1995]. México, Punto de Lectura, 2004.

Sunday, July 29, 2007

Consulta Verde genera dudas

Transporte escolar obligatorio para las escuelas privadas, cómo será tratada la basura y que los autos particulares dejen de circular un sábado al mes, entre los puntos que levantan polémica

Participantes en la Consulta Verde, ejercicio en materia de medio ambiente, transporte y agua organizado por el Gobierno del Distrito Federal y coordinado por el Observatorio Ciudadano de la Ciudad de México, manifestaron sus dudas respecto de algunas de las propuestas planteadas en ella, como las referentes a que los vehículos particulares dejen de circular un sábado al mes, al transporte escolar obligatorio para las escuelas particulares y al tratamiento de la basura en la capital.
Mario Orozco, funcionario de la urna ubicada en la sección F de la unidad habitacional Lomas de Plateros —una de las 2 mil instaladas en toda la ciudad—, mencionó que sobre la idea de que los automóviles no circulen un sábado al mes algunas personas expresaron su descontento porque, argumentan, “Ya nos amolaron entre semana y ahora también en fin de semana”.
Asimismo, comentó que otros ciudadanos se mostraron en desacuerdo con que se establezca la obligatoriedad de arborizar las azoteas de los edificios que sean construidos, mientras que en cuanto a que se sustituyan todos los microbuses que circulan en el DF por unidades nuevas antes de 2012, otros más cuestionaron quién va a comprar los vehículos viejos o qué se va a hacer con ellos.
Por su parte, Luis Carlos Arroyo, funcionario a cargo de la urna situada a la salida del Wal-Mart de Plateros, también señaló que algunas personas se pronunciaron en contra de la propuesta de que los autos particulares dejen de circular un sábado al mes, y en lo que toca a que el transporte escolar sea obligatorio para las escuelas privadas del DF, algunos ciudadanos externaron temor por que el precio que impongan los centros educativos pueda ser muy alto.
Luis González, quien participó en la consulta en una de las urnas ubicadas sobre avenida Centenario, consideró que “sí se necesita pulir algunos puntos”. En su opinión, en lo que respecta a la construcción de un centro integral para el manejo de la basura, no queda claro cómo funcionará el reciclaje de los residuos sólidos en la ciudad, cuando debería haber al menos dos plantas recicladoras por delegación y las sanciones para quien no separe los desechos en orgánicos e inorgánicos deberían ser más severas. Sin embargo, aclaró, “aparte de eso, estoy de acuerdo”.
Para Armando Morales, entrevistado afuera de la estación del Metro Barranca del Muerto, “la consulta está diseñada para que digas que sí a todo”, ya que no estar a favor de alguno de los puntos podría interpretarse como una falta de sentido común.
Morales citó como ejemplo la interrogante de si se está de acuerdo o no con que se castigue con más fuerza a quienes invadan predios con valor ambiental. Para él, en primera instancia es fácil responder que sí, pero también hay que considerar que las personas que llegan a esos predios lo hacen porque no tienen dónde vivir. A su juicio, las preguntas no tocan los temas a fondo y las respuestas deberían haber presentado más opciones.

Saturday, July 28, 2007

El Tepozteco [crónica]

TEPOZTLÁN, Morelos.— Un letrero advierte: el recorrido es de 2.5 kilómetros a partir del estacionamiento; el ascenso toma alrededor de 45 minutos a buen paso y sin detenerse. Se trata de la entrada al cerro de El Tepozteco y a la subida que conduce a la pirámide del mismo nombre.
Es viernes después de las 2:00 PM. Por las calles de Tepoztlán circulan, en su mayoría, personas de la localidad y uno que otro turista. Los dos días siguientes, sábado y domingo, explica Rey, un taxista oriundo del pueblo de San Andrés de la Cal, llegarán muchos más visitantes.
El recinto arqueológico tampoco luce a reventar. Sobre el camino que lleva al inicio del ascenso, un empedrado de pendiente suave, varios puestos de ropa, recuerdos, cerveza, micheladas y quesadillas aguardan a la gente que va y a la que ya viene de regreso.
Al final de este trecho comienza la subida: tierra húmeda, piedras y raíces ordenadas a la manera de una escalera zigzagueante rodeada por un verdor infinito. Los xochimilcas, antiguos pobladores del lugar a la postre conquistados por los mexicas, según el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), construyeron esas nivelaciones rellenando la montaña.
Avanzados unos 100 metros —tal vez más, tal vez menos— el corazón siente los primeros efectos de la pendiente. A lo largo del recorrido, el ritmo cardiaco, la transpiración y el cansancio podrán variar de acuerdo con, entre otros factores, la velocidad del paso, la frecuencia y la duración de los descansos, la edad y la condición física.
“¡Ándale, para que aunque sea llegues a la mitad!”, intenta animar una joven a otra mujer de unos 40 años, quizá su madre. Como la dama aludida, otras personas eventualmente optan por hacer un alto y tomar aliento o un poco de agua. La subida se dificulta por el hecho de que en los días anteriores ha estado lloviendo y por tanto algunas piedras se revelan resbalosas.
“¿Cuál cerca, Juan Carlos?”, una muchacha se queja con su novio poco antes de que aparezca una estructura metálica provista de dos escaleras, una para el ascenso y otra para el descenso. Dicho punto anuncia que, a pesar del escepticismo de la chica de Juan Carlos, la tan ansiada cima está próxima.
No más de 30 metros después se alcanza la meta: la cúspide del cerro y la pirámide que José Agustín plasmara en su novela La panza del Tepozteco. A un costado de la taquilla —una mesa sin sillas a la vista sobre la que los empleados despachan los boletos de ingreso a un costo de 34 pesos— una familia de tejones llama la atención de los visitantes, en especial de los niños. Uno de los mustélidos de color café claro es atraído por una mujer que parece ofrecerle comida; sin embargo, el animal, más rápido que la dama, muerde su bolso blanco y sale corriendo.
Otros tejones se acercan al del botín: buscan arrebatárselo y se arma peluda gresca. Quienes observan ríen, menos, por supuesto, la dueña del bolso. Ésta acude con los hombres que atienden la taquilla; les pide: “¿No los pueden asustar? Es que ahí traigo dinero”. Uno de ellos toma un palo de escoba, camina hacia la manada, alza el madero y lanza un golpe sobre el bolso. Al aprensar el objeto contra el suelo con semejante movimiento, los animales huyen espantados: la prenda ha sido recuperada.
Más adelante, dos estadounidenses vienen desde la pirámide. Se detienen, miran de nuevo el templo; uno de ellos, en un español muy claro, comenta: “Vale muchísimo la pena”. Viene de Dallas, Texas, y es la primera ocasión que visita Tepoztlán. A sus 44 años, se confiesa sorprendido de que personas de 60 o 70 años se aventuren a subir. “A ver qué tal está la bajada”, se pregunta sonriente.
En el edificio, un solo juego de escalones angostos concluye en una vista completa de la ciudad morelense, así como en una corriente de aire fresco y en un momento para descansar y retomar energía antes de emprender el camino de regreso.
En ese instante, quien cuenta cree recordar las palabras de uno de los alpinistas entrevistados en la cinta Tocando la cima (Touching the void, Kevin MacDonald, 2003) en el sentido de que la mayoría de los accidentes de montaña ocurren no durante los ascensos, sino mientras se desciende. Y si bien, claro está, El Tepozteco no es el Siula Grande, y si bien la subida ya requirió fuerza de voluntad, la bajada demandará el mismo esfuerzo más el doble de precaución.
Así lo comprueba una senda más húmeda y resbalosa que la hallada al principio, o el llanto de Montse, una niña de unos tres años, o las precauciones de su madre, o que el personal de la zona se muestre alerta en cuanto empieza a llover, o que, casi de vuelta en el punto de partida, de una ambulancia salgan dos hombres en dirección al cerro cargando una camilla vacía.
Final del recorrido. La lluvia arrecia. La gente se resguarda del agua debajo de los puestos. Las señoras que venden quesadillas ya no tienen que esperar a sus clientes. Atrás ha quedado la pirámide, al igual que la imagen de la joven que a sólo un cuarto de camino preguntó si faltaba mucho, o la de los dos o tres que emprendieron la aventura con vaso de cerveza —de litro— en mano, y aunque las piernas resientan el cansancio o hasta tiemblen, queda la satisfacción de haber superado el reto. Atrás ha quedado El Tepozteco.

Tuesday, July 24, 2007

Con el narcomenudeo, “mejor no meterse” [crónica]

Barrio Norte, en la delegación Álvaro Obregón, es una de las colonias con mayor venta de droga en el DF

Ubicada a un costado de la primera sección del Olivar del Conde, frente a la avenida Alta Tensión, en la delegación Álvaro Obregón, la colonia Barrio Norte es uno de los puntos en la demarcación y en todo el Distrito Federal donde se registra una mayor venta de droga al menudeo.
Así lo confirma el oficial Carlos Rodríguez, quien ha estado al frente de algunos de los dispositivos de seguridad desplegados por el gobierno delegacional. Indica que otros de los sitios donde se ha detectado el narcomenudeo son Lomas de Becerra y Las Golondrinas.
“Aquí no es Barrio Norte”, enfatiza la señora Franco, vecina del Olivar del Conde. Dice ignorar si en esa colonia se venden estupefacientes porque “casi no voy para allá”. Explica que las calles de Barrio Norte no le gustan, puesto que “están muy empinadas” y, aparte, ella transita más hacia el rumbo de Mixcoac.
Dentro de los límites de Barrio Norte se observa que, en efecto, la inclinación de algunas de las calles es notoria; la mayoría, asimismo, es tan estrecha que sólo permite el paso de un vehículo. Los negocios que más abundan son las tiendas de abarrotes. Hacia las 5 PM, afuera de una de ellas unos hombres beben cerveza; en otra esquina, unos niños juegan con un balón.
Cesáreo López lleva más de 30 años viviendo en Barrio Norte. Trabaja colocando instalaciones eléctricas e hidráulicas, y debido a su oficio, asegura, ha recorrido toda la ciudad. Sobre el narcomenudeo en Barrio Norte, considera que es “una cosa normal”, algo que ocurre “en todos lados”, por ejemplo, en delegaciones como Iztapalapa y Cuajimalpa.
Por otra parte, reconoce que es posible que para él no resulte insegura la colonia donde vive porque es “de ahí”, ya conoce a la gente, sabe por cuáles calles andar y por cuáles no, así como que mientras no se meta con quienes cometen delitos no tendrá inconvenientes. “No vale la pena meterse en problemas”, concluye.
El señor López considera que quienes venden droga lo hacen porque quieren obtener “dinero fácil”, pero en realidad pierden más de lo que ganan. Comenta también que, por lo que le han platicado, el narcótico más vendido y consumido en la zona es la piedra (crack).
Acerca de la presencia de agentes de seguridad pública, explica que la ha habido “desde el gobierno anterior”. Sin embargo, aclara, por lo general los policías únicamente “hacen su rondín”; sólo acuden a Barrio Norte en mayor número “cuando hay algo más grande”. Agrega que quienes se dedican a la venta de droga “ya conocen su negocio”, saben cómo librar la vigilancia y, finalmente, “mientras haya consumidores no podrá acabarse con el problema”.

Sunday, July 15, 2007

Los mensajes de una explosión

Las recientes explosiones en ductos de Petróleos Mexicanos —una ocurrida la madrugada del jueves 5 de julio y la otra la madrugada del martes 10— han acaparado, y con razón, la atención de actores políticos, medios de comunicación y opinión pública. Aunque hasta el momento no han ocasionado la pérdida de vidas, se calcula que, desde el punto de vista económico, los ataques en Guanajuato y Querétaro alcanzarán un impacto nunca antes registrado con motivo de acciones de esa índole.
Datos de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), por ejemplo, estiman que mil 500 empresas en cuatro estados —como Nissan, Ideal Standard y Vitro—, así como 80 mil usuarios residenciales, han sido afectados por el desabasto de gas natural, lo que implica una pérdida de alrededor de 100 millones de pesos diarios.
Sin embargo, antes de lanzarnos a señalar culpables y sacar conjeturas, creo que vale la pena detenernos a interpretar qué nos dicen esos hechos del momento actual mundial y nacional, lo mismo que a proyectar perspectivas a futuro.
Como es lógico, la primera pregunta que surgió fue quién había cometido los ataques. La versión hasta ahora conocida es que el Ejército Popular Revolucionario (EPR), aparecido públicamente por primera vez el 28 de junio de 1996 en Aguas Blancas, Guerrero, reivindicó los atentados por medio de un comunicado. Empero, por principio de cuentas, bien haría el gobierno federal en verificar la autenticidad del documento y en comprobar si en verdad el EPR fue quien provocó las explosiones. Asimismo, bien harán los periodistas en constatar que los informes oficiales se correspondan con la realidad.
¿Por qué enfatizar en la importancia de corroborar o desmentir la implicación del EPR en estos sucesos? No olvidemos que apenas en febrero se supo de amenazas de la red terrorista Al-Qaeda contra países que proveen de petróleo a Estados Unidos, entre ellos Venezuela, Canadá y México. Y si bien tampoco logró asentarse al 100% la veracidad de esas comunicaciones, en un contexto en el que el miedo y la violencia son dos de los fenómenos más globalizados, resultaría ingenuo —no digamos irresponsable— desdeñar la posibilidad de un atentado terrorista de gran envergadura.
Por otro lado, además, sin caer en un exceso de suspicacias, pienso que no tendríamos razón para descartar de tajo la existencia de otro grupo interesado en atacar instalaciones de Pemex o, incluso, la tesis de un autoatentado. En resumen, hasta no comprobarse la participación del EPR, también sería posible hablar tanto de un enemigo externo como de uno interno por ahora desconocido.
Llegados a este punto, veamos qué más nos dicen estos sucesos. Si, por citar el caso, los ataques provinieron de un elemento ajeno al gobierno —el EPR, otro grupo armado nacional, una célula terrorista internacional—, la relativa facilidad con que fueron cometidos evidenciaría las carencias de los sistemas de inteligencia y seguridad del país. En su columna de este viernes (http://www.eluniversal.com.mx/columnas/66193.html), por ejemplo, Raymundo Riva Palacio criticó la labor del director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Guillermo Valdés.
Igualmente, como señala Don Hamilton en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs, esta situación haría notar que para los grupos interesados en desestabilizar un gobierno o a toda una nación, la infraestructura energética —petróleo, gas, electricidad—, por sus muchas relaciones con los ámbitos económico-industriales y con la vida diaria de la población, es un blanco clave.
Ahora, planteando el caso específico de que el EPR u otra agrupación nacional fuera la causante de los ataques no sólo en demanda de que les sean devueltos dos de sus integrantes, sino en protesta por las condiciones políticas, económicas y sociales de México, y como anuncio del estallido de una confrontación mayor, se reviviría el debate de si son o no las armas la única vía hacia una revolución que busque justicia para el pueblo.
Y más allá de la respuesta de cada quien, sin justificar las explosiones, pienso que lo que debe destacarse es que hoy, como en los 60 y 70, época en que surgió la guerrilla en México, existen graves condiciones de desigualdad que originan un descontento cuya expresión límite es el levantamiento de grupos armados que se rebelan contra el Estado.
En ese sentido, coincido con quienes rechazan la violencia como motor de cambio social y opinan que algo como una guerra civil no es algo deseable. Me parece no obstante que en tanto sigan imperando las circunstancias que, por citar sólo un hecho, tienen a 40 millones de mexicanos sumidos en la pobreza —de acuerdo con datos conservadores—, no será improbable que aparezcan más manifestaciones de inconformidad, hartazgo y protesta, es decir, desde las colectas de firmas, movilizaciones y otras acciones cívico-políticas, hasta nuevos ataques a instalaciones de Pemex u otras y, por qué no, el intento de alguna sublevación. Ojalá quienes dirigen este país lo tomen en cuenta.

P.D. Sin un orden en particular, gracias a Martha Álvarez, Omar Astorga, Feliciano Hernández y Mario Stalin Rodríguez por la información y sus comentarios en torno a este caso. Agradezco también a Erika Martínez por siempre leerme y alentarme a escribir.

Friday, July 06, 2007

Adultos mayores en busca de empleo [crónica]

Algunos van de traje; otros, de gorra, pants o hasta con delantal. Muchos usan lentes; otros tantos, bastón o andadera. Hay quienes llevan portafolios, bolsa de mano o carpeta con sus documentos y solicitudes. La mayoría, hombres y mujeres, ya pinta canas.
Son los cientos de asistentes a la Expo Feria del Empleo organizada por el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam) en los salones Olmeca del World Trade Center (WTC), donde encontrarán, de acuerdo con la dependencia, 4 mil ofertas de trabajo: 3 mil plazas fijas, 800 por comisión y 200 como empacadores voluntarios. También habrá consulta médica, muestras de artesanías, presentaciones de grupos de baile —integrados también por adultos mayores—, conferencias y asistencia jurídica.
Félix Guerrero, pensionado de 61 años, llegó al WTC alrededor de las 8:30 am, antes de que fuera inaugurada la expo feria. Cerca las 11:00 camina por la calle de Texas rumbo a Patriotismo. Se dirige a Metro San Joaquín en busca de un puesto como vigilante del que acaba de enterarse. “Está interesante”, comenta sobre el acto. “Nos dan asesoría, hay mucha gente, algunos nos salimos, es que los empleos están escasos”.
Relata que “anda de comerciante”, y aunque su ideal sería encontrar trabajo como mensajero, tiene la esperanza de obtener la plaza como vigilante porque, según la información, la contratación es “inmediata”. Además, familiares y amigos ya le han ofrecido empleo, pero terminan diciéndole “luego te resuelvo”.
A la entrada principal de la expo feria, cantidad de adultos mayores hace fila para registrarse y poder acceder. Les preguntan de qué delegación o municipio vienen y qué tipo de empleo buscan.
María de Jesús Gómez, de 72 años, es una de los 8.6 millones de personas en todo el país que, de acuerdo con el Inapam, tienen 60 años o más. Por su parte, datos del Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI) de 2005 señalan que esa cifra equivale a alrededor de 8.2% de la población nacional. Casi un millón, aproximadamente 955 mil, habita en el Distrito Federal.
La señora María de Jesús supo del acto gracias a un anuncio en la radio. Ha viajado desde ciudad Nezahualcóyotl. Debido a su edad y a su estado de salud, desea conseguir un empleo “que no sea muy pesado” y, de preferencia, de medio tiempo. Acepta que, por su preparación, no podría ser recepcionista; quiere, “más bien, algo de intendencia”.
Al interior de los salones Olmeca, los estantes con artesanías son de los menos visitados. En contraparte, la gente se agolpa en los de Wal-Mart México, Manpower, Gigante, Afore Banamex, el Gobierno del DF, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social o el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
En este último ofrecen exámenes médicos. Rigoberto López Quezada, profesor de periodismo en la UNAM y ex reportero, aguarda a que le revisen el colesterol. Por lo que sabe —comenta—, 90% de las plazas que se ofrecen son trabajos para realizar ventas, por comisión, sin sueldo base. “Mucha gente está desesperada”, concluye.
En contraste, a sólo unos pasos de ahí, frente al estante de la empresa Burger King, una mujer responde entusiasmada a la joven que la entrevista: “Tengo mis nietos, pero no me siento grande. Busco un trabajo de lo que sea. A mí me gusta la cocina, y eso fue lo que pedí”.
Hacia medio día, más adultos mayores, solos o acompañados, siguen llegando al WTC. La gente de prensa del Inapam calcula recibir entre 5 mil y 10 mil personas a lo largo del día.
Algunos de los presentes lucen animados, ya sea por la oportunidad de encontrar trabajo, de recibir atención médica, de ver o de participar en algún bailable o incluso de recibir tratamiento de belleza en estantes como el de la estética Jocelyn. Otros, en cambio, reflejan seriedad, tristeza, preocupación, angustia, quizá por la necesidad, por impotencia o por simple soledad. Todos ellos, sin embargo, y a pesar de las diferencias, parecen querer dar un verdadero sentido al concepto de “adultos en plenitud”.

AGRADECIMIENTO
En atención a Sara Pantoja, quien pudiendo sentir invadida su orden de trabajo, por el contrario, me invitó a colaborar en la elaboración de la nota que se publicó este viernes en la sección DF de El Universal. Si alguien desea verla, puede consultar la página 3... o bien dar clic en este link: http://www.eluniversal.com.mx/ciudad/85237.html. Saludos.

Wednesday, July 04, 2007

Resolver el problema de la basura en el DF, “trabajo en equipo”: Irma Rosas

Coordinadora del Programa Universitario del Medio Ambiente afirma que la ciudadanía debe “crear conciencia”; las autoridades, invertir en ciencia y tecnología para mejorar el tratamiento de los residuos

Para empezar a solucionar el problema de la basura en el Distrito Federal, ciudadanía y gobierno deben “hacer equipo”, afirmó Irma Rosas, doctora en Ciencias Biológicas Ambientales y coordinadora del Programa Universitario del Medio Ambiente (PUMA) de la UNAM.
Rosas explicó que los ciudadanos debemos “crear conciencia” de la importancia de separar los residuos en orgánicos e inorgánicos, así como de reducir su volumen, mientras que las autoridades deben invertir en ciencia y tecnología para mejorar el tratamiento de los desechos, con el propósito de que la mayor parte de éstos se reciclen o sean aprovechados de otra manera y no sólo terminen en un relleno sanitario.
En entrevista telefónica relató que en 2003, cuando fue publicada la Ley de Residuos Sólidos del DF, la comunidad que estudia el medio ambiente estuvo a la expectativa de si con esta legislación sería posible que cada vez menos basura terminara en el Bordo Poniente, el tiradero donde se calcula que diariamente van a parar las 12 mil toneladas de desechos que se generan en la capital.
Esto no se ha logrado —opinó— porque no ha habido la suficiente inversión en la materia y porque “el manejo de los residuos se hizo tan añejo socialmente que no es fácil desmembrar esa actividad”. Sin embargo, aclaró que “como ciudadanos no perdemos absolutamente nada en separar los residuos”, ejercicio que conduciría a un “cambio de actitud, de costumbres” y daría opciones al gobierno.
Sobre la pregunta de si la aplicación de sanciones a quienes no separan los residuos fomentaría que la gente lo hiciera, Rosas consideró que las autoridades tendrían que efectuar esa acción del modo en que un padre “regaña” a su hijo, es decir, exponiendo las razones de la reprimenda.
Por otra parte, aceptó que “no se puede prescindir de un relleno sanitario”, pero la “meta” es que —dijo—, como ocurre en España, Francia o Japón, la mayor parte de esos productos sean reciclados o empleados como fuentes alternativas de energía. Citó el caso de la pirólisis, proceso en el que la materia orgánica se descompone químicamente al calentarse en ausencia de oxígeno, y que al ser utilizado en el tratamiento de residuos los transforma en carbón, agua y otros líquidos.
A juicio de Rosas, una manera de trabajar para resolver el problema de la basura sería el establecimiento de “comités interdisciplinarios” en los que se unieran la ciencia, la tecnología, la opinión ciudadana y los “tomadores de decisiones”, quienes se encargarían de estudiar, entre otros, los aspectos económicos. Asimismo —añadió—, correspondería a los medios de comunicación difundir la educación ambiental.

Sunday, June 24, 2007

Tratar la migración dentro y fuera

[Foro Internacional, columna]
“Héroes a fuerza” se titula el artículo con el que José Luis Piñeyro, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana campus Azcapotzalco y especialista en temas de seguridad, ganó el Premio Nacional de Periodismo correspondiente a 2004.
Así definía Piñeyro a los mexicanos que, obligados por las difíciles condiciones socioeconómicas del país, decidían emigrar a Estados Unidos con el fin de obtener recursos que pudieran enviar a sus familias en sus lugares de procedencia, siendo conscientes o no de los riesgos que enfrentarían al intentar cruzar la frontera e incluso después de ello. Con tales acciones, a su vez, esos mismos migrantes contribuían a sostener la economía nacional, que actualmente tiene en las remesas a su segunda fuente de ingresos, sólo por debajo del petróleo y por encima del turismo.
Dentro de la política exterior de México, en específico en lo que se refiere a la relación con Estados Unidos, tal vez ningún asunto reciba tanta atención como la migración. No es secreto, pues, que desde principios del sexenio de Vicente Fox se buscó promover una reforma migratoria que favoreciera a los connacionales que radican allá. Tampoco lo es que ese afán se vio frustrado por el hecho de que EU cerró sus fronteras como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre de 2001 primero y por la falta de talento diplomático de la administración de Fox después.
Igualmente, del otro lado la búsqueda de una reforma en la materia se ha visto obstaculizada por la oposición de una parte de la sociedad estadounidense cuyo extremo xenófobo lo representan agrupaciones como Minutemen, así como por sectores políticos conservadores que han llegado a presentar iniciativas como la llamada ley Sensenbrenner que criminalizaba a los migrantes. Y tal parece que, tras el fracaso en el Congreso de las negociaciones de la propuesta del presidente George W. Bush —que no es la panacea—, esa reforma permanecerá congelada por tiempo indefinido.
Ante esa circunstancia, no obstante, pienso que el gobierno de México, lejos de cruzarse de brazos, deberá estar al tanto de la importancia del tema y actuar dentro y fuera de territorio nacional.
En EU —a través de sus consulados, de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de la labor del embajador Arturo Sarukhán y de la del propio presidente Felipe Calderón— deberá insistir en que se respeten los derechos humanos de las personas que migran al norte y en que se reconozca su contribución a la economía y a la cultura de ese país.
Para tener una idea de la representatividad de la comunidad latinoamericana y mexicana baste recordar las multitudinarias manifestaciones proinmigrantes del 1 de mayo de 2006 en ciudades como Chicago o Los Ángeles, o considerar los datos brindados por la Embajada de EU en México, tomados de los archivos de 2002 del Census Bureau, según los cuales casi 38 millones de personas que habitan en EU son de ascendencia latinoamericana, y de ellas 24 millones (60%) son de origen mexicano.
Así, lo que debería pretenderse conseguir no es, como se ha querido señalar en EU, una “amnistía” para quienes transgreden la ley, sino un trato justo, humanitario (una demanda que, por cierto, las autoridades mexicanas harían bien en cumplir en la frontera sur de nuestro país). Y como en otros asuntos bilaterales como el comercio o el combate al crimen organizado y al narcotráfico, el énfasis no deberá situarse en la confrontación, sino en hacer equipo.
Por otro lado, en lo que toca a las remesas, el gobierno mexicano deberá ser consciente de la peligrosidad de una dependencia creciente de recursos que vienen del exterior, más aún si en un momento dado éstos pueden simplemente disminuir o dejar de llegar, o si sólo son utilizados para el gasto corriente de familias o comunidades y no para la inversión.
Y es que, como mencionara Enrique Berruga Filloy, ex representante de México ante la ONU, si llegase a aprobarse una reforma migratoria que permitiera a los connacionales que radican allá llevar consigo a sus parientes, estas personas perderían el lazo con el país y ya no enviarían remesas. Es por eso que como estrategia gubernamental tendría que fomentarse el sentido de pertenencia y, además, incentivar que esos recursos sean empleados con una perspectiva a mediano y largo plazo para invertir en proyectos de infraestructura, vivienda, educación y empleo.
Pero más allá de todo lo antes mencionado, éste y los gobiernos siguientes deberán repasar las causas de la migración y estudiar a fondo el Informe de Desarrollo Humano México 2006-2007 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). De acuerdo con este texto, la principal causa de que la gente opte por emigrar no es la pobreza, sino las desigualdades, y aunque personalmente creo fundamental no caer en el error de subestimar el grado de miseria que padece México, encuentro atinado subrayar que la desigualdad educativa, de oportunidades, laboral y salarial es de hecho un motivo por el que las personas deciden o de plano se ven forzadas a irse a otro país.
La historia ha probado que es imposible detener las migraciones. Éstas ocurren por razones políticas, guerras, enfermedades, hambre, desastres naturales o por la búsqueda de mejores condiciones de vida. En un mundo cada vez más globalizado como el nuestro, sería iluso negar esta realidad, y reprobable si a ello precediera algún espíritu chovinista. No se trata de mantener anclada a la gente a su país de origen ni de que ésta sea literalmente expulsada a otras regiones, sino de que tenga toda la libertad de decidir si se queda o se va. O como dijera Rossana Fuentes-Berain en su artículo de este sábado: “Si alguien decide salir de su región, debe hacerlo por voluntad [...], no por desesperación”.
Tal vez un primer paso para dejar de ser un país expulsor de sus habitantes —a ritmo de 500 mil personas anualmente en los últimos cinco años—, un país que los fuerza a “hacerla de héroes”, sea acabar con las desigualdades sociales. Y para empezar a corregir esa inequidad tal vez lo primero que debería hacerse es acabar con los insultantes sueldos de los altos funcionarios de gobierno. O, hablando de globalización, ¿a alguien le parece sensato que un diputado federal gane casi 150 mil pesos mensuales, más que un legislador de Canadá o la Unión Europea y sólo 4 mil pesos menos que uno de Estados Unidos, cuando el salario mínimo equivale a poco más de mil 500 pesos al mes?

Saturday, June 16, 2007

IVA a alimentos y medicinas agravaría la inequidad: Ramírez de la O


Gravar el consumo de bienes con tasa cero “castigaría” a la población; provocaría evasión y resentimiento

Una reforma fiscal integral debería incluir rebalance del ISR, simplificación del régimen fiscal y menor gasto gubernamental

En las actuales condiciones del sistema de tributación, una reforma fiscal con Impuesto al Valor Agregado (IVA) a alimentos y medicinas “agravaría la inequidad” y “tendría un efecto mucho más regresivo” porque reduciría la capacidad de compra del consumidor y disminuiría el tamaño del mercado, consideró el consultor y analista económico Rogelio Ramírez de la O.
A título personal, el director de Economic Analysis for Company Planning (Ecanal) mencionó que la situación presente ya es inequitativa porque 60% del Impuesto Sobre la Renta (ISR) recae sobre el salario de los trabajadores, mientras que por sus utilidades las empresas aportan 30%.
Por lo tanto, gravar el consumo de bienes con tasa cero equivaldría a “castigar” al grueso de la población, en virtud de que las clases sociales con un menor ingreso destinan la mayor parte de éste a la adquisición de alimentos y, además, “las medicinas son muy caras”.
Con el fin de corregir esa inequidad, expuso Ramírez de la O, “habría que olvidarse por el momento de gravar el consumo y rebalancear las cargas en el ISR”. Para lograrlo, explicó, no es necesario aumentar la tasa, pues la de México (de alrededor de 28%) ya es competitiva. De esa manera, al no subir el ISR no se afectaría la inversión, agregó.
Lo que habría que eliminar, dijo, son los regímenes especiales que hacen que los grandes contribuyentes paguen una tasa efectiva menor, que es de aproximadamente 9.5% del PIB “cuando podría ser de 13% o 14%”.
En entrevista telefónica, el analista comentó que si la reforma fiscal se plantea como se hizo en 2001 y 2003, con IVA a alimentos y medicinas, “no va a tener un gran futuro”, y aun si llegara a convertirse en ley provocaría que continuara la falta de recursos fiscales, así como la evasión y el resentimiento de los contribuyentes.
Añadió que para aumentar la recaudación también “hay que simplificar el régimen fiscal y el de cumplimiento”, puesto que, dentro de otras razones, para las pequeñas empresas resulta muy costoso recurrir a contadores que manejen toda la documentación tributaria.
A la espera de que el Ejecutivo, vía la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, presente al Congreso de la Unión su propuesta de reforma fiscal, Ramírez de la O concluyó que una reforma integral tendría que incluir, además del rebalance de las cargas en el ISR y de una simplificación del régimen, una disminución drástica en el gasto del gobierno. “Un gobierno que gasta mucho tiene una mala imagen”, sentenció.

Friday, June 15, 2007

México y Ciudad Juárez: la palabra contra el silencio

[Bitácora..., última entrega]

El periodismo debe, cuando menos, cuestionar la versión oficial de los hechos. Desde su trinchera es posible y necesario ejercer la “desobediencia civil”, la resistencia a la iniquidad, a la injusticia, a la impunidad, a la indiferencia y, en primer término, al olvido. La labor periodística, entonces, debe auxiliar a la memoria y a que ésta se convierta en la génesis de una demanda de transformaciones sociales.
Bajo estas premisas, en Huesos en el desierto Sergio González Rodríguez se adentra en uno de los casos más indignantes de la historia del México contemporáneo: el de los feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua.
Narrador, crítico y ensayista, González Rodríguez (México, DF, 1950) construye —según sus palabras— un “examen” de la situación que desde 1993 se vive en aquella urbe de la frontera norte del país. En esa evaluación el autor recurre a su propia experiencia como reportero del diario Reforma que indagó en algunas de las muertes y en el contexto en que ocurrieron, así como a la de otros colegas, a documentos y a testimonios de familiares y amigos de las víctimas, autoridades y otros implicados.
En esa línea, resulta evidente que Huesos en el desierto es una obra de carácter periodístico, con sustento en la realidad. Pese a que, a no dudarlo, gran parte del contenido del libro daría para cantidad de macabros relatos, éste no es ficción literaria sino la reconstrucción e interpretación se sucesos verídicos.
En cuanto al género empleado, predominan los rasgos del reportaje: exposición de un tema en sus múltiples aristas y desde diversas perspectivas, inserción de los dichos de los protagonistas, atribución de fuentes. Sin embargo, también aparecen los elementos narrativos y descriptivos de la crónica lo mismo que la reflexión propia del ensayo.
Así, por ejemplo, González Rodríguez logra revivir, a través de las declaraciones de los testigos, los momentos en que algunas de las víctimas —adolescentes y niñas en no pocos casos— desaparecieron al salir de casa, de la escuela o del trabajo, o los episodios en que sus cadáveres fueron encontrados aún con las huellas de la tortura o de los ataques a que fueron sometidas, cuando no estaban ya en un estado de descomposición que de tan avanzado impidió identificarlas.
Igualmente, en otros apartados, como en el capítulo titulado “¡Arriba el norte!...”, desde un enfoque sociológico y antropológico el autor intenta explicar las causas e implicaciones socioculturales del impacto del narcotráfico en esa región de México.
Dentro de sus razonamientos está el que el esquema laboral al que se circunscriben las maquiladoras se deriva de una economía globalizada, dominada por las empresas transnacionales, que ve al obrero como un objeto desechable y con ello fomenta la desigualdad y la deshumanización. El narcotráfico, por otro lado, con sus modelos de ostentación y derroche, se erige como una alternativa atractiva para los sectores y las generaciones que son excluidas de la educación, el empleo y el bienestar.
Y desde las últimas décadas del siglo XX a la fecha, el narco, advierte González Rodríguez, ha trascendido de la sociedad civil para instalarse en las altas esferas: “El crecimiento del narcotráfico, el crimen organizado y la economía informal que a ellos se anexa había seguido una estrategia de amplio alcance que incluía en sus actividades al Estado mexicano. Y lo había logrado a través de sus instituciones judiciales y los cuerpos militares. O las policías federales o estatales”.
De esa manera, en la inacción deliberada o inconsciente de un Estado corrompido y debilitado por el narcotráfico, o a causa de su propia incapacidad, el autor halla el motivo de que más de 300 asesinatos —más de un centenar cometido con un alto grado de violencia— sigan sin ser cabalmente esclarecidos. A pesar de que las autoridades se jacten de haber resuelto la mayoría de ellos.
Según las conclusiones a las que arriba González Rodríguez a partir de toda la información recabada, la razón de que los gobiernos estatal y federal no hayan actuado contundentemente en la investigación y resolución de estos crímenes radica en que existe una red de complicidades entre los funcionarios y los homicidas, sean estos últimos miembros de familias “prominentes” del país o de Chihuahua, o narcotraficantes. O ambos.
Así, debido a este oscuro entramado de intereses y pactos político-económicos, el fenómeno de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez: “Sería el producto de una orgía sacrificial de cariz misógino, a cuyas víctimas se busca y elige en forma sistemática (en calles, fábricas, comercios o escuelas) en un contexto de protecciones y omisiones de las autoridades mexicanas durante la última década”.
En esa atmósfera de impunidad, de impotencia, en la que de acuerdo con cifras del autor 80% de los delitos “nunca se denunciaba, ya que se volvía inútil hacerlo”, cuando no se obtiene la indiferencia oficial se consigue algo quizá peor: el engaño.
Al respecto me parece que vale la pena rescatar dos ejemplos: el del egipcio Abdel Latif Sharif Sharif y el del empleo mediático de las autoridades. En el primer caso, el del hombre marcado en un principio como el autor material o intelectual de todos los homicidios, la presunta explicación o franca puesta en escena resulta, por decir lo menos, sumamente cuestionable. Ante la ausencia de culpables, porque no se les puede o no se les quiere encontrar, qué mejor que el recurso del chivo expiatorio. Más aún si éste es extranjero, con lo cual se despierta el sentimiento xenófobo, y si carece de amigos o familia que puedan defenderlo.
“Las autoridades —escribe González Rodríguez en referencia al segundo caso— han llegado al extremo de construir en los medios de comunicación de masas una suerte de substancia delincuencial ubicua, inasible, omnipotente, que deja en el nominalismo más abstracto lo que deberían ser acciones concretas, resultados y eficacia”. Funcionarios estatales y federales, pues, utilizan los medios para propagar su visión de la realidad. No obstante, si bien esto constituye un acto criticable, también lo es que esos medios se tornen en voceros del oficialismo y con ello contribuyan a la desinformación.
Por otro lado, no sobra aclarar que la primera edición de Huesos en el desierto apareció en 2002. Durante su elaboración y tiempo después de que la obra saliera al mercado, cuenta el mismo González Rodríguez, el reportero fue objeto de amenazas, actos intimidatorios, supuestos asaltos y una golpiza. La presente edición data de 2005 e incluye un postfacio en el que el autor realiza un ejercicio de memoria y de valoración de su trabajo. Éste reúne, a manera de cierre expositivo, algunas conclusiones fuertes sobre lo endeble de las posturas gubernamentales en todos sus niveles.
Creo sin embargo que por momentos este apartado se convierte en un autoelogio en el que el autor raya en su propia victimización. Claro está que no resto mérito a la investigación realizada; por el contrario, considero que ésta habla por sí sola y simplemente no era necesario que Sergio González Rodríguez ahondara con tanto detalle en, por ejemplo, sus meditaciones acerca de la trascendencia del libro o sobre los peligros del ejercicio periodístico.
Menos aún cuando muchas páginas atrás remata el prólogo a esta misma tercera edición con un juicio sobrio a la vez que arrebatador: “En México, es muy peligroso indagar los nexos del poder político y el crimen organizado, pero no tanto como el hecho de ser una mujer y vivir en una sociedad que, día tras día, descubre cuánto su rostro tiende a multiplicar en otras partes la desolación de Ciudad Juárez”.
Valgan como últimos apuntes lo siguiente: a 14 años de iniciada la ola de feminicidios en Ciudad Juárez, los crímenes no han sido esclarecidos ni los culpables señalados, capturados y enjuiciados; conforme pasa el tiempo, la violencia y el peso del narcotráfico en el país se recrudecen (en mayo, según un recuento de El Universal, se alcanzó la cifra de mil muertes por asesinato, mientras en 2006 esto ocurrió hasta julio y en 2005 hasta septiembre); sin caer en determinismos, dadas sus condiciones socioeconómicas y educativas, alrededor de 22% de la juventud mexicana es propenso a caer en la informalidad, el subempleo o la delincuencia.
Así pues, en tanto como sociedad no hagamos algo por acabar con los esquemas culturales machistas y misóginos, así como con la tendencia a —con González Rodríguez— “normalizar la barbarie”, ni nos empeñemos por terminar de raíz con problemas como la corrupción política y empresarial o la desigualdad social, el panorama no mejorará.
Al igual que al autor, aún me gusta pensar que como auxiliares de la memoria, vehículos del pensamiento e invitaciones a la acción, el periodismo y la literatura pueden ayudar en algo.


FICHA BIBLIOGRÁFICA:
GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, Sergio. Huesos en el desierto [2002]. México, 3a ed., Anagrama, 2005.

Thursday, June 07, 2007

Dan prioridad a 'Pasaje Seguro' en Álvaro Obregón


El operativo busca detectar armas, droga, asaltos, secuestros y conductores en estado de ebriedad; los ilícitos se presentan en 20% de los casos


A causa de los reportes de aumento de robo de autos y venta de droga, en el operativo Pasaje Seguro, implementado por el Gobierno del Distrito Federal (GDF), “se le está dando prioridad a la delegación Álvaro Obregón”, señaló el oficial de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina (SSP-DF) Herminio Salgado.
Pasaje Seguro, puesto en marcha el 15 de enero de este año y en el que además de la SSP-DF intervienen la Procuraduría General de Justicia local (PGJDF) y la Secretaría de Transportes y Vialidad (Setravi), tiene el propósito de detectar si los vehículos transportan armas, drogas o víctimas de asalto o secuestro, así como verificar que los conductores no viajen en estado de ebriedad y cuenten con licencia y tarjeta de circulación en orden, mencionó Salgado.
El oficial, entrevistado la noche del miércoles durante la realización del operativo sobre la avenida Alta Tensión a la altura de la unidad habitacional Lomas de Plateros, en Álvaro Obregón, explicó que los automóviles y los taxis en especial son desviados para poder hacer la revisión.
Acerca de la frecuencia con que es observado algún ilícito, informó que esto sucede en alrededor de 20% de los casos, aunque no dio detalles. “Te das cuenta, la gente se pone nerviosa”, agregó.
Por otro lado, comentó que “entre tres y cuatro de cada 10” personas se muestran reacias a la revisión de sus vehículos. “Algunos te quieren amedrentar diciendo (por ejemplo) que son licenciados en Derecho y que no los puedes detener”. En esas situaciones extremas en que los conductores “se ponen difíciles”, aseguró, los dejan continuar con su camino, pero, opinó, “el que nada debe nada teme”.
Manuel Galván, vecino de Plateros y cuyo automóvil fue revisado, relató que “te checan los documentos, te piden lo normal (licencia y tarjeta de circulación)”. Confirmó también que los agentes de la SSP-DF realizan una “inspección ocular” en busca de armas o droga.
No obstante, al preguntársele sobre el grado de efectividad del operativo para prevenir el robo de vehículos y autopartes, Galván consideró que “es una medida que coadyuva”, pero que por sí sola no basta para solucionar el problema.
En su opinión, tendrían que adoptarse otras acciones, como la coordinación entre autoridades y público para realizar un “censo” de aquello que sea robado. De esta manera, continuó, las piezas o autos quedarían “marcados”, y si un ladrón pretendiera venderlos no podría y sería posible detectarlo. En cuanto a la meta de acabar con la venta de droga, “está en chino”, concluyó.

Monday, June 04, 2007

Los abismos de Chiapas

[Bitácora de una última clase]

Para comenzar, una triste y obvia realidad: en México desde siempre ha existido la desigualdad social. Si bien, por ejemplo, la Constitución señala que todos somos iguales ante la ley y las mujeres, diferencia de hace 55 años, tienen derecho a votar, lo cierto es que las brechas o francos abismos entre clases, etnias y sexos perduran. Y si en todo el país es posible encontrar muestras de ello, vale la pena reparar en las características particulares que esta situación adquiere en algunos estados de la República.
En Balún-Canán (1957), Rosario Castellanos, quien nació en el DF pero creció en Comitán, Chiapas, describe las injustas —casi coloniales— relaciones de subordinación trabajadores-patrón que se daban en las haciendas de esa entidad en tiempos de Lázaro Cárdenas y de la implantación del agrarismo.
Los Argüello protagonizan esta novela. Propietarios, familia de abolengo, observan con preocupación que el gobierno federal ordenara, dentro de otras disposiciones, el pago de un salario mínimo a los empleados, la repartición de tierras y el establecimiento de una escuela rural. Indignados, objetan que ningún “indio” vale tanto dinero; que con él lo único que harán será embriagarse; que los hacendados, al ser despojados de sus terrenos, perderán toda posibilidad de subsistencia; y que la idea de que esos indígenas aprendan a leer resulta simplemente risible.
Sin embargo, claro está, lo mismo que las otras familias de su condición, se niegan a renunciar a sus privilegios y buscan —ya sea a través del fuete, de sus influencias con el presidente municipal o de alguna otra argucia— aparentar que cumplen con la ley, mantener a los indígenas a raya y conservar su posición.
La obra está estructurada en tres partes. La primogénita de los Argüello, cuyo nombre nunca se sabe y quien pudiera ser la representación de la autora, narra la primera y la tercera con la inocencia, la naturalidad y la sinceridad de un niño. Sirva de ejemplo el siguiente pasaje:

“Todas las tardes, a las cinco, pasa haciendo sonar su esquila de estaño una vaca suiza. (Le he explicado a Mario [su hermano menor, el varón] que suiza quiere decir gorda.) El dueño la lleva a atada a un cordelito, y en las esquinas se detiene y la ordeña. Las criadas salen de las casas y compran un vaso. Y los niños malcriados, como yo, hacemos muecas y la tiramos sobre el mantel.
—Te va a castigar Dios por el desperdicio —afirma mi nana [una indígena].
—Quiero tomar café. Como tú. Como todos.
—Te vas a volver india.
Su amenaza me sobrecoge. Desde mañana la leche no se derramará”.

El segundo apartado, en mi opinión el más rico y sólido de la novela, es narrado principalmente en tercera persona, aunque también toman la palabra otros personajes como Zoraida, esposa de César y madre de los niños, Matilde, la prima “quedada”, y Ernesto, hijo bastardo de uno de los hermanos de César a quien su tío recurre no por cariño sino por mera conveniencia.
A través de ellos Rosario Castellanos logra una aguda radiografía de los convencionalismos sociales de esa época y esa región. Zoraida, por ejemplo, siendo una mujer que de pobre se incorporó a la clase alta al casarse con César, es la más reacia a volver a “pasar penas”, y por ello no pierde la oportunidad de reclamar a su marido que limite sus gastos y que no actúe con los indígenas con mano dura ni “se dé a respetar”. Matilde, por otro lado, fue una niña consentida que ahora, cuando en su rostro ya se dibujan arrugas, experimenta el tormento diario de vivir sin ver cumplidos sus románticos sueños. Ernesto, finalmente, afronta su existencia con el estigma de “hijo ilegítimo” que, por más que se esfuerce, nunca logrará merecer el reconocimiento y el aprecio de su tío.
No obstante esta riqueza de voces y de temas, hacia el final de la historia aquellos que parecían erigirse como los ejes de la novela, el agrarismo y las desigualdades sociales, se diluyen en el relato misterioso pero incierto de lo que sucede a Mario, el hijo menor, el apreciado varón, y de cómo su hermana asume la culpabilidad de esa desgracia.
Igualmente, me parece que otro aspecto que podría criticarse de este libro es quedarse casi exclusivamente con una visión, la de los hacendados, y no presentar con mayor detalle la de los indígenas, más allá de los vocablos en tzeltal, de lo místico de su cosmogonía o del sincretismo entre sus creencias y la religión católica.
Ahora bien, aunado a la belleza narrativa de la novela, en tanto protesta social encuentro en Balún-Canán el mérito de denunciar lo injusto de los esquemas de trabajo en el campo chiapaneco, una queja que no dudo podría extenderse a otras entidades del país. Asimismo, Castellanos no sólo apunta hacia la desigualdad socioeconómica entre trabajadores y propietarios, sino hacia la discriminación del blanco al indígena, e incluso dentro del mismo grupo privilegiado, del hombre a la mujer. Todo esto, además, visto desde la perspectiva de “los de arriba” no sólo como el estado de cosas “normal”, sino deseable.
A 50 años de la publicación de esta obra —concluyo—, no es difícil percatarse de que, en esencia y por doloroso que resulte, muchas de esas situaciones no han cambiado.
FICHA BIBLIOGRÁFICA:
CASTELLANOS, Rosario. Balún-Canán [1957]. México, 2a ed., FCE, 2005.

Sunday, June 03, 2007

Por la pluralidad de voces

[Foro Internacional, columna]
Siempre será difícil realizar análisis serios sobre las complejas relaciones que se tejen entre Estado, gobierno y medios de comunicación, tanto más si se intenta establecer un deber ser, es decir, un ideal al que tendrían que aspirar esas relaciones. Por el contrario, siempre resultará sencillo —además de riesgoso— caer en juicios y simplificaciones exageradas de esos nexos.
Desde la semana pasada dos situaciones, una en el ámbito internacional y otra en el nacional, han incrementado la relevancia de este debate Estado-gobierno-medios.
En Venezuela, a las 23:59 horas del domingo 27 de mayo, tras la decisión de la administración de Hugo Chávez de no renovar la concesión a la compañía Radio Caracas Televisión (RCTV), la señal de este medio con 53 años de antigüedad salió del aire para dar lugar a la del nuevo canal público Televisora Venezolana Social (Teves).
Diversos organismos como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), medios y analistas —a cuyas voces me sumo— han considerado que esta fue una acción unilateral de parte de un gobierno instalado en el autoritarismo, un ataque a la libertad de expresión propio de regímenes dictatoriales que buscan acallar a la oposición. Cabe recordar que ya desde enero de este año, cuando fue anunciada esa disposición, la SIP se mostró preocupada porque el móvil de este acto fuera castigar a un medio disidente para premiar uno afín al mandatario.
Por otro lado, tanto en Venezuela como en México simpatizantes del presidente Chávez han aplaudido la medida. En nuestro país causó polémica el apoyo de Camilo Valenzuela, ex guerrillero y actual presidente del Consejo Nacional del PRD. “Tenemos que aprender de Venezuela”, dijo. ¿Era posible que la izquierda, promotora histórica de la disidencia, respaldara el cierre arbitrario de un medio?, parecía ser la pregunta. Vale agregar que, en una maniobra de inteligencia política, en voz de Fernando Belaunzarán, secretario de Formación Política del partido, el propio PRD se deslindó del asunto al decir que las declaraciones de Valenzuela fueron a título personal.
En ese concierto el punto de vista de Gabriel Guerra se situó justo a la mitad. El analista declaró tener “sentimientos encontrados” por el cierre de RCTV, ya que si bien el gobierno de Chávez había dado numerosas muestras de su autoritarismo, en esta ocasión no se trataba de haber arrebatado la concesión a un medio sino de simplemente no haberla renovado, y además estaba el hecho de que durante el golpe de Estado de 2002, que intentó derrocar al militar, la televisora había alentado la insurrección, lo que para Guerra no hay modo de justificar. (Para esta columna se buscó, sin éxito, obtener una versión más detallada del comportamiento de RCTV en esos acontecimientos.)
Más llamó mi atención sin embargo encontrar opiniones que criticaban a los detractores de la acción chavista bajo el argumento de que RCTV era una compañía equiparable a —y tan deleznable como— Televisa en México. Televisa, parecían insinuar, debería correr la misma suerte que la compañía venezolana.
Independientemente de que admito desconocer la estructura empresarial y la programación de RCTV, me parece cuando menos aventurado y falto de fundamento homologar su situación con la de la empresa de Emilio Azcárraga Jean en nuestro país. Esto me conduce ahora al escenario nacional.
El jueves 31 de mayo, en el contexto de la discusión de la acción de inconstitucionalidad promovida por 47 senadores de la 59 Legislatura en contra de las reformas a las leyes federales de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones, publicadas en el Diario Oficial de la Federación el 11 de abril de 2006 por el ex presidente Vicente Fox —mejor conocidas como ley Televisa por favorecer a las dos grandes televisoras del país, la citada Televisa y TV Azteca—, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decidió anular el refrendo automático a las concesiones de radio y tv.
Esto que significa que, contrario a lo planteado en la legislación impugnada, los actuales concesionarios deberán entrar a licitación y pagar una contraprestación al Estado al vencer sus títulos. (La SCJN, no obstante, optó por mantener como válidas las prerrogativas de los actuales propietarios durante el proceso de renovación.) Con esta decisión se cumple una de las principales demandas del grupo opositor a la ley Televisa, encabezado, entre otros, por Javier Corral, Manuel Bartlett y Raymundo Cárdenas.
Ambos casos, pues, ilustran los extremos a los que puede llegar la relación Estado-gobierno-medios. En Venezuela, por un lado, se aprecia a un gobierno autoritario que buscó y aprovechó la oportunidad de silenciar a un medio que —sin importar su línea editorial, o si estamos o no de acuerdo con ella— ejercía oposición. Se calla a quienes piensan distinto. Por otro lado, en México vemos el esfuerzo de un grupo de ex senadores —que no de todo el aparato gubernamental— por echar atrás una ley que aumenta los privilegios de los principales concesionarios de los medios electrónicos, un grupo que en ese sentido, dicho sea de paso, representa a buena parte del sector académico, intelectual y civil de la sociedad mexicana.
En síntesis, la acción de Chávez representa la imposición unilateral y antidemocrática de un gobierno —actitud que se ha traducido en amenazas a otros medios como Globovisión y CNN, a quienes el presidente acusa de instigar a que lo maten—, mientras que en México se observa la pugna por limitar el de por sí enorme poder económico y mediático de dos televisoras, un poder fáctico igual de antidemocrático que el chavista.
Hasta donde entiendo, uno de los ideales de la democracia es que en la esfera pública exista cabida para la pluralidad de voces presentes en una sociedad. En esa línea, el grupo representado por Corral, Bartlett y Cárdenas no pretende acabar con Televisa y TV Azteca, sino que entre ambas dejen de concentrar 80% del espectro radioeléctrico, y con ello se permita la entrada de más radiodifusores en aras de una mayor y más justa representación social y competencia, así como de una programación más variada y de mayor calidad.
Tengamos cuidado con los juicios apresurados y simplistas que tienen por consecuencia dificultar el entendimiento cabal de la realidad. Ni la de un gobierno ni la de un solo medio o grupo de medios deben ser las únicas voces que se escuchen en una sociedad. La apertura y la tolerancia política y mediática son requisitos indispensables para la construcción de colectividades más igualitarias e incluyentes.
Si alguien, y no dudo que así será, no comparte mis ideas, bienvenida sea la crítica. En los próximos días y semanas seguramente habrá de repetirse la célebre frase de Voltaire: “Puedo no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”. No dejemos de reflexionar y de actuar al respecto.

Sunday, May 27, 2007

Ver la Revolución

[Bitácora de una última clase]

Por “novela de la Revolución” entendemos, a grandes rasgos, el género literario surgido a raíz de y que intenta retratar y explicar, desde variados puntos de vista, distintos aspectos del proceso político, social y cultural que según la versión oficial inició el 20 de noviembre de 1910.
Los de abajo de Mariano Azuela, redactado en El Paso, Texas, en 1915 y publicado por vez primera un año después, es uno de los libros más representativos de esta categoría. En él se cuentan la historia, las peleas y los saqueos del grupo de revolucionarios dirigido por Demetrio Macías, combatiente oriundo de Moyahua, Zacatecas, temido por los federales y respetado por sus hombres.
Narrada en tercera persona y estructurada en tres partes subdivididas en pequeños capítulos, Los de abajo es una novela muy oral en el sentido de que los diálogos cobran especial importancia tanto para conducir la trama como para reconstruir la psicología y el proceder de los personajes. Azuela, quien fue médico de la facción de Francisco Villa durante la lucha armada, busca reproducir el habla de la tropa y de la gente de los pueblos que fungen como escenario de batallas.
En este contexto, resulta significativa la aparición del joven Luis Cervantes, la representación del propio autor dentro de la historia. Cervantes, al igual que Azuela, estudió medicina. También fue periodista, y como tal, antes de decidir unirse a la cuadrilla de Macías convencido de su afán de ayudar a revertir la injusticia social en la que el gobierno tenía sumida a la nación, escribió artículos incendiarios en contra de los rebeldes.
Mientras los soldados, incluido el mismo Macías, son analfabetos, Luis Cervantes, el “curro”, pertenece a lo que podría llamarse la clase ilustrada. De ahí el contraste entre las formas de pensar de uno y otros, de que aquellos no comprendan los discursos que él pronuncia como si se dirigiese a los ideólogos de la Revolución. Y de ahí que, al presentarse ante el cabecilla hablándole de los “ideales” y de la “causa” a defender, éste simplemente le conteste: “¿Pos cuál causa defendemos nosotros?...”.
Por otro lado, a mi juicio es posible establecer cierta similitud entre Los de abajo y algunos de los cuentos contenidos en los Relatos de la Revolución de Rafael F. Muñoz. En ambas obras, a diferencia de lo que sucede en, por ejemplo, La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán, la atención no se vuelca hacia la capital del país ni hacia las altas esferas del poder, sino a sucesos particulares, alejados del centro, a partir de los cuales pretende mostrarse cómo impactó el movimiento a la soldadesca y a los habitantes de zonas rurales de estados como Zacatecas, Durango y Jalisco.
De esa manera, aunque Francisco I. Madero, Venustiano Carranza y Victoriano Huerta son mencionados en la novela, sólo forman parte del trasfondo en el que ocurren los hechos narrados en ella. Los principales episodios no giran en torno a los líderes de la Revolución, sino a este grupo concreto de combatientes que, realmente sin tener una estrategia o una finalidad definidas, parecen perseguir el encuentro con Francisco Villa, a quien admiran a pesar de nunca haber visto. Cabe añadir, por cierto, que ese culto termina o al menos se ve diezmado cuando llegan a ellos los rumores de una derrota del Centauro del Norte.
“Somos elementos de un gran movimiento social que tiene que concluir por el engrandecimiento de nuestra patria. Somos instrumentos del destino para la reivindicación de los sagrados derechos del pueblo”, afirma en algún momento Luis Cervantes. No obstante, en la obra no se aprecian soldados —por así decirlo— conscientes de la lucha de la que forman parte, sino a campesinos o peones vueltos revolucionarios por su desprecio hacia los federales o hacia los caciques de sus lugares de origen, pero cuya última meta puede ser, después de todo, regresar a casa habiendo obtenido alguna ganancia de sus saqueos y “avances”. A este respecto vale evocar la escena en la que los soldados tratan, sin orgullo ni remordimiento, el tema del “yo robé”.
Pero tal vez lo más relevante de la realidad novelada sea el hecho de que, sobre todo hacia el final del relato, la soldadesca con frecuencia se pregunte por qué o por quiénes tendría que seguir luchando. Entre la confusión y el desencanto, el propio narrador esgrime la que quizá sea la única respuesta al alcance: “Porque si uno trae un fusil en las manos y las cartucheras llenas de tiros, seguramente que es para pelear. ¿Contra quién? ¿En favor de quiénes? ¡Eso nunca le ha importado a nadie!”.
Para finalizar, si bien esta obra de Mariano Azuela no bastaría para desentrañar todo el género de la novela de la Revolución, ni mucho menos para comprender este complejo proceso que configuró numerosas características del México del siglo XX, sí tiene el mérito de presentar una visión no centralista de la lucha armada, de recordar que en el plano ideológico nunca hubo un verdadero consenso de por qué se estaba combatiendo, así como de plantear la pregunta de cómo vieron “los de abajo” el movimiento revolucionario. Más aún, puede hacer que nos cuestionemos cómo lo vemos y qué significa ahora, a tres años de cumplirse su centenario.
FICHA BIBLIOGRÁFICA:
AZUELA, Mariano. Los de abajo [1916]. México, 2a ed., FCE, 2006.

Friday, May 25, 2007

“Vale la pena empolvarse los zapatos”: Héctor de Mauleón

[Bitácora de una última clase]
La ciudad de México posee gran riqueza literaria, “tiene mucho de irreal, de increíble”

La labor de un cronista urbano es “descifrar la obra mayor del hombre”, la ciudad, declaró el escritor y periodista Héctor de Mauleón en una charla con estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
El también director de Confabulario, el suplemento cultural de El Universal, enfatizó en la riqueza literaria de la ciudad de México. “Esta ciudad da mucho para la literatura fantástica, tiene mucho de irreal, de increíble”, mencionó.
En su opinión, una urbe con siete siglos de antigüedad, a través de los cuales ha ido reconstruyéndose y dejando capa sobre capa de cada una de sus distintas épocas —lo que da la idea de una ciudad enterrada—, “es terreno apto para la exploración literaria”.
De Mauleón (1963) explicó que la primera crónica urbana data de 1554, cuando tres hombres recorrieron la calle de Tacuba, “la más antigua de América”, y registraron lo que vieron. A partir de ese momento, gracias a la crónica —dijo—, “la ciudad cobra conciencia de sí misma”.
Ya en el siglo XIX —continuó—, escritores como Manuel Gutiérrez Nájera, que publicaban en los periódicos, salieron a la calle y edificaron una tradición con la que años después siguieron cronistas como Salvador Novo, Carlos Monsiváis y José Joaquín Blanco.
El autor de El tiempo repentino, La perfecta espiral y Como nada en el mundo invitó a imaginar la reacción colectiva que generaron, entre otros, sucesos como la llegada a la ciudad de México del primer automóvil, del cinematógrafo o del teléfono.
Asimismo, comentó que la relación entre la ciudad de México y sus habitantes ha sido “de amor-odio”, pues mediante sus anuncios o estructuras ésta puede condensar los sueños de una persona pero también la obliga a conseguirlos, o igualmente puede someterla a experiencias desagradables como la de viajar “como sardina” en el Metro o el terremoto de 1985. Esta ciudad —concluyó— “está diseñada para hacernos la vida imposible”.
En otro momento, a pregunta expresa de una alumna, De Mauleón respondió que uno de sus lugares predilectos es el Centro Histórico.
Sin embargo, aclaró que detrás de cada sitio existe una historia, y “basta con abrir los ojos, con ser observador, para comenzar a descubrirla, para que volvamos a acercanos a la ciudad que hemos tenido”. A juicio suyo, vale la pena salir a recorrer las calles, “vale la pena empolvarse los zapatos”.

Friday, May 04, 2007

Francia, entre certezas y pronósticos

[Foro Internacional, columna]
El próximo domingo 6 de mayo, con la celebración de una segunda ronda electoral en la que contenderán Segolene Royal, candidata del Partido Socialista, y Nicolas Sarkozy, de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Francia conocerá a su nuevo presidente, es decir, al sucesor de Jacques Chirac en el Palacio del Elíseo.
Mucho se ha comentado acerca de esta elección, y en la mayoría de los asuntos parece haber, cuando no una certeza, al menos cierto consenso medianamente generalizado. Destaca, por ejemplo, que en su primera vuelta fue una jornada histórica pues registró alrededor de 85% de participación, y para algunos analistas este proceso no sólo representará la preferencia de los franceses por uno u otro candidato, sino por uno u otro lado del espectro político-ideológico, derecha o izquierda.
También se ha resaltado que es la primera ocasión que los socialistas reúnen tantos votos en una primera ronda (25.84%), que para la ultraderecha encarnada por Jean-Marie Le Pen fue una gran derrota (únicamente consiguió 10.51% de la votación), y que en lo que toca a Segolene Royal es un triunfo que una mujer lograra imponerse a un ambiente político fundamentalmente machista, incluso al interior de su partido.
Asimismo, no cabe duda de que la figura de Francois Bayrou, el candidato de centro que quedó tercero en la primera vuelta detrás de Sarkozy y Royal con 18.55% de los sufragios, presidente de la Unión por una Democracia Francesa (UDF), pesará en el resultado final de los comicios.
Hasta aquí, pues, la prensa parece estar de acuerdo. Acerca lo que ocurrirá el domingo se ha mencionado que Sarkozy mantiene una ligera ventaja en la intención de voto sobre Royal, y que en esa tendencia influirán, dentro de otros factores, la percepción que la ciudadanía gala tiene de cada uno de los contendientes así como el impacto del debate televisivo del pasado miércoles.
Con respecto del primer elemento se dio a conocer que una encuesta del instituto demoscópico CSA, publicada por el periódico Le Parisien, señaló que 57% de los franceses considera a Segolene Royal más “simpática y tolerante” que Sarkozy, pero ese mismo porcentaje califica al ex ministro del Interior como más “sólido”. Y en lo que concierne al debate entre ambos candidatos, la nota fue que, ante las observaciones de Sarkozy en torno a temas como el de la educación a niños discapacitados, Royal perdió la calma, lo que inevitablemente afectará su posición en los sondeos.
Así, sin que esto represente mis preferencias personales, mis inclinaciones ideológicas, ni mucho menos algún tipo de machismo, mi pronóstico es que, como se especula, Nicolas Sarkozy —quien se llevó la primera ronda con 31.11% de la votación— vencerá en la segunda vuelta y será el nuevo presidente de Francia. A pesar de que la socialista pueda tener un mayor carisma, de que la gente pueda considerarla más agradable y a él más rígido o intolerante, creo que pesará más la percepción de Sarkozy como un hombre con una mayor experiencia al frente de la política francesa.
A lo anterior habría que agregar el perfil conservador del candidato de la UMP en combinación con la reticencia de muchos franceses para con los migrantes de origen africano o árabe, o para con asuntos de política exterior como la posible entrada de Turquía a la Unión Europea.
Nicolas Sarkozy, sin embargo, aun ante su probable si no es que seguro triunfo, no tendrá ante sí un paquete fácil ni nada similar. En el tema de la migración, por ejemplo, fue precisamente durante su etapa como ministro del Interior que en noviembre de 2005 tuvo que enfrentar una serie de disturbios —incendio de vehículos, enfrentamientos entre manifestantes y las autoridades— que asolaron París en protesta por la muerte de dos jóvenes musulmanes de origen africano que fallecieron electrocutados en un transformador al ser perseguidos por la policía en Clichy-sous-Bois, uno de los suburbios pobres del este de la ciudad.
Fue también en 2005 que, al igual que Holanda, Francia se pronunció por el “no” al proyecto de Constitución Europea, y con ello frenó la integración de la Unión y cuestionó su solidez.
Por último, de ganar Sarkozy la presidencia deberá encarar el problema laboral, lo que incluye qué medidas tomar para solucionar o al menos atemperar el desempleo (que, dicho sea de paso, no es ni será un padecimiento exclusivo de los franceses, sino del mundo entero). Francia, de acuerdo con Juan María Alponte, posee un índice de desocupación de 8.5% (aunque datos de 2005 lo sitúan en 11.5%: http://es.wikipedia.org/wiki/Economía_de_Francia), y año con año, lo mismo que otros países como México, enfrenta el reto de generar las fuentes de trabajo suficientes, o de ayudar a generarlas, para que los jóvenes puedan integrarse al mercado.
Y al referirnos a la juventud hablamos de ese mismo sector de la población que durante los primeros meses de 2006 salió a las calles para oponerse al llamado Contrato de Primer Empleo (CPE), que, bajo el argumento de que con ello se favorecería la rotación laboral, estipulaba que durante los dos primeros años a partir de la contratación cualquier patrón podría prescindir de los servicios de un trabajador sin justificación alguna.
Frente a este panorama, tal parece que la duda no estriba tanto en si Nicolas Sarkozy se convertirá en el nuevo presidente de Francia como en si será capaz de encarar satisfactoriamente todos los retos que le planteará la realidad del país. Migración, la relación con la Unión Europea y el tema del empleo son sólo tres de los más inmediatos.